Capitulo 9: La Odisea por La Fea, Parte 1
La Reina… de las Feas: La Odisea por la Fea " Cáp. 9 (Primera Parte)
Por: Lissette Lasanta (Soñadora)
Mayela Rodríguez
“Siempre fugitiva y siempre cerca de mí,
en negro manto mal cubierto
el desdeñoso gesto de tu rostro pálido.
No sé adónde vas, ni dónde tu virgen belleza
tálamo busca en la noche.
No sé qué sueños cierran tus párpados,
ni de quien haya entreabierto
tu lecho hospitalario.
Detén el paso
belleza esquiva, detén el paso.
Besar quisiera la amarga,
amarga flor de tus labios.”

Betty abrió sus ojos sorprendida en un gesto involuntario. Desvió por un instante su cabeza para encontrarse con la mirada extrañada e inquieta de Esteban Villanueva. Completamente aturdida, sintió por unos instantes aquellas palabras de Armando como si provinieran de un eco distante y lejano.
Experimentó un gran temor, mezclado con una sensación mortificante al no poder entender cómo había sido posible que su jefe pudiera estar allí y mucho menos reclamándole como si tuviera autoridad sobre su vida, con una voz sumergida en una ira que no podían comprender tanto él como ella. El coraje se apoderó de Betty al ver la posibilidad de que su noche pudiera ser arruinada de la manera más absurda en manos de un hombre que no poseía ni el más mínimo derecho de inmiscuirse en su vida…
B: (respondiendo con ironía) Pero mira quien nos acompaña, Esteban… nada mas y nada menos que el doctor Mendoza. Ya se conocían, ¿cierto?
Armando y Esteban se miraron a los ojos desafiantes por unos instantes. Cada uno destilaba su propio sentir hacia el otro, y muy evidentemente, sus miradas estaban cargadas de un coraje profundo y violento…
E: ¿Cómo olvidar la vez que fue de visita a la biblioteca a reunirse aquella tarde de manera tan “cordial” contigo, Betty?… Sin embargo, nunca había tenido el placer de conocerlo personalmente… (mirando a Armando muy serio)
A: Igual digo yo, “señor”… (contestó quitándose las gafas mortificado)
B: (dirigiéndose a Armando) Caray, doctor, no sabe cómo me ha tomado de sorpresa verlo por acá. No pensé que la navidad le inspirara tanto como para traerlo a estas fiestas de pueblo. Supongo que ha venido otras veces entonces, ¿cierto? Pues su cara de alegría y disfrute es realmente emocionante…
A: (tratando de disimular su coraje) No… Beatriz, es la primera vez…
B: ¿La primera vez? (preguntó en tono de burla volteando su mirada a Esteban buscando complicidad, quien observaba totalmente confundido) ¡Bienvenido, doctor! Bienvenido a las fiestas de la Gran Plaza. Como verá, no son como los cocteles a los que asiste, donde se va a degustar pasabocas exquisitos y los más finos licores y vinos. Donde la música clásica armoniza cada rincón del salón y se reúne a escuchar conversaciones de alta sociedad. Esta es una fiesta de pueblo, de gente humilde, con algarabía y rumba, pero se disfruta mucho más. Me supongo que habrá traído compañía, pues a estas fiestas no se viene solo, así que no la haga esperar más. Siga su camino y si me disculpa, le pido un permiso…
A: (desesperado) Beatriz, yo necesito hablar con usted...
B: (molesta) Doctor Mendoza, sino se ha dado cuenta, estamos en día festivo y realmente no creo que ahorita sea el momento ni el lugar propicio para hablar de trabajo y mucho menos de finanzas. A menos que su intención sea el de venir a prohibirme salir con mis amigos y divertirme por el simple hecho de que usted no disfrute. No creo haber leído alguna cláusula en mi contrato de trabajo que diga que no puedo tomar mis momentos de descanso y salir con quien yo desee… Eso sería mucha agalla, doctor. Sus funciones de jefe son en la oficina. No trate de extender su autoridad fuera de la empresa y venir hasta acá, como veo muy claramente sus intenciones y aguarle la fiesta a sus empleados. Como ya le dije, vine acompañada, le pido un permiso, doctor. Buenas noches… Vamos Esteban…
Con mucho carácter, Betty entrelazó su brazo con el de Esteban alejándose de Armando rápidamente, sin darle oportunidad a decir una sola palabra. Sin poder evitar seguirla, caminó imponente hacia otro puesto de juegos donde se detuvo por unos minutos a verlos jugar animadamente, mientras le entregaban un peluche a Betty, quien muy sonriente aceptó de Esteban…
A: ¡Ay no pero qué romántico! ¡Es que se me parte el corazón de tanta ternura! (murmuraba Armando entre dientes mientras observaba la escena muy cerca de ellos)
De repente, Betty y Esteban sintieron su presencia nuevamente frente a ellos, como si fuera una muralla de piedra que se levantaba impidiéndoles el paso…
B: (irritada) Pero bueno, doctor, ¿le sucede algo? ¿Es que está aburrido o no encuentra otra cosa mejor para hacer? “La reina” o “la dama de hierro” como dice usted, quiere pasar… pero si no se quita, le juro que lo hago encima suyo. ¿Cuál es su afán en seguirme? ¿No ve que ando en compañía y nos está incomodando con sus imprudencias? Me da la impresión de que no se ha dado cuenta el papel tan vergonzoso que está protagonizando acá… (contestó con su voz alterada por las actitudes de Armando, logrando empujarlo y hacerlo a un lado)
A: ¿Vergonzoso? Vergonzoso es que no entienda de una vez y por todas que necesito hablar a solas con usted.
¿Es tan difícil acaso, Beatriz? (replicó molesto)
B: (mirándolo firme) Parece que difícil es para usted entender que no quiero ni puedo hablar ahora. Si quiere hablar conmigo, hágalo mañana… estoy ocupada… qué pereza con usted…
E: (interrumpiendo molesto) Ya escuchó a Betty, Sr. Mendoza. Déjela tranquila, mañana ella le atenderá con mucho gusto su asunto tan importante…
Armando sintió aquellas palabras de él como metal fundiéndose en su cabeza. Abrió sus ojos totalmente sorprendido, mientras sentía su corazón agitarse de manera descontrolada por tanta displicencia de parte de Betty y tanta confianza de parte de Esteban…
A: (gritando) ¡Usted se calla! ¿Quién se ha creído que es acaso? ¿El guardaespaldas de la “reina”? No pues, no me diga que tendré que partirme la cara con usted, pues eso sería deprimente. Yo no le tengo miedo, señor como se llame, ¿me escuchó? Así que usted no es nadie para estar dando opiniones acá… (contestó agarrando a Betty del brazo posesivamente atrayéndola hacia él) Beatriz, venga para acá…
Betty se arreglaba su lentes, observándolo incrédula por la actitud tan descabellada y fuera de control con la que Armando la estaba tratando. Lo miró a los ojos intentando encontrar a través de aquella mirada, las razones por las cuales él había llegado hasta allí a importunarla y comportarse de manera tan grosera. Sus emociones estaban siendo puestas a prueba, pues a pesar de la locura que había posesionado a su jefe, sentía en sus adentros que algo muy extraño pasaba con él y lo atormentaba sin saber por qué. Aún así, no estaría dispuesta a permitirle sus reclamos y mucho menos, sentir que su pasado podía repetirse en su vida nuevamente sin darse cuenta…
A: (irritado) ¡Usted se va conmigo!
B: (soltándose de su brazo, poniéndose en frente suyo desafiante) ¿Y lo dice quien? ¿Usted? Doctor, he tratado de comportarme con usted de manera diplomática, a la altura de una persona decente y con escrúpulos, pero parece que con ese tipo de comportamiento usted no comprende... (gritando exaltada) ¡¡ME SOBRA RECORDARLE QUE USTED NO ES NADIE, ESCUCHEME BIEN…NADIE…COMO PARA VENIR HASTA ACA A DARME ORDENES, A DECIRME CON QUIEN DEBO O NO COMPARTIR MI ESPACIO, MIS MOMENTOS DE TRANQUILIDAD Y SOSIEGO Y MUCHO MENOS, A OBLIGARME A DISCUTIR ASUNTOS EN EL MOMENTO MAS INOPORTUNO!! ¿¿ENTENDIO MI MENSAJE AHORA, DOCTOR, A SU ESTILO DE LA EDAD DE PIEDRA?? ¿¿A SU MANERA CAVERNICOLA Y COMO TODO UN DESARMADO??
A: (totalmente desconcertado) Caray, Beatriz… no conocía esa faceta suya. Pero no crea que va a lograr intimidarme con eso…
Esteban estaba sumamente molesto. Sus ojos irradiaban el coraje contenido que sentía en su interior. Por más que lo intentaba, no lograba comprender la actitud tan irrespetuosa de Armando hacia ella. Por un instante, vino a su mente el recuerdo de aquella tarde en la que Betty se hallaba en la biblioteca y él le había levantado la voz, irrumpiendo con sus gritos, el silencio de aquella sala.
Recordó que él se hallaba anaquelando unos libros, pero completamente atento a lo que sucedía con ella. Pensó en la rabia tan ardiente que se apoderó de él al notar cómo Armando le hablaba y deseó sobrepasar su timidez y propinarle con todas su ganas para que supiera que ella tenía quien la defendiera, quien la cuidara, quien la amara. Su corazón albergaba un amor tan intenso y tan sincero por Betty, que no estaba dispuesto a permitir que alguien la maltratara y estropeara su paz y su tranquilidad…por lo menos, no ésta vez, frente a sus propios ojos…
E: (con su mirada disgustada) Señor Mendoza, le pido de favor que deje a Betty tranquila. No le voy a permitir que la irrespete como lo está haciendo…
A: Ah, caramba…el héroe, pues… (en tono de burla) …El roquero de cabello largo se ha atrevido a desafiarme… ¿me está amenazando usted, bibliotecario?
E: Tómelo como quiera, señor…
A: Mire, rebelde, o lo que sea… (observándolo con arrogancia de pies a cabeza) …pues parece que no se ha mirado nunca en un espejo…(burlándose) Si vuelve usted a meterse donde no lo llaman, le juro que se le quitarán las ganas de hacerlo por el resto de su vida, ¿me oyó? Así que ahora esfúmese y haga ¡puff! (haciendo gesto de que se desapareciera con sus manos)
E: ¿Sabe qué, doctor Mendoza? Usted acabó con mi paciencia…
De manera espontánea, Esteban lanzó su puño al aire hasta impactar fuertemente el rostro de Armando, quebrando su nariz y haciendo que éste quedara completamente aturdido. Betty lo miró incrédula, pues jamás había visto a Esteban perder el control de esa manera. El siempre se había mostrado ante todos como un joven tímido, amable y dulce en su trato, por eso muchos se burlaban de él considerándolo una persona débil y de poco carácter. Pero esa noche, mostró tener el valor de enfrentarse a un hombre fuerte y defender a Betty con fiereza…
Betty lo detuvo entre sus brazos, mientras éste respiraba agitado. Armando lo miró con su nariz y su rostro ensangrentado, agarrándose la cabeza del impacto tan fuerte que había recibido…
E: ¡A Betty la deja en paz! ¿Me escuchó? Con ella no vuelve a mostrarse como un cretino arrogante. ¿Qué se ha creído? ¿Que porque tiene mucha plata y tiene pinta de galán con su cabeza llena de sueños de niño rico, puede venir a tratar a los demás como si fueran pertenencias de su “distinguidísima” empresa? ¿O acaso se cree el rey del universo pues? ¡Váyase a donde pertenece, a su mundo, a su gente y allá trate al que sea como le de la regalada gana… pero a Betty la trata con decencia, desgraciado!
Armando se quedó inmóvil. Pareciera como si un aguacero de navajas hubiera penetrado su cuerpo adolorido por su propia locura. Miró a Betty con su boca abierta sin saber qué más decir, limpiándose la nariz de la sangre que a chorros bajaba por ella. Cerró sus ojos derrotado, como si aquellas palabras de Esteban hubieran calado tan hondo que no pudiera hallar la manera de detener aquella sensación de naufragio. Bajó su cabeza y pudo recobrar la cordura nuevamente. Sabía que de cierta manera, todo lo que Esteban había dicho, era cierto. Con aquel arranque sin control, nuevamente había arruinado todo lo que había ganado en el terreno difícil de Betty. Vio su estrella cada vez más inalcanzable y lo único que deseó en aquel instante era gritar y llorar de pura rabia consigo mismo…
Sin decir una sola palabra, se volteó y siguió su camino con una ira que lo mataba y lo consumía. Se preguntó una y mil veces mientras regresaba a su carro lo que le había sucedido…
A: “¡Maldita sea, maldita sea! ¿¿Qué hice, qué hice?? ¿¿Qué me pasó?? (se preguntaba desesperado, mientras agarraba su cabeza tratando de hallar una explicación)
Mientras Armando se alejaba, Betty respiraba un tanto agitada y nerviosa por lo que había sucedido. Esteban la miró muy apenado y triste, pues jamás en su vida se había agitado demasiado como lo hizo esa noche. Tomó entre sus manos el rostro tembloroso de ella y levantó su mirada llena de preocupación…
E: Betty, por Dios, qué pena contigo… no sé que me sucedió, te lo juro por lo más sagrado, que no sé que me pasó. Me disgusté demasiado que la irrespetaran de esa manera tan indolente y reaccioné como un loco, lo siento muchísimo. No sé cómo fui capaz de golpear a ese señor… (contestó casi sin aliento, completamente confundido)
B: No te preocupes, Esteban, no pasó nada. Don Armando es una persona muy violenta en sus acciones, reacciona sin pensar y es un manipulador. Hace días que me está provocando. Pero no sé qué le sucedió o qué pudo haberle ocasionado tanto disgusto esta vez. Podía jurar que algo lo estaba mortificando, lo estaba atormentando y no sé que pudo ser. (acariciando su rostro dulcemente) Pero gracias, Esteban, por ayudarme, por defenderme, pues te juro que me estaba quedando sin fuerzas para hacerlo yo misma…
E: (preocupado) Betty… ese hombre reaccionó por un impulso muy superior a sus fuerzas, por algo que tal vez desconoce pero está latente dentro de él… Esa reacción fue de reclamo y de reclamo fuerte…
B: Por Dios, Esteban, ¿y por qué podría reclamarme él cuando no tiene motivos para hacerlo?
E: (pensativo) Quizás los tenga y él mismo no quiera aceptarlo, Betty. Quizás esa reacción suya sea un medio de hacerte saber por qué lo hizo…
B: No entiendo lo que me dices, Esteban… (contestó aturdida)
E: No me hagas caso, Betty…no me hagas caso… (respondió muy serio, observando a lo lejos a Armando quien caminaba hacia su carro y en ese instante le devolvía con igual furia aquella mirada) Betty, ¿quieres que te lleve a tu casa?
B: Sí, Esteban, te lo agradecería profundamente. De verdad, este incidente me dejó un poco indispuesta, lo siento mucho…
E: Vamos entonces…
Y caminaron juntos hacia el otro lado de la calle a pedir un taxi que los llevara de vuelta a casa de Betty…
Esteban empezaba a comprender perfectamente la razón del comportamiento de Armando hacia Betty aquella noche. Pudo ver claramente en su mirada una estela de sentimiento y ardor cuando le reclamaba, cuando vociferaba lleno de ira hacia ella. Comprendió que de cierta manera, él había llegado hasta allí por una razón muy evidente… por ella. No para hablar de negocios, ni de finanzas como Betty pensaba. Era para llevar a cabo su propósito de arruinar y amargarle la noche junto a él con sus ironías. Demostrarle que ella de cierta manera era demasiado importante en su vida, pero sin exponer completamente sus verdaderos sentimientos. Unos sentimientos que para Esteban comenzaban a tomar forma ante sus ojos y se convertirían en el más fuerte rival que tuviera que enfrentar en su vida y todo… por el amor de una mujer… por el amor de Beatriz Pinzón Solano… su “bella genio”…

Mientras tanto, Armando los miraba desde lejos subirse a un taxi con una sensación de quemazón en su pecho, como si veneno ardiente corriera mezclado con su sangre por sus venas. Con su nariz adolorida la cual comenzaba a hincharse, caminó hacia su carro con su mirada decaída y sin aliento…
Mujer: Armando, por Dios, ¿qué te pasó, mi vida? ¿Por qué te fuiste así tan de repente y furioso? (agarrando su cara) ¡Pero si tienes la nariz sangrando!
A: Cállate, ¿sí? No quiero hablar ahorita…
Mujer: Armando, ¿quieres que vayamos a mi apartamento para curarte esas heridas, cariño? (preguntó con absoluta coquetería)
A: (mirando hacia la plaza y recordando lo que había sucedido) Qué más da… vamos pues… (respondió amargado)
Aquella mujer comenzó su juego de seducción con Armando sin importar lo que le había sucedido, acariciándole cada extensión de su cuerpo mientras lo provocaba apasionadamente. Armando respondió de manera ardorosa, aún lleno de rabia y furia, besándola enloquecido…
Policia: (tocando el vidrio de la puerta del carro) Bueno pero, ¿que pasa aquí? ¿Algún día se le va a ocurrir a usted poner el carro en marcha pues? Este no es el momento ni el lugar para ponerse con exhibicionismo, caray. Váyanse a unas residencias, a un hotel o a donde sea, pero la calle no es para ponerse con cochinadas…
A: (asustado) Eh…sí, señor policía… lo que sucede es que mi prima estaba allá, en las fiestas de la plaza y había un hombre que le estaba haciendo daño y yo salí a defenderla, pues…
Mujer: (suspirando emocionada) Ay, mi héroe…
Policía: (mirando a la pelirroja) ¿Su prima? Por Dios, por eso es que este mundo está como está…
A: (sonriendo confundido) NO, señor oficial, no me ha entendido, no hablo de ella, hablo de otra persona…
Policía: Sí, claro…seguramente “otra” prima… (respondió con tono de incredulidad) A ver, pues… váyase y mueva el carro de una vez si no quiere que lo lleve a la jefatura y entonces se quede sin su “prima” por buen rato…
A: Sí, señor…discúlpeme…
Lejos del martirio que él mismo se había sometido ante las escenas de Betty y Esteban que le robaban la calma, consumido en rabia y en unos celos desconocidos para él, Armando se dispuso a borrar aquel momento agrio en su vida. Una vez llegó al apartamento de ella, tal y como lo tenía planeado, comenzó a besarla con furia, deshaciendo impaciente de sus ropas a aquella mujer desconocida que lo había acompañado en esa noche infernal.
La hizo víctima de su enojo, y entre sus brazos la sostuvo imponente, descargando en ella aquella tempestad que Betty le había provocado con su rechazo. Cerró sus ojos fuertemente y trató de no mirar el rostro de ella. La guió a su lecho y con aquel instinto voraz que se había apoderado de él, la hizo suya, arrancando suspiros mientras ardía como en llamas. Luego de aquella locura de él, de aquel volcán que había estallado sin remedio, ella dormía placidamente a su lado, satisfecha por el momento apasionado. Armando acostado boca arriba, con su cuerpo desnudo y acariciado por la luz blanca de la hermosa luna llena, sólo observaba el techo con la mirada suspendida y perdida, llena de decepción y culpabilidad…
Se levantó con mucha cautela y se paró frente al inmenso ventanal de cristal de aquella habitación, el cual estaba cubierto por delicadas cortinas que volaban con la brisa. Contempló aquel cielo de luna llena como hacía mucho tiempo no lo observaba. Vino a su mente los recuerdos… su vida tan vacía, las palabras de aquel hombre que acompañaba a Betty esa noche y que sin conocerlo bien le había gritado mil verdades en su cara sobre su vida miserable y sin sentido…
Recordó a sus padres…todo lo que había poseído desde siempre y jamás nada lo había llenado… Recordó aquel plan injusto, egoísta, con el cual pretendía hacer de Betty su víctima, su medio para obtener una riqueza… Pero sobretodo, al cerrar sus ojos por un instante, recordó aquellos labios que besó una noche lluviosa… aquellos labios de Betty que le supieron a azúcar, a miel, a dulzura… Aquel cuerpo delicado que abrazó una vez, aquel rostro lleno de blancura y ternura, aquellos ojos que sin querer lo habían convertido en esclavo y no se daba cuenta… Pensó por primera vez en la posibilidad de un futuro con esa mujer que le invadía el pensamiento, de un futuro sincero y sin planes siniestros. Pensó en Betty… como nunca había pensado en ella… Pero nuevamente volvió en sí y su ambición y su ego sobrepasaron aquella sensibilidad que por un momento lo había invadido…
Secó sus lágrimas, cubrió su cuerpo nuevamente con sus ropas y silenciosamente, abandonó aquella habitación, dejando en la mesita de noche una nota para esa mujer desconocida que había recogido la furia desatada por él aquella noche…
“Muchas Gracias…”
Esa fue su despedida…

Difícilmente, no dejaba de pensar y recordar por más que quisiera. Su nariz hinchada y cubierta por un vendaje ligero, lo hacía remontarse al infierno de la noche anterior. Sus ojos seguían tristes y perdidos, hasta que las puertas del ascensor se abrieron y sobresaltado levantó su mirada…
Sandra y Mariana: (asombradas) Buenos días… doctor…
A: Buenos días… (contestó rápidamente sin detenerse en su camino)
Aura María: Bu… buenos días, doctor… (saludó Aura
María sorprendida por la cara que Armando llevaba y sobretodo, su rostro hinchado y el vendaje que cubría su nariz)
A: (con su mirada esquiva) Buenos días… ¿alguna llamada, Aura María?
AM: Sí, doctor, lo llamaron de Industrias del Centro para confirmar el pedido de insumos y de Macro Textil, que fueron las llamadas más importantes…
A: Bien… muy bien… pase más tarde por mi oficina para que me informe detalladamente de los demás mensajes, por favor…
AM: Sí, doctor…
Armando siguió su camino hacia presidencia, encontrándose en medio del pasillo a una presencia mortificante para él en aquel instante… a Hugo Lombardi…
H: (sorprendido por su rostro golpeado, con tono de burla) Pero, ¿y qué tenemos acá? (tocando graciosamente la cara de Armando, mientras éste le sacudió la mano violentamente) Ay pero si tenemos nada más y nada menos que al Rocky colombiano en persona…. ¿cómo te fue en la pelea callejera de anoche, “campeón”? ¿De quien te dejaste acariciar tan fuerte la cara? Ah, ya sé… ¿fue con alguna de mis “Drag Queens”? Ja, ja, ja… (decía riendo a carcajadas)
A: (aguantando su ira) Hugo… si no quieres que pruebe mis dotes de boxeador colombiano contigo, te recomiendo tranquilamente que te largues de mi vista inmediatamente…
H: (acercándose a su rostro coqueto, mofándose de Armando) ¿Sabes que siempre he tenido la fantasía por descubrir los dotes de un boxeador colombiano? Deben ser fascinantes al son del vallenato… (contestó con susurros Hugo, burlándose y haciendo con su mano el usual zumbido de abeja y alejándose de allí con suma ligereza)
Armando lo miró caminando de prisa, con profunda rabia, pero trató de calmarse y seguir hacia su oficina… Al abrir las puertas de presidencia, arqueó su mirada llena de fastidio al encontrar sentado en su escritorio a quien menos deseaba ver esa mañana…
Mario: (abriendo sus ojos, tapando su boca sorprendido) Pero, ¿y qué me le hicieron a mi estimado presidente? Hombre, su cara y su nariz, si es que le dejaron alguna debajo de ese vendaje, parecen pura carne molida…
A: (irritado) Váyase al infierno, Calderón…
M: Hombre pero, ¿y esa forma de saludar? Es que no es usual verlo llegar con la cara hecha pedazos luego de haber pasado supuestamente una ardorosa noche de pasión con una candente pelirroja…
A: (repitiendo mortificado) Noche de pasión, ni que noche de pasión… Una noche infernal fue lo que pasé. Mire Calderón, si no quiere que lo trate así, déjeme en paz ¿quiere? No estoy para aguantar chistes ni ironías de nadie y mucho menos de su parte…
M: Bueno, muy bien, muy bien, no haré más chistes ni comentarios… pero hombre, ¿qué pasó? ¿Le resultó una bestia enjaulada la mujer que se llevó anoche? Mire cómo lo dejó…
A: No pasó nada, déjeme tranquilo…
M: Armando, vamos dígame qué le pasó. Me tiene preocupado, pero mire cómo lo dejaron…
A: (contestando molesto) Ay nada, que tuve una pelea con un tipo, eso fue todo…
M: ¿Con un tipo? No me diga que la pelirroja tenía marido…
A: No… no tiene marido…
M: ¿Entonces? ¿Con quién se peleó, hombre?
A: Con el bibliotecario de la universidad…
M: ¿El bibliotecario de la universidad? Interesante lugar escogió usted para llevarse a la pelirroja a hacer sus faenas…
A: No sea idiota, Mario… No estuve en la universidad noche, cómo se le ocurre…
M: Ay no, pero ahora sí que no entiendo nada… qué, ¿qué le debe usted algún libro y no ha querido devolvérselo y se lo reclamó en plena calle entonces?
A: Mario no sea estúpido… hablo del bibliotecario ese, el amigo de Beatriz…
M: Ah sí, sí, ese tipo… pero bueno y ¿por qué se peleó con él?
A: (dándole la espalda a Mario, con su mirada triste) Porque estaba con… (haciendo silencio) …estaba con Beatriz…
M: ¿Y eso? ¿Qué tiene que ver eso con su cara hecha pedazos?
A: Pues que yo sólo trataba de hablar con Beatriz y ella no quería, se comportó evasiva conmigo y el tipo ese se me encaró, salió ahí, defendiéndola y me propinó en la cara…
M: ¿¿Qué?? ¿Y usted no hizo nada?
A: (triste) No Calderón, no pude…
M: (alarmado) No, pero hay algo que no estoy entendiendo aquí, Armando. Algo pasó o algo le hizo usted a Beatriz para que ella lo ignorara a usted y ese tipo se pusiera de esa manera. ¿No me había comentado una vez que ese tipo era un tonto, incapaz de cualquier cosa?
A: Sí, eso pensé, pero quedó demostrado que no es así…
M: ¿Entonces? Explíqueme que no entiendo nada, hombre…
A: A ver, ayer cuando salí del club con la pelirroja aquella, nos dirigíamos a su apartamento cuando me detuve en una luz roja y una algarabía de gente caminaba por las calles frente a la Gran Plaza…
M: Pues claro, hombre, ayer eran las fiestas…
A: Pues yo no sabía nada de eso y tuve que esperar a que la gente pasara, mientras la mujer me besaba y ya sabes, estaba muy febril conmigo. De pronto miré hacia el tumulto de gente en las fiestas y vi a Betty allí, bailando con el tipo ese. Luego no sé qué me pasó, fue como si hubiera perdido el conocimiento, como si me hubiera convertido en otra persona. Me salí del auto en plena calle dejando una fila de carros detrás tocando bocina y gritándome groserías, pero no me detuve. Me dirigí entre medio de la gente dispuesto a hablar con Betty, hasta que me encontré frente a frente con ella… No sé, no me acuerdo ni qué le dije… sólo la recuerdo a ella rechazándome, evadiendo conversar conmigo y creo que la traté muy mal y claro, el tipo ese la defendió sin que yo me lo esperara y me propinó en plena cara…
M: Bien, hasta ahí entiendo, lo que no comprendo aún es por qué usted no hizo nada…
A: (agarrando su cabeza decepcionado) Porque no pude, Calderón… Entré en razón, no sé, volví en mí y me di cuenta de lo que había hecho…
M: (mirándolo con sospecha) ¿Y de qué iba usted a hablar con Beatriz con tanta insistencia y urgencia que no podía esperar hasta hoy, si se puede saber, Armando?
A: (de espaldas, quitándose sus gafas, con su voz temblorosa) No… no me acuerdo ahora, Calderón… no recuerdo, estoy muy abrumado por todo lo que pasó… Ya no me pregunte más…
M: (con gesto de que no le creyó nada) Sí claro… no se acuerda…
Mario se quedó mirando por unos instantes a Armando. Toda aquella historia le resultaba tan confusa y a su vez, sospechosa. Sabía que a Armando le estaba sucediendo algo mucho más allá que una simple insistencia de mantener todo en orden en la empresa. Sabía que aquel arranque suyo la noche anterior y luego su sumisión ante el golpe propinado por un hombre que defendía a Betty con vehemencia, era el indicio de que algo estaba trastocando a su amigo en su interior, en sus emociones, en sus pensamientos, en sus sentimientos… Armando estaba siendo el blanco fácil de Betty, la presa que estaba dejándose ella misma en ser atrapada, una hoja que inevitablemente estaba dejándose arrastrar por el viento sin saber hacia donde iba a ser dirigido. Simplemente para Mario, Armando estaba cayendo irremediablemente en su propia trampa y cada vez más en las manos de su propia víctima…
Mirándolo tan derrotado, trató de echar broma a Armando para que recuperara el humor esa mañana…
M: (dando pequeñas palmadas sobre su hombro) Hombre, la reina de las feas me lo tiene un completo idiota…
A: Déjese de decir babosadas, Calderón, que lo único que esa mujer está haciendo es enloqueciéndome, hermano. Yo estaba con la pelirroja y ella estaba con el idiota ese, feliz de la vida, bailando y divirtiéndose de lo lindo. No, pero es que usted tenía que verlos y para colmo, el tipo se viste casi igual como ella. Mejor no podría ser la situación…
M: Ay Armando, no mortifique. ¿Es que ella no tiene el derecho que tiene usted de divertirse, acaso? Ya verá, una vez que se canse de aquel filipichín no dejara que semejante tipo tan guapo, atento, romántico como usted se le escape, de eso estoy seguro… (contestó dando ánimos a Armando)
A: (sin hacer caso a lo que Mario le decía, recordando la noche anterior) Pero hombre, tenía que verlos… Estaban en la plaza bailando junticos, jugando al tiro al blanco y cuando ganó, le dio un osito de peluche como premio… pero es que me partió el corazón... ¿Será que esta jugando con los dos? (preguntó en voz baja)
M: Pero hombre, ¿de dónde saca usted semejante conclusión? Ella no es ni su amante, ni su novia, ni su tiniebla y mucho menos su esposa. Si usted se iba a acostar con la pelirroja para qué se puso en esas de poner atención a lo que Betty hacía o dejaba de hacer con el tipo ese. ¿No sabía acaso que eso quita energías y espanta el deseo?
A: (mirándolo desesperado) ¿Pero que quería? ¿Iba a dejar que Betty estuviera con él? No señor… Ella va a ser mi esposa y no podía permitir que estuviera exhibiéndose tan dulcemente con otro…
M: Pero es que usted estaba haciendo lo mismo, no sea egoísta y descarado…
A: Lo mío es muy distinto, Calderón. Era sólo una noche con esa mujer y listo…
M: Pues entonces déjeme decirle que su competencia es más inteligente que usted, pues es evidente que el deseo de ese tipo hacia Betty no es de una sola noche... Usted es el único imbécil que sabe que Betty será su esposa, pues ni la novia tan siquiera tiene conocimiento que su futuro marido será usted… (contestó Mario, mientras Armando caminaba de un lado hacia otro pensando en las palabras de su amigo)
M: A ver, no me ha contado lo más importante, ¿resultó su noche con la pelirroja a pesar de todo?
A: Sí, estuve con ella…
M: ¿Y cómo estuvo?
A: (con cara de aburrido) Estuvo bien….
M: ¿Eso fue todo? ¿Que estuvo bien? (preguntó sorprendido)
A: Después del mal rato que pasé, estuvo mejor de lo que pensaba…
M: Oiga hermano, ¿y usted piensa que Betty se habrá acostado con el tipo ese? Después de todo, estaban muy “juntitos los dos” como dice la canción… (cuestionó Mario para incomodar a Armando en sus pensamientos)
A: (mortificado) Calderón, no me fastidie con eso, ¿quiere? Beatriz no parece ese tipo de mujer. Ella es muy diferente… ella es todo una enigma…
M: Bueno, quizás al ser ella totalmente un misterio de mujer, mantenga en secreto sus “faenas”… (contestó Mario poniendo a prueba las reacciones de su amigo)
A: ¡Me tiene harto con sus insinuaciones, Calderón! (replicó desesperado)
M: Está bien, está bien, no se moleste, mi estimado galán. Sólo que debe saber que su competencia ha resultado ser más galán que usted, yendo lento y reconociendo el lado femenino, adivinando lo que le gusta a las mujeres normales como bailar, salir de la casa, ir a un feria, comer algo, jugar y hablar. Porque hermano, a las mujeres les encanta hablar y que nosotros los hombres las escuchemos…
A: Ay no, pero que lindura de panorama me pinta usted… Si sabe tanto del género femenino, entonces dígame qué debo hacer... No la quiero perder por un estúpido bibliotecario con pinta de roquero rebelde y para colmo más feo que la noche. Ella tiene que ser mi esposa cueste lo que cueste…
M: (mirando hacia arriba como si estuviera orando con sus manos juntas) “Dios, no permitas jamás que yo pierda la razón y me vuelva un lunático como mi amigo Armando. Perdónalo porque no sabe lo que hace…”
A: (mirando a Mario haciendo la oración) Calderón, cada día usted se vuelve más estúpido…
M: Muy bien, Armando, para que vea cómo siempre me solidarizo con usted, le diré lo que hará. Pero no piense convertirme en su consejero porque no me voy a prestar para cochinadas… Además, los consejos que le daré son para cómo conquistar una mujer, no le garantizo que con Betty resulte… (decía con tono de burla)
A: Qué estúpido usted. Siempre diciendo cosas sin sentido…
M: Bueno Armando, éste será su primer paso de conquista oficial. Usted invitará a la reina de las feas al concierto de Cristian Castro…
A: (abriendo sus ojos espantado) ¿¿Qué?? ¿Se ha vuelto loco usted?
M: No, no me he vuelto loco… Acuérdese que ella lo adora o no se acuerda de la carita de cordero degollado que puso la noche de víspera de navidad cuando casi inunda la casa de lágrimas al ver los CD’s de colección de Cristian Castro que un tal Nicolás que le había enviado…
Armando asentó con la cabeza recordando, mientras escuchaba a Mario hablar de sus teorías…
M: Así que debe llevarla con más razón al concierto de Cristian, ella se lo agradecerá con besos aterradores o con una noche apasionada… (decía Mario riéndose de manera burlona)
A: No le veo el chiste a eso Calderón… No quisiera quedarme sin cara nuevamente, ya que con el ánimo que anda esa mujer es capaz de propinarme ella misma entonces… ni lo mencione, no me gusta su idea….
M: (riéndose) Ya me imagino los titulares: “Presidente de empresa de modas pierde su belleza a manos de la más fea...” Óigame hermano yo no entiendo algo en todo este enredo y locura suya de hacerla su esposa...
A: ¿Ahora qué es lo que no entiende, Mario? (preguntó Armando con cara de tedio)
M: Si tanto le teme por lo que ella es capaz de hacerle, porqué la quiere hacer su esposa, ¿es masoquista usted, acaso?
A: Mario se podría callar y ser útil una vez en su vida…
M: Dígame mi comandante en jefe, para que soy bueno… (haciendo saludo militar con su mano)
A: Averígüeme donde venden los boletos para el concierto de Cristian Castro...
M: Me esta jodiendo, el concierto es mañana, por Dios, ya no deben haber boletos…
A: ¿No me estaba dando ideas usted sobre cómo entrarle a Betty de una vez y por todas? Haga lo que se le pidió y no haga comentarios negativos…
M: Caray, pensé que no era en serio y que no le había gustado mi idea…
A: Pues sí, me gusto y ya, vaya y no mortifique más mi paciencia…
M: Enseguida mi general… (contestó Mario saliendo de la oficina hacia donde Aura Maria)
Los minutos pasaron y Armando continuaba sumamente inquieto en su oficina. La idea de salir con Betty tenía sus nervios destrozados. No sabía si ciertamente tendría suerte de hallar esos boletos a última hora, pero reconoció que era una oportunidad para acercarse más a ella. Debía hacer algo pronto, algo que lograra contentar a Betty luego de la noche tan frustrante que había pasado con ella y había arruinado todo… Sabía que debía hacer algo antes de que Esteban definitivamente, se le adelantara en sus planes…
CONTINUARA…………………………….

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