martes, 29 de mayo de 2007

Capitulo 7: Alcanzar una Estrella

"La Reina de las Feas: Alcanzar Una Estrella…" Cap. 7
Por: Lissette Lasanta (Soñadora)
Mayela Rodríguez

Canción Midi: "Amores Extraños" de Laura Pausini

La mañana despertaba desolada y silenciosa en sus alrededores con rayos de sol tenues, luego de la tormenta que se había desatado hasta altas horas de la madrugada…

Betty se hallaba sentada en el comedor con un diario matutino en sus manos tratando de leer la noticia económica del día, acompañada de sus padres, quienes desayunaban a su lado, mientras Don Hermes hacía eco con su cantaleta de costumbre. Visibles ojeras del mal sueño se dibujaban en el rostro cansado y somnoliento de ella. La noche anterior había sido un martirio interminable, al haber tenido tan cerca al hombre que había devuelto la vida a sus labios dormidos, que había robado su aliento en un impetuoso beso esa noche y que comenzó a despertar en sus adentros extrañas inquietudes y sensaciones nuevamente. Se sentía confundida. Sabía que aún su corazón seguía atado a ese pasado que no había podido superar aún y que la visitaba cada noche y la despertaba cada mañana con una inquietante y horrible pesadilla. Pero trató por todos los medios de que esa sensación que la había sorprendido en su alma la noche anterior, pasara a ser algo sin importancia o un impulso pasajero. Tal vez, algo más grande se anidaba en sus adentros y se aferraba a no reconocerlo...

El último beso recibido en sus labios hacía unos años atrás, había sido una despedida inevitable para ella, desde aquel fracaso que tenía su vida marcada con fuego y había dejado grandes heridas como metal fundido en su corazón…

Sus pensamientos se interrumpieron al escuchar unos pasos lentos que se acercaban hacia el comedor. Era Armando, quien se hallaba vestido con una sobre pijama blanca cubriendo su ropa de dormir azul marino. Su cabello se deslizaba un poco alborotado, mientras su rostro estaba pálido y con evidente cansancio, sin poder ocultar la marca rojiza de la cachetada que Betty le había propinado la noche anterior al haberla besado a la fuerza. Llevaba sus manos ocultas en sus bolsillos, mientras en una de ellas, encerraba fielmente aquel anillo que había sido la causa de su desvelo toda la noche, sin poder lograr pensar en otra cosa más que en ella, la razón de sus días turbios...

El recuerdo de haber hallado tantas verdades y un pasado aún lleno de sombras para él, lo mantenía con una mezcla de rabia, tristeza y dolor a su vez. Pero trató de controlar aquel volcán de emociones y dar paso a su ego, para no delatar ante Betty su terrible malestar…

Betty sin comprender por qué, se estremecía en silencio con su sola presencia…

B: (mirando el periódico) Buenos días, doctor Armando…

A: Buenos días doctora Beatriz... buenos días Doña Julia, Don Hermes… (contestó como si nada pasara, disimulando su verdadero sentir mirando a los papás de Betty, quienes se hallaban sentados en el centro de aquella tormenta.)

DH: Buenos días, Doctor Mendoza, (observando su mejilla marcada) Caray, doctor, ¿pero qué le pasó? Tiene la mejilla enrojecida como si lo hubieran golpeado…
A: (tapándose con la mano) No...No es nada, Don Hermes…no se preocupe. Fue que sentí que algo me había picado la cara anoche y me azoté con la mano. Parece que me rasqué muy brusco. Creo que eso me inflamó y enrojeció el área… (mirando a Betty)

Betty lo miró de reojo seriamente, sabiendo que ella había sido la causante de aquella marca evidente…

DJ: (preocupada) Doctor, ¿quiere que le traiga hielo para que baje la hinchazón?

A: No se preocupe, Doña Julia, todo está bien, esto se va solo… (tocándose la cara)

DJ: Bueno, pero al menos, ¿desea algo de desayunar, doctor? Estaba esperando que se levantara para que me dijera qué le apetece esta mañana…

A: Bueno… pues en verdad no sé, algo hogareño, si no es mucha molestia. Es que usted es tan buena con esas manos que hace delicias...

DJ: (sonrojada) Ay Doctor Mendoza, qué cosas dice...

DH: En eso tiene mucha razón, doctor. Julia tiene muy buena mano para la cocina. (dirigiéndose a Julia) Julia, tráigale al doctor Mendoza de los buñuelos que preparó…

Doña Julia se levantó sonriente a prepararle el desayuno a Armando sin darse cuenta de la tensión y el ambiente tan cargado que allí se sentía entre Betty y Armando. Betty permanecía callada, mientras tomaba sorbos de su café y seguía concentrada en las planas de los diarios…

DH: (levantándose de la mesa) Bueno, les pido un permiso. Que le aproveche el desayuno, doctor. Voy a prepararme para salir al mercado a comprar todo lo necesario para la cena de esta noche. Coma sin miedo, doctor, está usted en su casa… (dirigiéndose a Betty) Mija, cuando esté lista me avisa para que me acompañe…

B: Sí, papá, yo le aviso…

A: Muchas gracias, Don Hermes…

Armando sonrió tímidamente a Don Hermes para luego fijar sus ojos en Betty, quien se hallaba tras el periódico como si quisiera refugiarse detrás de una muralla protegiéndose de algún ataque. En su mente, él trataba de inventar mil excusas para lograr entablar una conversación con ella, tal y como lo había hecho otras veces cuando se le acercaba en la biblioteca y la veía ensimismada en sus libros como si nada más existiera a su alrededor. El silencio que los condenaba lo enloquecía a él cada vez más con interrogantes sobre ella, las que se agolpaban como una carga sobre su cabeza. El la miraba intenso, apenas parpadeaba. Trataba de controlar su ira al sentir el anillo que había encontrado en aquellas cajas la noche anterior, el cual aferraba en su puño cerrado...

Desvió su mirada un instante, cerrando sus ojos en un suspiro de enfado al venir a su mente cada línea de aquella carta y todos los recuerdos que ella guardaba en la caja que estaba en el sótano y que eran parte de la vida en tinieblas de la mujer que planeaba hacerla su esposa… la que se había convertido en una total obsesión para él y no se daba cuenta que lo estaba arropando completamente…

Betty lo miraba de reojo, hasta que de pronto colocó el periódico sobre la mesa y dejó escapar firme, pero tímidamente unas palabras…

B: ¿Ya se siente mejor doctor?

A: (poniéndose sus gafas) Regular, Beatriz, regular… ¿y usted?

B: (sonriendo forzosamente) Yo estoy estupendamente, doctor ¿por qué no habría de estar bien? Es víspera de Navidad...

A: Pues no sé... a veces hay cosas que se guardan en el alma y se tratan de ignorar, cuando realmente son una carga o una tristeza que no se quiere dejar saber a los demás, sin importar si es Navidad o no, Beatriz…

B: No entiendo, ¿de qué me está hablando, doctor?

A: Le hablo de cosas que tal vez no ha querido contarme… (respondió seriamente)

B: Sigo sin comprender a qué se refiere, doctor…

A: (nervioso) Pues me refiero a que usted… bueno, que usted…

DJ: (interrumpiendo) Aquí tiene doctor. Hoy lo veo mejor que ayer, mucho más tranquilo…

Armando miró a Doña Julia un poco confundido al no haber podido interrogar más a Betty en aquel instante… Sintió que todo su valor en confrontarla se le había escapado de sus manos fugazmente…

A: Pues sí, sí, algo más tranquilo, eso creo… gracias Doña Julia... (rascándose la cabeza desconcertado, mirando de reojo a Betty)

DJ: Se le nota el semblante cansado, pareciera que no hubiese dormido bien. ¿El sofá le fue incómodo?

A: ¡No! No, Doña Julia cómo cree... lo que pasa es que la tormenta no me dejaba dormir tranquilo… (contestaba con sus ojos puestos en Betty)

DJ: Bueno, también para Betty le es difícil a veces. Ella se asusta con las tormentas y los truenos y bueno, se levanta un poco soñolienta cada vez…

B: Mamá, no tiene que decir esas cosas al doctor. Estoy segura que no le interesan... (abriendo sus ojos a Doña Julia)

A: ¿Qué dice Beatriz? Claro que me interesan, pero con lo poco que me cuenta sobre usted... no me queda otro remedio…

DJ: (interrumpiendo) Y usted, Don Armando ¿con quien pasara sus fiestas?
(preguntó Doña Julia cambiando un poco el tema al ver la cara de desagrado que Betty le había lanzado.)

A: La verdad no sé, Doña Julia. Quizás ir con un amigo a un restaurante a dialogar, sinceramente no sé… no lo sé... (contestaba moviendo su cabeza aturdido)

DJ: Pero debería pasarla mejor con su familia que con algún amigo...

A: (triste) Doña Julia, vea, es que mi amigo no tiene familia y bueno yo tampoco... Como sabe, mis papas murieron recién y mi única hermana vive en Italia…

DJ: Ay Doctor Mendoza, qué pena con usted... no debí preguntar…

A: No se preocupe Doña Julia...

DJ: Bueno y porque no lo pasa con nosotros, ¿cierto? (mirando a Betty) Estoy segura que a Hermes no le molestaría...

Betty lanzó a su mamá una mirada despavorida al haberle extendido una invitación a Armando a la cena de víspera de Navidad que harían esa noche. Ella había pensado invitarlo, pero no había tenido la oportunidad ni el coraje de hacerlo…

A: ¿Yo? ¿Están invitándome a cenar con ustedes esta noche?

B: Bueno…sí, Don Armando. Supuse que no tendría dónde pasarla y pues pensamos que tal vez no le molestaría acompañarnos esta noche en la cena… Pero si ya tiene algún compromiso, no se preocupe entonces…

A: (nervioso) ¡No! Cla... claro que no tengo compromiso, Beatriz. Bueno… tendría que hacer algunos arreglos antes… (decía con su cara preocupado, recordando que Marcela lo esperaría como era de costumbre todos los años) Pero de verdad les agradezco su invitación… ¿Don Hermes lo sabe?

B: No se preocupe por mi papá, él lo aprecia como el hijo que nunca tuvo… (sonriendo) Así que ya sabe doctor, está más que invitado. Ahora les pido un permiso, me retiro para ya vestirme y acompañar a papá a hacer las compras...

DJ y A: Siga Betty…

Armando sostuvo su mirada hacia Betty pensativo, hasta que ésta desapareció por el extenso pasillo. Doña Julia y él quedaron solos unos instantes… El terminó de desayunar y el silencio reinó entre ellos…

A: (titubeando nervioso) Do…Doña Julia, yo quería hacerle una pregunta…

DJ: Usted dirá, Doctor Mendoza…

A: A ver, cómo le digo… yo he trabajado junto a Beatriz todo este tiempo y he tenido la oportunidad de compartir con ella, de dialogar y laborar mano a mano en los asuntos de la empresa… No sé, perdone la pregunta que le voy a hacer, pero, ¿por qué Beatriz es tan distante, no sé, tan férrea a veces, inclusive conmigo, como si algo muy terrible le hubiera pasado y tratara de alejarse y crear su propio mundo?

Doña Julia se quedó sin palabras ante aquella pregunta. Ella por un instante, deseó poder desahogar su profunda tristeza por la desventura de su hija ante él y confesarle la terrible experiencia que la vida le había traído. Titubeó por un momento en derramar su llanto contenido por cada huella, por cada recuerdo y cada noche en que vió a Betty sufrir por ese pasado tormentoso que la había cambiado y la había transformado en una mujer distinta, dura, lejos de la inocencia que enmarcaba su dulce rostro hace años atrás. Miró a Armando con dolor y él pudo percibirlo. Con su dedo, borró tiernamente el sendero mojado que las lágrimas habían dejado en su rostro de madre sufrida por el infortunio de su hija. Doña Julia bajó su cabeza y Armando quedó en silencio...

Aún en su fuerte y duro parecer, aún en medio de sus planes con Betty y sus deseos de ambición por una herencia intocable, Armando se conmovió ante aquella escena y dudó por momentos en continuar su juego siniestro. Pero ya no podía dar marcha atrás. Sentía sin poder entenderlo que no podía dejarlo todo como si nada hubiera pasado y alejarse de Betty tan fácilmente. Ya no podía, aunque así él lo hubiera querido. Estaba demasiado involucrado y no lo quería admitir, además de que había dado su palabra a Calderón de que o sería un cobarde. Su obsesión por conocer esa sombra que había tras Betty lo mantenía atado, obstinado y no se daba cuenta de lo profundo que se encontraba sumergido y no estaría tranquilo hasta hallar esa verdad. Ella sería su esposa y él se convertiría en su esposo cueste lo que cueste…

A: Siento mucho haberla hecho entristecer por algo que realmente no tengo conocimiento, Doña Julia. Perdone mi ignorancia y mi atrevimiento al preguntarle…

DJ: No se preocupe, Doctor Mendoza… Usted no tiene la culpa de esta situación…

Inmediatamente, Doña Julia se levantó de su silla y se retiró dejando a Armando más confundido que nunca. Desconcertado, se dirigió al baño de la planta baja donde había una ropa limpia para él la cual era de Don Hermes. Su ropa aún estaba mojada, así que no le quedó otra alternativa. La miró y sabía que le quedaría corta de talla, pero aún así se la puso. Ya vestido, salió de la casa con mucho afán hacia Ecomoda…
Betty y Don Hermes se hallaban en el mercado comprando los víveres que hacían falta para la cena de víspera de Navidad…

B: Papá, iré al área de frutas a escoger algunas manzanas para la torta…

DH: Vaya con cuidado, mija…

B: Sí, papá…

Betty caminaba a través del mercado muy pensativa y distante. Miraba todo a su alrededor un poco agitada. El recuerdo de aquellos labios suaves y tibios que la sorprendieron en la noche, al igual que unas palabras de un presunto amor hacia ella de parte de Armando, habían ocupado totalmente su pensamiento. Movía su cabeza en negación, cada vez que la abarcaba esa imagen, tratando de hallar alguna explicación a ese arranque inesperado de su jefe en medio de aquella tormenta. No podía concebir que en tan poco tiempo, él pudiera albergar tales sentimientos hacia ella, lo cual consideraba ridículo y en cierta manera sospechoso. Tampoco quería creerlo, ni ilusionarse con palabras que consideraba una locura y que ella trataría de evitar a toda costa. Sus emociones aún estaban dolidas y se aferraba inconscientemente al recuerdo de un pasado que la había condenado a vivir sin esperanzas…

De manera inesperada, una mano se extendió sutilmente hacia ella mostrándole la manzana más brillante, jugosa y deleitante que jamás había visto…

Voz: (en susurros) Pecaría igual que Adán al ver semejante fruta tan exquisita…

Betty abrió sus ojos sorprendida. Tardó unos segundos en volver a su realidad y una profunda alegría dibujó sus labios en una bella sonrisa…

B: ¡Esteban! ¡Pero qué agradable sorpresa!

E: ¿Cómo está la bella genio más dulce de Bogotá?

B: (sonrojada) Ay, Esteban, qué cosas dices… Estoy muy bien, aquí con mi papá que se encuentra en algún lugar del mercado comprando algunas cosas para la cena de víspera de Navidad que haremos en mi casa esta noche. ¿Y tú, que haces por acá?

E: (titubeando) Bueno, pues… yo… yo estoy haciendo lo mismo. Sí… comprando igual que tú para la cena que hay en mi casa también… (contestó con su mirada un poco triste)

B: Qué bueno… (respondió cabizbaja)

E: ¿Estas bien, Betty? No sé, me da la impresión de que algo te ocurre…

B: Nada, Esteban. No te preocupes. Creo que en esta época es común sentirse un poco melancólica, no es más…

E: Bueno, eso sí es cierto, pero no me gusta verte así. Hace rato que no veo una sonrisa tuya, de esas que se cae el mundo cuando la regalas…

B: Ay Esteban, siempre me sorprendes con tus palabras… ¿Sabes? Recordando cuando te ví la primera vez en la universidad, no pensé que fueras así, tan galante, tan dulce, tan amable como lo has sido conmigo desde que te conocí…

E: (sonriendo) Y no te culpo… No eres la única persona que ha pensado así de mí cuando me ve. Es más, me imagino que dirán: “Pero, ¿y esto qué es? ¿Será un error de la naturaleza? ¿Será humano o será producto de mi peor pesadilla?”… (decía cambiando su voz graciosamente)

B: (apenada) Ay, no Esteban… no me refería a eso, no me mal interpretes. Me refería a que al verte la primera vez, pensé que eras muy serio, quizás demasiado distante y alejado de la gente y ya ves, me equivoqué…

E: Bueno, alejado de la gente no soy, más bien son ellos los que se alejan. ¿Quién querría estar al lado de un ser tan extraño y tenebroso como yo? A ver, si me contestas con algo que me convenza, cambiaré de opinión sobre mi persona por primera vez en mi vida…

B: Pues quizás otro ser mucho más tenebroso que tú tal vez, jajaja… (contestó riéndo)

E: Pues aún no he hallado ese ser del cual hablas, Betty…

B: (mirándose ella misma) Pues lo tienes frente a ti…

E: No me gusta que digas eso, Betty. Jamás he visto en ti esa fealdad de la cual hablas, al contrario… (le dijo seriamente)

B: ¿Al contrario qué, Esteban? (curiosa)

E: Eres la persona más linda que he conocido en mi vida, Betty… La única que me ha aceptado tal como soy. La que ha escuchado por largas horas mis conversaciones muy atenta, como si le interesara tanto mi vida y todo lo que me rodea, lo que siento y pienso... Eres la única que ha hecho bellos mis días oscuros y feos…

B: Esteban, sabes que para mí eres muy importante y quiero que nunca lo olvides. Has sido la única persona en quien he llegado a confiar desde hace mucho que no lo hacía. Desde que he tratado de recuperar mi vida, mi tiempo, mis cosas…

E: (interrumpiendo)…y tu corazón, ¿cierto?…

B: (triste) Sí, y mi corazón también…

E: (mirándola intenso) Betty… yo quisiera pedirte algo…

B: ¿Sí?

E: Qué pena contigo, es que no soy muy bueno para estas cosas, pero quisiera que me aceptaras una invitación… (le decía Esteban casi sin poder sostener su mirada sonrojado)

B: ¿Una invitación? (abrió sus ojos asombrada)

E: Sí… Me gustaría que me acompañaras a un lugar que yo sé te va a gustar muchísimo…

B: ¿Un lugar? Pero, ¿a dónde Esteban? (preguntó preocupada)

E: Betty, por Dios, no me ponga esa carita que usted muy bien sabe que sería incapaz de llevarla a algún lugar donde pudiera sentirse incómoda… (decía sonriendo pícaramente)

B: NO, Esteban, cómo se le ocurre, no he pensado nada malo, es sólo que no sé, hace mucho que no salgo así para algún lugar a solas y… con un hombre… (contestó apenada)

E: No se preocupe, que no le chuparé la sangre ni me convertiré en hombre lobo, jajaja… Sólo quisiera que esa carita triste que trae desparezca y me regale la sonrisa más bella de la noche… (respondió Esteban con ternura)

B: ¿Y para cuándo sería su invitación?

E: Para mañana en la noche… Pero si le puede causar problemas, Betty, no se preocupe, yo entenderé…

Betty se quedó pensativa unos instantes. Aquella invitación había sido la más inesperada y la más dulce también. Contemplaba los ojos profundos de Esteban y era inevitable no perderse en ellos. A pesar de su fealdad, Esteban poseía la mirada más penetrante y cautivadora que jamás había visto en su vida. El sabía de alguna manera, cómo llegar a ella y se había convertido en alguien que lograba aplacar esa furia indomable que poseía Betty. Ella reconoció que había sido una proposición muy tentadora, la cual le causaba mucho temor a su vez y no comprendía el por qué. El se había aparecido en su vida sorpresivamente y desde que lo conoció, sentía una profunda paz y una sensación de llenura en su alma, contrario a las emociones que experimentaba cuando se encontraba cerca de Armando, quien dejaba turbio sus sentidos y descontrolaba su razón… o tal vez… desordenaba algún otro aspecto de su vida que ella no quería o no estaría dispuesta a reconocer jamás…

B: Bueno… está bien, Esteban… No sé cómo lo haces, pero siempre logras convencerme… (sonriendo)

E: No sabes la alegría que me da que hayas aceptado mi invitación. Pensé que sería difícil misión…

B: No podría negarme, por más que quisiera. Has sido demasiado especial conmigo, Esteban… Pero bueno, ¿a qué horas sería entonces?

E: ¿Que tal a las 7 de la noche?

B: Bueno… la difícil misión será convencer a papá, pero no te preocupes, yo me encargo…

E: ¿No deseas que hable con él?

B: No te preocupes, yo lo haré… Además, creo que estoy bastante grandecita, ¿no crees?

E: (riendo) Para ellos sigues siendo su bebé… Y comprendo que quieran cuidarte y protegerte. Sería terrible que algo malo le pasara a la genio más bella y dulce de Bogotá...

B: Quedamos en eso entonces…

E: Estaré frente a tu casa puntual, ¿vale?

B: Vale, muchas gracias, Esteban… Ha sido muy lindo encontrarte hoy, has alegrado mi día…

E: Igual tú, Betty. Aunque no lo creas, tú has alegrado cada momento desde que te conocí…

Ambos rieron complacidos por aquel encuentro tan agradable que había disipado por un instante, la tristeza de sus corazones… una tristeza profunda que albergaba ella en su alma y otra que cargaba él como un puñal en silencio…
Armando manejaba por las calles de Bogotá en dirección a la zona industrial donde estaba Ecomoda. Una montaña de interrogantes nuevamente calaba su pensamiento sin intenciones de dejar de atormentarlo. Sentía inexplicablemente su cuerpo temblar al recordar lo que había hecho la noche anterior, al pensar en aquel beso robado que había depositado en los labios de Betty. No podía comprender cómo el haberla tenido tan cerca, lo había movido a experimentar emociones jamás sentidas al lado de ninguna otra mujer anteriormente, ni tan siquiera al lado de Marcela. Pero trató de disipar aquello que para él resultaba un intento suicida, una locura de su ambición y un acto de valor jamás realizado. Era demasiado el esfuerzo que estaba haciendo al tratar de llegar a Betty y se negaba a sí mismo la confusión y el desconcierto que le dejaba el estar a su lado…

Al llegar al parqueadero, vió a Wilson quien cubría su último turno en Ecomoda. Armando estacionó su carro Toyota Celica azul deportivo frente a la empresa. Wilson acudió rápidamente para abrirle la puerta a su jefe…

Al abrir la puerta del carro quedo asombrado y sorprendido por el atuendo tan gracioso que traía su Armando esa mañana. No puedo evitar reírse ante la cara seria y desafiante de él, la cual le hizo tragarse su propia risa. Armando estaba vestido de pantalones color chocolate que le llegaban a los tobillos, un saco del mismo color mientras traía una sudadera para evitar resfriarse y una camisa blanca con una corbata azul celeste. Llevaba sus gafas de sol puestas, para evitar que lograran ver sus evidentes ojeras…

W: ¿Don Armando? ¿Pero qué fue lo que le pasó? Parece como si se hubiera mojado y se le hubiera encogido la ropa encima de usted…

A: (irritado) Wilson, Wilson, Wilson… Me da la impresión de que usted desea celebrar la víspera de Navidad pero sin empleo…

W: Ay no, doctor, ¿cómo se le ocurre?

A: (con aparente tranquilidad) ¿Que cómo se me ocurre dice usted? (gritando) ¡¡ SE ME OCURRE QUE SI VUELVE A HACER UN COMENTARIO COMO ESE TAN ESTUPIDO LO DESPIDO!! ¿¿ME ENTENDIO, WILSON?? ¡¡LO DESPIDO!! ¿Alguna otra grandiosa observación, Wilson?

W: (asustado) No, doctor, y sí lo entendí perfectamente…

A: (arreglándose graciosamente la ropa disgustado) Gracias, Wilson… Feliz Navidad, pues…

W: Feliz Navidad, Don Armando… (casi con deseos de reírse)

Armando entró a Ecomoda. Ese día 24 de diciembre, se cubría el turno de las personas de corte y producción hasta el medio día, así que tendría suerte en no encontrarse con Marcela el día de navidad y mucho menos a las del cuartel de feas preguntándole por la pinta particular que llevaba…

Confiado, siguió por el pasillo vacío hacia presidencia. Lo que no sabía era que para su sorpresa, Mario Calderón se hallaba encerrado en su oficina viendo muy entretenido el oráculo de las diosas…

M: (hablando solo) Jo, Jo ,Jo…San Nicolás… Pero miren qué belleza de ayudante de Santa… Con una mamasita así, recorro el mundo entero en trineo todas las noches de mi vida…- decía Mario embelesado mirando de forma depravada el oráculo de las diosas cuando sintió un estruendo horrible saliendo de presidencia que alertó sus sentidos…

Armando había volcado toda presidencia boca arriba buscando el regalo de Betty que había guardado cuidadosamente en su oficina, temiendo que en su apartamento, Marcela lo encontrara y creyera que era para ella. No quería que de cierta forma ella alimentara ilusiones con él, las cuales hacía mucho tiempo ya las evitaba…

Súbitamente, Mario entró a presidencia, quedando asombrado con el desastre comunal que había hecho su amigo. Mario abrió una gaveta y tomó el regalo que estaba depositado en el escritorio, mientras Armando estaba aún agachado revisando los cajones con desesperación. Mientras tanto, Calderón lo recorría con la mirada casi atónito tratando de encontrar una respuesta a la vestimenta cómica de su amigo…

M: Armando, pero ¿y esto que es? Se equivocó de festividad usted, pues. Hoy es víspera de Navidad, no la noche de brujas para que ande con esa pinta. Ah ya sé, se acostó con ella y ya lo tienen vestido a la Bettymoda ... (riéndose a carcajadas) Muy lindo, hermano...dígame cómo le fue tigre. Me imagino que fue dramático o no, mejor no… Fue escalofriante, de película de viernes 13. (riéndose descontrolado) Pero cuente...cuente. Y me imagino que esto es para la novia…(con el regalo en manos) Ay Armando, ¿qué le pasó en la cara? No me diga que su suegro se enteró que andaba haciendo cochinadas con su hija y le propinó una cachetada... Pobrecito, le dejaron los dedos marcados… (riéndose)

Armando casi descontrolado, le arrebató de las manos el regalo que estaba envuelto y el cual Mario besaba con devoción como si fuera para él…

A: (alterado) No vuelva a poner sus sucias manos sobre este regalo, Calderón. Esto es sagrado, no se entrometa…
M: Pero estamos como que susceptibles hoy, caray…

A: No sea ridículo, Calderón… y lo que pasó con mi cara no tiene nada que ver con lo que está pasando aquí adentro… (decía tocándose el corazón)

M: ¿Como así? ¿Y que está pasando? ¿Qué fue lo que hizo usted o qué le hicieron? No me diga que se enamoró de la fea... Armando, por Dios, pero usted ha perdido el sentido del gusto… o mejor dicho, usted ha perdido todos los sentidos, hombre…

A: (quitándose sus gafas entristecido) No es eso, Calderón… no es eso, es algo mucho peor…

M: Ay no me diga que la reina de las feas resultó ser otra cosa. ¡Ya sé! Descubrió que es una criatura extraña de laboratorio o peor aún, descubrió que no le gustan los hombres… Pero eso es bueno, Armando, mírelo del lado positivo… Así ella no se interesa en mantener una relación más allá de lo cordial y puede continuar con los planes que tenía sin temor a que un día de estos le dé calentura por usted, se le abalance encima, le rasgue las ropas y llore por su inocencia robada… (decía riéndose)

A: (alterado) ¡No sea estúpido, Calderón!, ¿Podría tomar las cosas en serio por una vez en su vida, hombre?

M: (poniendo graciosamente sus dedos sobre la boca) Está bien, hermano… me callo y lo escucho…

A: (con cara de tragedia) Betty le pertenece a otro hombre…

M: (con una sonrisa burlesca) OK...basta de burlas. Ahora resulta que el gracioso en todo esto es usted, hermano. ¿Qué le está pasando? Como usted me la ha pintado, ella no puede ser amada por nadie porque puede ser la hija de Drácula en vida…

A: ¿Ah, no? Entonces dígame qué significa esto para usted…

Armando cuestionó desesperado, abriendo su puño cerrado y dejando al descubierto la brillantez casi pura del anillo que le había quitado completamente el sueño y también su paz…

M: (sorprendido) Caray, hermano… Eso es un anillo de compromiso, carísimo por cierto y comprado con mucho gusto. Pero, ¿que tiene que ver esto? Ah, ya entiendo. No me diga Armando que usted ya le compró anillo y todo a su víctima... (tomando el anillo en sus manos y leyendo la inscripción que llevaba grabada) Ay, tan linda la dedicatoria... Pero está como los últimos de los románticos, usted. Me tiene sorprendido…

A: (molesto) Calderón, Beatriz guardaba ese anillo en el sótano de su casa con otras cosas de ella en una caja muy bien sellada...

M: ¿Como así? ¿Es que anduvo husmeado usted por donde no lo llaman? Hombre, pero ¿qué le dió? Esto es un simple anillo, no más… no quiere decir nada. Usted lo que no quiere admitir es que Betty sí puede ser amada por un hombre y ese hombre tiene nombre propio y se llama Armando Mendoza, el héroe que tras la fachada de decir que es por plata, por la herencia y todas esas vainas, se enamoró de la fea de verdad y no lo confiesa porque no quiere perder su reputación…

A: (histérico) ¡Escúcheme, maldita sea, Calderón! ¿Sí? Ayer como parte de este estúpido plan, tuve el valor de besar a Beatriz y en vez de ella sentir gratitud lo que hizo fue plantarme una cachetada... Esto explica la marca que llevo en mi cara, lo que significa que cada vez se está haciendo más inalcanzable a mis manos… Deje de decir bobadas, no sea cretino… Yo no me he enamorado de nadie y mucho menos de esa mujer, por Dios, no sea ridículo ni quiera pasarse de chistoso conmigo. ¿No entiende que estoy en problemas, que se me ha complicado todo? Llegar a Beatriz será como alcanzar una estrella, hombre…

M: No hermano, alcanzar una estrella no… querrá decir “alcanzar una reina”, pero de las feas, jajajaja… Eso sí es horrible… (decía riéndose a carcajadas)
A: Pero qué idiota resultó ser usted… qué hartera…

M: Muñeca brava la fea, no pues. Pero al menos admite usted que ella lo golpeó, pero a mí no me diga nada pues el de la cabeza siniestra y enferma de conquistar a la hija de Drácula fue usted y sólo usted. Ahora deje de pensar estupideces, ¿quiere? pues desde que la conoció, sólo eso es lo que piensa. Pise tierra, caray. Si ella le pertenece a otro hombre, según su versión de novela trágica, desista de esto Armando, que usted se nos esta volviendo loco convirtiendo todo en un frenesí. Vuelva a la normalidad y búsquese a otra que le haga el favorcito…

A: (molesto) ¿Desistir dice usted? Claro que no, Calderón. (con su mirada perdida, recordando la noche anterior) Ahora con más ganas debo ganarme su corazón. Vea, necesito una esposa y mi esposa será Beatriz...

M: (con cara de aburrimiento) Pues lo que usted diga, Armando, pero pienso que se nos esta enloqueciendo. (cambiando el tema) Ahora dígame una cosa, ¿se acordó de su amigo en Navidad? Yo le compré a usted mi regalo. Yo pensé que me querías... (dijo con cara de niño llorón)

A: Si viera lo idiota que se ve…

M: No tanto como debe verse usted al lado de cuasimodo… (riéndose a carcajadas)

A: Cállese esa boca, ridículo... Su regalo está en otra parte. Si quiere ir por él, vaya a mi departamento y tendrá que pasar por encima de Marcela…

M: (abriendo sus ojos) Ay no, al matadero no me hace falta ir. Soy muy joven para morir y privar a este mundo de mis encantos masculinos. Pero dígame nada más para donde va así vestido. ¿Ya los suegros lo aceptaron, después de la noche movida que tuvo con su novia? Porque después de haberlo encontrado con ella lo convirtieron ya en parte de la familia me supongo... ¿A golpes no? “La noche estaba trágicamente sollozante” Ja, ja, ja... Usted me quiere entretener con eso de decirme que encontró ese anillo para evitar los verdaderos detalles que quiero conocer…

A: ¿Sabe qué, idiota? No tengo tiempo para seguir escuchando babosadas suyas. Se me va ahorita por uno de los vestidos para mí a producción y me largo ya mismo de acá...

M: ¿Qué vaya yo? ¿Pero quien se cree usted que soy, Freddy Contreras?

A: (gritando) ¡¡VUELEEEEE!!

Mario corrió hacia la salida de presidencia. Se detuvo unos instantes y desde el marco de la puerta, asomó su cabeza juguetón preguntándole a Armando…

M: Hermano, ¿y será que sus suegros también se apiaden de este huérfano solitario?

A: Ni se le ocurra, Calderón. Es una reunión familiar. Sólo estarán Doña Julia, Don Hermes y Beatriz…

M: (con cara de víctima) Armando, me ofendes con tu egoísmo, no me consideras tu hermano...

A: Es un comité familiar, no para usted. No quiero que los indisponga...

M: Armando, ¿piensa que iré para allá a burlarme de su futura esposa, a curiosear si es tan fea como usted dice o si tiene colgada de la sala de su casa una foto de algún familiar siniestro de película de terror? Pero qué mal concepto tiene de mí, Armando. Le juro que no me burlaré de ella, pero lléveme, ¿sí? Mire que no tengo con quien pasar la Navidad. Todas las mujeres del oráculo están de vacaciones en París, en yo no sé dónde más... Me dejaron solito…

Recalcaba Mario dramáticamente y con una insistencia mortificante… Sin más remedio, Armando se compadeció de él, pero sólo para quitarse de encima el cansancio de seguir escuchándolo…

A: Está bien, Calderón. Venga pues de una vez, chicle, pero deje esas lágrimas de cocodrilo que se acabó el teatro… Iré a llamar a Beatriz...

M: (abrazándolo efusivo) ¡Usted es mi salvador!

A: (molesto) Quite, quite… ¡Vaya a producción a buscarme lo que le pedí! Necesito volarme de acá. ¡Vaya pues!

Betty había regresado a su casa luego de acompañar a su papá al mercado y se vistió cómodamente para ayudar a su mamá en los preparativos de la cena de esa noche. Buscó a Doña Julia por todos lados hasta que la halló en su cuarto sola y pensativa. Deseaba preguntarle sobre Armando. Algo la atormentaba muy adentro sobre él, como si hubiese pensamientos inconclusos y confusos que no la dejaban en paz, y mucho menos, después de él haberle confesado a ella que la amaba y haberla poseído en un beso ardiente y apasionado que la dejó sin fuerzas la noche anterior...

DJ: El Doctor Mendoza salió a Ecomoda a buscar unas cosas e ir a su apartamento. El vendrá para la cena luego…

B: (pensativa) Ah… veo…

DJ: Mamita, usted está muy rara, ¿le pasa algo con el doctor, cierto?

B: Mamá, por Dios no quiero comenzar de nuevo con esto, no ésta vez…

DJ: Betica, pero es que usted no puede engañarme. Yo sé que hay algo más allá de una relación de trabajo entre ustedes. Lo puedo sentir, mis instintos de madre no me mienten sobre usted, mija. Sus ojos brillan cada vez que lo ve, cada vez que habla o le preguntan sobre él. El me estuvo preguntando sobre usted también, mamita…

B: (abriendo sus ojos) ¿Qué? ¿Preguntó sobre mí? ¿Y qué le preguntó, mamá?

DJ: ¿Ve como reacciona usted, mija?

B: Mamá, es sólo una simple pregunta…

DJ: La pregunta será simple, pero no sus sentimientos, los cuales no quiere reconocer…

Betty cerró sus ojos por unos instantes. Sabía que su madre la confrontaba en esos instantes con unas palabras que la herían, que chocaban contra su corazón como si fuera una muralla impenetrable. Reconoció que sus instintos de madre nunca fallaban, pero se negaba a admitir que en esa ocasión podría no estar equivocada. Dio la espalda y caminó unos pasos en su habitación, tomando en sus manos su inseparable muñeco Beto…

B: Me besó…mamá. Don Armando me besó…

Doña Julia no podía dar crédito a lo que escuchaban sus oídos…

DJ: ¿Cómo dice mija? ¿Que la besó? ¿Pero cuándo?

B: Anoche, mamá, mientras estaba en el baño…

DJ: (sorprendida) Ahora entiendo, ahora entiendo esa marca que el doctor llevaba en su cara. Ahora comprendo cuál tormenta no la dejó dormir a usted anoche… Esa tormenta que hay en su corazón, mamita…

B: (llorando) Mamá, no puede ser, ¿me entiende? Esto que usted se esta imaginando es imposible y no volveré a caer nuevamente como lo hice una vez. Yo no quiero volver a soñar, yo no quiero volver a temblar, a sentir mi corazón palpitar por alguien y mucho menos por un hombre como él, mamá… No un hombre como él…

DJ: Bettica, pero el Doctor no se ve un mal hombre…

B: (llorando) No lo sé, mamá, y no quiero tampoco saberlo. No trate de confundirme más de lo que me siento. Tal vez no lo parezca, pero todos son iguales… ¿Y si en verdad lo es? ¿Y si es un lobo disfrazado de oveja? Yo no puedo creer que un hombre como él, que tiene tantas mujeres deseándolo y codiciándolo día y noche, rico y poderoso, pudiera fijarse en una mujer como yo… En un aspecto tan indeseable y tan feo como el mío…

DJ: Mamita, usted sabe bien que eso no es cierto. Usted sabe en su interior que usted no es fea…

B: (mirándose al espejo) Yo lo único que sé en mi interior, mamá, es que soy una actriz interpretando un personaje que no soy yo en realidad, una imagen que he creado sólo para defenderme, para huir de una realidad que me ha matado y aún me sigue matando… pero usted sabe bien que debo seguir haciéndolo…

DJ: No Betty. Ese personaje como usted dice que ha creado en su interior, lo único que está haciéndole es mucho daño, encerrándola más en un profundo dolor y llenando su corazón de amargura…

B: Mamá, no quiero hablar más de esto, no puedo seguir, me duele mucho este tema…

DJ: Mija, usted tiene que despertar. No puede encerrarse y alejarse más del mundo como si no perteneciera a él. Tiene que darse una nueva oportunidad en la vida, abrirse al amor…

B: ¿Al amor? ¿Y qué otra cosa es el amor sino sufrimiento, dolor o tristeza? ¿Qué otra cosa me puede traer el amor si cuando lo conocí lo que hizo fue matarme, destruirme? No mamá, yo no puedo exponerme nuevamente a ese sentimiento…

DJ: Mamita, el amor no es así en realidad, mija… Lo que sucede es que cuando se ama, se entrega y cuando se entrega hay que estar expuesto a perder o a ganar…

B: Pues mi destino es perder, mamá. El destino que siempre estará a mi lado…

DJ: No diga eso, mamita. El destino lo hacemos nosotros y yo sé que la felicidad tocará a su puerta algún día…

B: (secándose las lágrimas) ¿Qué le preguntó Don Armando, mamá?

DJ: (nerviosa) Nada, mija, sólo preguntó si se sentía bien, eso fue todo…

Doña Julia mintió. No quiso darle más razones a su hija para que se disgustara por su pasado. Decidió no comentar más sobre el tema y mucho menos hablarle de Armando. Por lo menos no más, por el momento…
La noche se había asomado bella, resplandeciente y vestida de estrellas, acompañada de la luz de la luna para recibir el espíritu de la Navidad que se paseaba delicado y puro en el ambiente. Como acordado, Armando se había dado cita en la casa de Betty y bajándose del vehículo, caminó en compañía de Mario hasta la puerta de entrada…

Mario miraba para todos lados cauteloso. Tanto Armando como él lucían impecablemente de traje negro con corbata y gabardina, con un exquisito aroma varonil que se impregnaba en el aire. Ambos llevaban una botella de vino cada uno en sus manos. Armando le daba instrucciones a su amigo para que siguiese al pie de la letra, ya que si había aceptado que lo acompañara, era por pura solidaridad de hermanos…

A: (serio) Se me controla, Calderón, o lo mato a golpes... Ellos son buenas personas…

M: Yo sé que son buenas personas, Armando. A usted le encanta apiadarse de los huérfanos y necesitados… (riéndose)

Armando lo fulminó con la mirada por aquellas palabras, conteniendo las ganas de propinarle allí mismo. Para Mario todo era broma, pero al ver la cara de Armando, decidió por su bien no hacer más comentarios al respecto…

El timbre sonó en la casa de los Pinzón-Solano. Don Hermes muy apresurado, fue a abrir la puerta. Sorprendido ante la visita de Armando y Mario, quien había venido éste último de añadidura, Don Hermes se le quedó mirando de arriba hacia abajo esbozando una media sonrisa…

DH: Doctor Mendoza y… compañía, supongo.... hoj, hoj, hoj, pasen adelante. Las mujeres de la casa están terminando la cena…

A: Gracias Don Hermes… A propósito, le presento a mi mejor amigo Mario Calderón… El también trabaja para Ecomoda…

DH: Ah, qué bien… (estrechando su mano) Mucho gusto, Doctor Calderón…

M: El gusto es mío, Sr. Pinzón…

Cuando Don Hermes dio la espalda, Mario miró a Armando de reojo y le comentó en voz baja…

M: (susurros) Si este es el padre, estoy que me muero de ganas por ver a la hija… (riéndose)

Inmediatamente, Armando le propinó con un firme codazo en el costado, al cual reaccionó con dolor…

A: (susurros) Otro de sus comentarios cínicos y lo mando a volar…

DH: (mirando a Mario) ¿Le duele algo, Doctor Calderón?

M: (mirando a Armando, agarrando su costado) No Don Hermes, sólo fue un…un…gas… sí eso, es que padezco de gases…

Armando al escuchar la contestación de Mario, casi rompe a reír a carcajadas...

DH: Caray, doctor, debería tomarse un purgante…

M: (mirando a Armando rabioso) Quizás tenga razón, señor…

DH: Pero bueno, pasen. Están como en su casa…

Don Hermes los guió a la sala, indicándoles que se sentaran en el sofá. Betty y su mamá se encontraban ultimando los detalles de la cena muy esmeradamente. El pavo estaría listo a las 11 de la noche, antes de la Navidad...

DH: Y díganme ¿qué les sirvo de tomar? Le recuerdo, doctor Mendoza, que le tengo como siempre su whisky importado muy fino, además que le preparamos unos pasabocas exquisitos…

A: (sonriendo) Creo que un whisky estaría bien, si no es molestia Don Hermes...

DH: Pero claro que no es molestia, enseguida vengo…

M: Caramba, Armando, pero como lo consiente el suegro… (riéndose)

A: Oígame bien, Calderón. Un comentario más, y le juro, le juro que lo saco a patadas, ¿me entendió? No debí haberlo traído conmigo… (replicaba sumamente irritado y amenazante)

M: Esta bien, esta bien… no se sulfure, mi estimado presidente… Mientras tanto, a media luz en su apartamento, Marcela se hallaba enloquecida marcando el teléfono de Armando sin lograr una respuesta. Llamó también a su celular, el cual astutamente él había apagado para no ser interrumpido esa noche…

Celular: “Este es el celular de Armando Mendoza...No me encuentro disponible para contestar en este momento. Deje su mensaje, gracias...Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo...”

M: (irritada) Maldita sea, Armando, ¿donde te habrás metido? Debe estar en algún plancito junto con el Mario Calderón. Desgraciado... Parece que se le ha olvidado que es víspera de Navidad y es costumbre que la pasemos juntos como todos los años, y más ahora, que soy su única familia…
Marcela colgó el teléfono desesperada y lo tiró con fuerza varias veces hasta tomarlo de nuevo en sus manos para volver a intentar...

Mientras tanto, en casa de Betty, el celular de Mario sonaba sin cesar… Armando lo miraba muy inquieto, sospechando acertadamente que Marcela estaría tratando de comunicarse con él de cualquier manera…

DH: Doctor Calderón, creo que su celular está sonando…

A: (en voz baja) Idiota, ¿por qué no apagó ese celular? Esa debe ser Marcela tratando de localizarme…

M: Cálmese, mi estimado fugitivo, con no contestar basta… (burlándose)

A: Si no lo apaga, lo volverá loco como pretendía hacerlo conmigo…

M: No puedo apagarlo, Armando… ¿No ve que a pesar de estar acá, puedo estar disponible para cualquier belleza que se arrepienta de estar solita esta noche? No hombre, no trate de dañarme algún plan que se me presente…

A: (susurros) Tan ridículo usted…

La conversación amena del Tío Lázaro, el ato y la fortuna que lo sorprendió dos años antes de morirse, había comenzado a retumbar de forma cansona en los oídos de Armando y Mario, quienes bostezaban con disimulo. El whisky estaba comenzando a hacer efecto en la coordinación de Don Hermes…

DH: Es como les decía, doctores. La niña lleva la sangre de los Pinzón…carajo...la fina estampa, sus dotes para la economía...

A: (mirando a Mario sin remedio) Sí Don Hermes, Betty es muy brillante e inteligente, de eso no hay duda. La he visto trabajar...
M: Bueno y yo también por parte de Armando. Hemos sido testigos de su excelente labor como gerente de finanzas de Ecomoda.... (contestaba frunciendo el seño aburrido)

DH: Es que la niña es estudiosa. Como ya sabrá, ahora está estudiando otro postgrado en comercio internacional, aunque le decimos que deje sus estudios y se dedique de lleno a trabajar...

A: No se preocupe, Don Hermes que en Ecomoda le daremos la oportunidad para que aplique todos sus conocimientos. Estoy seguro que no nos defraudará…

De pronto, Betty y Doña Julia aparecieron, integrándose a la conversación con unos pasabocas. Don Hermes tomó unos de los pasabocas de la bandeja de Betty, mientras con otra mano la abrazaba por la cintura…

DH: Vea, doctor Calderón, ésta es mi reina, mi más preciado tesoro. Beatriz Pinzón, mi hija... y ella es mi esposa Julia... (decía Don Hermes muy orgulloso, presentándoselas a Mario)

Mario recorrió a Betty con la mirada, mientras sus ojos permanecían abiertos de par en par. Muy impresionado con aquella imagen ante su presencia, se volteó aterrado a ver a Armando. Su cara de sorpresa no pasó desapercibida ante Betty, quien inexplicablemente, había abierto sus ojos de igual manera, totalmente petrificada ante la figura de Mario, casi como si hubiera visto al mismo demonio en persona… Abrió su boca de manera instintiva, y sintió como si hubiera caído sobre ella un baño de agua fría. Sólo sintió cómo de manera veloz, un recuerdo la asaltaba y unas palabras que nunca pudo olvidar retumbaron en su cabeza…

Voz: “Mario Calderón… ése es un zorro astuto. Un lobo vestido de oveja esperando el momento para sacar las uñas. Es un Judas que comparte como un amigo, para que luego que des la espalda, su beso es darte una puñalada trapera. Se va con el mejor que le convenga, con el que más le traiga beneficio… ese es Mario Calderón…”

Betty no pudo evitar recordar esas palabras que la habían impactado en un momento de su vida. Mario retraído y confundido a su vez por la forma que Betty lo miraba, volteó sus ojos hacia Don Hermes que no se había dado cuenta de lo que estaba sucediendo…

DH: Betty, Julia este es el amigo del doctor, el Vicepresidente Comercial de Ecomoda, el doctor Mario Calderón…

Betty con una sonrisa fingida, se acercó a Armando y le extendió la mano para saludarlo, para luego hacer lo propio con Mario...

B: Mucho gusto, doctor Calderón. Don Armando me había hablado muchísimo de usted, pero no había tenido el “placer” de verlo en persona. Ahora sé que su cara me es muy familiar…

Mario mirándola asustado por aquellas palabras tan cortantes y por la supuesta familiaridad que había encontrado en él al verlo, seriamente le extendió la mano. Inmediatamente, ella se la retira disimuladamente sin éste lograr tocarla, pasando desapercibido este acto desagradable ante los ojos de Don Hermes y Doña Julia, pero no ante Mario y Armando…

M: (retirando su mano que había quedado al aire) Igual...mente…

Mario asimilando de manera lenta lo ocurrido, estaba perplejo, sin poder aún creerlo. Armando lo miraba con cara de “te lo advertí”. Betty sabía manejarse muy bien ante los hombres a su antojo, dándoles de su misma medicina…

Betty era todo lo que Mario se imaginaba y mucho más. Cuando creyó que Armando le decía que ella era inalcanzable, altanera, férrea y brava, pensó que era una forma divertida de Armando verla, pero no era así en realidad. Todo eso era cierto. Era la “reina de las feas”, tal y como él lo había dicho mil veces de manera jocosa ante Armando, pero con un genio difícil de controlar y un corazón duro y fuerte de penetrar...

B: Pasabocas, doctor...

Armando miró a Betty con gran inquietud. No sólo por no saber qué decir al haber cometido el grave el error de invitar a Mario a incomodarla, sino también porque no sabía cómo actuar ante ella, luego de lo sucedido la noche anterior entre ellos… luego de aquel beso que lo mantenía al borde de un colapso nervioso, luego de aquella calidez que destiló su cuerpo sujetado al suyo con fuerza, como si le urgiera desahogar una gran rabia, un gran dolor. No sabía si esas sensaciones eran de pasión o de compasión hacia ella, si eran algo más allá que no podía comprender y no había sentido jamás. Sólo estaba seguro que esa noche sintió en ella una gran necesidad… tanta, como inexplicablemente la sintió él también… en el silencio de un beso, en el bullicio de un diluvio que azotaba la noche y también sus corazones duros y aparentemente insensibles al amor, incapaces de reconocer cuando algo los atormenta…

Betty se alejó de ellos, sentándose al lado de sus padres y poniendo la bandeja de pasabocas en el centro de la mesa. El celular de Mario comenzó de nuevo a sonar insistentemente en el salón… Un poco avergonzado, no tuvo otra alternativa que apagarlo…

De momento, el silencio reinó sobre los labios de cada uno allí presente. La incomodidad de Betty se hacia notar, ya que no soportaba la presencia de Mario en su casa, quien para ella él era uno de esos tipos presuntuosos que sólo disimulaba muy baratamente su cara de descontento…

Mario estaba muy asustado y no sabía a qué realmente temerle; o a Betty, o a las llamadas de Marcela que insistentemente lo habían acosado esa noche. Mientras Betty lo miraba fulminante, Armando se sentía poco a poco encogiéndose en el sofá, haciéndose cada vez más pequeñito e insignificante y Mario peor. El ambiente se había sobrecargado tanto, que nadie sabía cómo romper el silencio de aquella sala…

Don Hermes no entendía nada. Doña Julia simplemente lo intuyó mirando a Betty a los ojos…

DJ: (rompiendo el silencio) Doctores.., ¿desean más whisky? (mirando a Betty) Betty y yo vamos a la cocina a terminar de cocinar. Venga mamita…

Doña Julia tomó a Betty del brazo, retirándola de la sala y llevándola a la cocina…

B: Mamá, estoy que le caigo encima a ese altanero amigo de Don Armando… (dijo muy disgustada)

DJ: Mamita, ¿pero por qué? ¿Qué le hizo?

B: ¿Pero es que no vio usted? Ese cretino me miraba como si fuera yo un experimento de laboratorio…

DJ: (preocupada) Betty, por Dios, cálmese que quizás él no quiso comportarse así. Es normal, mija, él no ha sido el primer hombre que la ha mirado de esa manera. Mire Bettica, hoy es un día especial, no se vaya a indisponer por eso...

B: Sí, cómo no. Yo sé que no es el primero que me mira de esa forma pero estoy harta. Si él me mira así, yo lo trataré de igual manera. Ese hombre es igual a todos, y mucho más conociendo lo que sé de él…

DJ: ¿Cómo así, Betty? ¿Es que usted lo conocía acaso?

B: No quiero hablar de eso ahora, mamá. Sólo sé que el tipo no es de fiar…

DJ: ¿Y el doctor Armando?

B: (desconcertada) Ay, no sé, mamá. Esa es otra cosa que me tiene muy confundida, es como si algo me dijera que me aleje de él… Es como un miedo, no lo sé…
DJ: Su miedo es enamorarse, mamita…

B: Dios me libre enamorarme de esa bestia, mamá... Ya le dije que no siga con eso. Don Armando sería la última persona en este mundo en quien yo me fijaría… aunque créame que a veces parece un chiquillo perdido y es ahí cuando me confunde...

DJ: Tenga cuidado con ese corazón suyo, ya sabe muy bien que es un traidor...

B: (triste) Sí… es un traidor que se la pasa recogiendo los pedazos de lo que un día fue…

DJ: ¿Cuándo Betty?... ¿Cuando va a superarlo?

B: No lo se, mamá... no tengo idea cuándo eso ocurrirá… Pero tal vez… alguien me pueda ayudar…

Doña Julia la miraba sorprendida y asustada a su vez por las palabras de su hija. Betty sin pensarlo, estaba dispuesta a sacar un clavo con otro en algún momento de su vida para sanar su corazón, donde un hombre de su pasado le había perforado con dolor su pecho y ahora lentamente se iba perdiendo ante ese espeso horizonte que representaba Armando en su vida…

Armando, preocupado por la actitud de Betty ante Mario, se disculpó un segundo con Don Hermes quien se hallaba muy entretenido escuchando su colección de tangos y la buscó. Mario también lo siguió como perro fiel a su amo, deteniéndose Armando justo en el marco de la puerta de la cocina y Mario detrás de él…

A: (tímido) Disculpe… Betty ¿podría hablar con usted un momento?

B: (fría) Usted dirá, doctor…

A: Mejor vayamos al estudio, si no es molestia…

B: (dirigiéndose a Doña Julia) Mamá, aquí le dejo esto, ya esta listo. Vuelvo enseguida...

DJ: Esta bien mamita…

Al salir Betty de la cocina, se dio cuenta que Mario estaba detrás de Armando, poniendo instantáneamente una cara de negación total...

B: (molesta) Don Armando, pensé que hablaríamos a solas…

A: (avergonzado) Es que… es que…

M: (nervioso) Perdóneme...Beatriz si la hice sentir incómoda… (aletargaba lentamente las palabras sin lograr mirarla a la cara)

B: (dándole la espalda) Mejor vayamos al estudio, no quiero más problemas...

Caminaron al estudio y Betty abrió lentamente la puerta, indicándoles con la mano que se sentaran…

B: (dirigiéndose a Mario) Siéntese…perdón, ¿cual es su nombre? (disimulando que se había olvidado) Es que tanta conmoción tan repentina afecta mi retención de memoria de hombres que se visten tan espléndidamente bien aparentando ser muy caballeros y aún así no dejan de ser igual de desgraciados… Ay, perdón por mi franqueza, Sr. Calderón, ahora sí me acordé de su nombre… (decía Betty con ironía y dureza)

A: (avergonzado) Será mejor que me vaya, Beatriz…

B: No, pero siéntese, Don Armando, siéntese tranquilo que no muerdo...sólo ladro… (contestó tranquila)

A: (con su cabeza baja) Es que esta ofensa va conmigo también…

B: (férrea) ¿Y es que piensa que se me olvidó la cara que también puso usted cuando nos conocimos acaso?

Armando quedó en silencio. Sabía que Betty indudablemente tenía razón. No quiso contestarle a su cuestionamiento, pues no deseaba que las cosas se tornaran más caldeadas de lo que ya estaban. No quería seguir probando del sabor amargo de la Betty que estaba proyectándose ante él en ese instante… De esa Betty que en momentos era un panal de la miel más exquisita, y en otros momentos podía tornarse también en la fruta más agria y la navaja más cortante con sus palabras…

M: (casi sin poder mirarla) Beatriz, por favor, perdóneme. Sé que estuvo muy mal de mi parte haberle hecho lo que le hice, pero trate de olvidarlo, por favor... Estamos en Navidad...

B: Muy bien, asunto olvidado. Pero lo dejaré pendiente para el año próximo...Doctor Calderón... (mirándolo a los ojos con firmeza)

Mario tragó saliva intimidado por aquellas palabras tan duras que parecían flechas lanzadas con fuego. Trató de mantener la calma y la compostura…

M: Gracias, doctora Pinzón... Sin resentimientos. Como ya sabrá, mi nombre es Mario Calderón, Vicepresidente Comercial de Ecomoda y amigo de Armando…

B: Sí, ya me dí cuenta que son muy amigos y que comparten muchísimo. Sólo espero que las malas costumbres no sean compartidas también… (contestó con una sonrisa forzosa como si hubiera hecho un chiste)

M: (sonriendo forzoso) A pesar de todo, su sentido del humor sigue intacto, ¿cierto?

B: Eso nunca se pierde, doctor…

Mario le extendió la mano amablemente, estrechándola en un acto de paz ante los ojos de Armando…

Las horas pasaron rápidamente. El reloj del comedor marcaba ya las 11 de la noche. Como planeado, todos se reunieron en la mesa del comedor para degustar de la cena navideña que se extendía sobre aquel mantel como exquisitos manjares. Unieron sus manos para darle gracias a Dios por todas las bendiciones recibidas durante el año y por la Navidad…

Todos: Amen...

Comenzaron a comer en silencio, mientras Betty y Armando intercambiaban miradas inquietas y extrañas, al ritmo de sus corazones que latían cada vez más con mayor intensidad, desconociendo el motivo. Armando no comprendía qué le estaba sucediendo, pero sabía que algo poco normal estaba experimentando. Miraba por momentos a su amigo Mario, quien comía gustosamente como si nada más existiera a su alrededor y luego volvía a mirarla a ella… a Betty. Casi no podía probar bocado, pues sus manos y su boca temblaban como si tuviera frío. Estaba muy pensativo y distante, mientras continuaba mirando a todas partes como si tratara de buscar una ocasión propicia para realizar alguna cosa. Metió su mano en uno de sus bolsillos y tomó tembloroso un objeto que llevaba en éste guardado. En medio de la amena y sigilosa cena, Armando se levantó inesperadamente de su silla y quitándose las gafas desconcertado, miró fijamente a Doña Julia y a Don Hermes…

A: Don Hermes… Doña Julia. Hay algo muy importante que quiero comunicarles. Yo… yo… (titubeando nervioso) … estoy enamorado y me gustaría mucho que de hoy en adelante, me aceptaran en su casa como prometido y futuro esposo de su hija… Beatriz Pinzón…



CONTINUARA…


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Capitulo 6: El Misterio de Tu Vida

"La Reina de las Feas: El Misterio De Tu Vida…" Cap 6
Por: Lissette Lasanta (Soñadora)
Mayela Rodríguez

CANCION MIDI: "OTRA MUJER" EROS RAMAZZOTTI

"Amor mío,
Nos hemos encontrado
Sedientos y nos hemos
Bebido toda el agua y la sangre,
Nos encontramos
Con hambre
Y nos mordimos
Como el fuego muerde,
Dejándonos heridas.

Pero espérame,
Guárdame tu dulzura.
Yo te daré también
Una rosa."



El cielo copado de nubes grisáceas heló a Bogotá esa noche, mientras una ráfaga de frío se desprendió de aquella lluvia que castigaba la piel de Armando sin piedad, quien comenzó a temblar del frío, justo frente a la entrada de la casa de Betty. Sus dedos tocaban el timbre y a su vez el acrílico de la puerta desesperadamente...

Don Hermes enfurecido, se acercó a la puerta abriéndola lentamente. No se detuvo por un instante a fijarse de quien se trataba, cuando levantó su voz en reclamo...

DH: Caray, somos familia respetable… ¿no tiene vergüenza acaso? No tumbe mi puerta…



En medio de la oscuridad que reinaba afuera, Don Hermes reconoció a Armando bajo aquella mirada atormentada, desencajada, llorosa… lejos de su firme fachada que sostenía en cada momento, la cual era imposible de disimular con el tumulto de emociones que lo azotaron bajo la furia de aquella lluvia dejándolo vulnerable…

DH: ¡Doctor Mendoza! – exclamó con total asombro

Armando se sentía avergonzado de aquellos impulsos que lo trajeron a ella, dejándose guiar por una profunda tristeza que lo llevaría a su destino. Las gotas seguían cayendo, confundiéndose con las lágrimas que rodaban finamente sobre el rostro afligido de él...

Otro trueno desató la gran furia de aquel diluvio que parecía interminable desde que comenzó a tempranas horas de la tarde, dejando el paisaje casi perfecto en un claroscuro lleno de sombras y tristezas...

DH: (sobresaltado por el estruendo) Pero Doctor, pase adelante por favor que se podría resfriar más. Cálmese y nos dice qué le pasa…

Armando sonrió tímidamente ante aquella voz paternal, que a pesar de no caerle del todo bien, Don Hermes lo trataba con estima como si fuera alguien más de la familia… Entró a la casa, mientras Doña Julia salía del comedor extrañada por su presencia, cuando miró su rostro e inmediatamente le removió el saco mojado...

DJ: Le traeremos ropa seca, doctor... Betty no demora en bajar para la cena…

DH: Sí doctor, no se preocupe, le prestaremos algo para que se cubra. Estando con ropa mojada se puede resfriar. Dígame doctor, ¿que le pasó? ¿Se le averió su carro, acaso? Porque me da la impresión de que lleva varias horas bajo la lluvia, ¿no es cierto? No es nada saludable para nadie. Su familia debe estar preocupada por usted…

A: (cabizbajo) No, Don Hermes. Yo no tengo más familia. Sólo una hermana que vive muy lejos. Mis papás murieron en septiembre… sólo venía de visitarlos... (rompiendo en llanto)

Armando cubría su rostro con sus manos tratando de encerrar su dolor entre ellas, mientras Don Hermes conmovido se acercó a él envolviéndolo en un cálido abrazo... Betty se hallaba en su habitación. Con su pijama de pantalón y camisa, se secaba su cabello mojado luego de un baño tibio. Cobijada con una sábana tras aquella ventana, miraba el paisaje triste que se dibujaba en el cielo azabache... Con la intensidad de aquella tormenta afuera, se asemejaba a un quejido en el viento que le susurraba, alertando todos sus sentidos... Doña Julia entró sutilmente, mientras Betty se perdía en el silencio de sus recuerdos…

DJ: Betty, mamita...el doctor Mendoza esta abajo con su papá. Tiene muy mal semblante...

B: (abriendo sus ojos) ¿¿Don Armando está aquí, mamá?? ¿A estas horas y bajo este mal tiempo?

DJ: Sí, mija, y no sabe la cara que trae. Parece que tiene muchos problemas…

B: (incrédula) Mamá, por Dios, ¿qué problemas puede tener un hombre como él? Usted sabe muy bien cómo son, todos iguales, manipulando las emociones de nosotras las mujeres…

DJ: Quizá tenga razón, mamita, pero no sé, ésta vez pude percibir en él realmente algo muy grande que lo está atormentando… Baje allá, Betica, tal vez con usted pueda sincerarse…

B: (suspirando) Ay mamá, cada vez que tiro mis armas me vuelvo débil una vez más…

DJ: ¿Y por qué dice eso, mija? ¿A qué se refiere con una vez más?

B: (nerviosa) A nada mamá, no me haga caso…

DJ: No me diga que hay algo en su corazón referente al doctor, ¿no mamita?

B: (sobresaltada) ¡No, mamá…cómo se le ocurre!

DJ: Se me ocurre porque la conozco, Betty. Porque hace mucho tiempo no veía en sus ojos ese brillo cuando me habla de ese señor…

B: (suspirando) Pues sí…mamá… no sé que me pasa cada vez que estoy a su lado. Vuelvo a sentir esa extraña sensación que una vez sentí por… por aquella persona que he olvidado…

DJ: Quizás sea el amor que está tocando a su puerta una vez más mamita…

B: No lo sé, pero no puedo permitir que otro hombre igual que aquel entre una vez más a mi vida…

DJ: Betty… no juzgue tan duramente al doctor Mendoza. El hecho de que sea una persona importante o con plata, de buena pinta y atractivo no quiere decir que sea igual al de su pasado…

B: No lo sé… estoy muy confundida, mamá. Bajaré a ver qué le sucede…

Betty volteó a ver el rostro de su madre asombrada, acudiendo sin pensarlo a ponerse una bata de algodón encima de su pijama, bajando apresurada las escaleras que la guiarían a su encuentro con él…
Al llegar a la sala, su corazón palpitó con fuerza al hallarlo allí llorando como un niño pequeño con las manos cubriendo su rostro abatido. Don Hermes con voz dulce trataba de calmarlo inútilmente, mientras Doña Julia se acercaba a él nuevamente con la ropa seca...

Betty no podía creer aquella escena tan conmovedora que se desplegaba ante sus ojos. Jamás se lo hubiera podido imaginar así, y mucho menos, que llegara a pensar tan siquiera en tomar su hogar como refugio de su dolor y su desgarradora soledad sin sus padres en aquella época del año tan importante que era la navidad…El profundo pesar que cargaba él en su vida, dejó a Betty perpleja ante ese Armando desconocido, que sollozaba dejando verter sus sentimientos encontrados ante lo que ella no imaginaba ser para él… la creadora de sus días turbios…

Betty se acercó lentamente posando sus manos temblorosas sobre el hombro de Armando, que pese a las recomendaciones de Don Hermes, se negaba rotundamente a cambiarse de ropa… Abrió estremecido sus ojos inmovilizando su mirada sobre los ojos de ella, a quien observó apagado y entristecido, perdiéndose en un mar profundo de confusión, difícil de sobrevivir en él…

Don Hermes y Doña Julia se miraban uno al otro viendo la escena, ya que no sabían que más hacer por él…
Betty entrelazó sus manos con las de Armando, mientras éste no dejaba de mirarla a ella sin sus lentes gruesos, dejándose atrapar por las pasiones oscuras y misteriosas de aquellos ojos negros que se posaban con amor, aún con aquel capul que siempre enmarcaba su rostro inolvidable… Dulcemente lo ayudó a levantarse y lo llevó tomado de la mano hacia el baño. Sus papás tan sólo miraban asombrados la voluntad que Betty tenía sobre él... Así como podían pelear como perro y gato, él era masilla entre sus manos o barro al que ella podía dar la forma que quisiera…

Ambos entraron al espacioso baño, sentándolo en una silla. Afuera se escuchaba la voz preocupada de Don Hermes que estaba parado en la puerta con Doña Julia…

DJ: Betty, ¿está todo bien, mija…necesita algo?

B: Todo está bien papá... no se preocupe, pero sería bueno que le diéramos a Don Armando la ropa seca…si no le dará pulmonía y será peor…

DJ: Esta bien mamita yo voy por ellas... Las dejé en la sala. Su papá esta aquí si llega a necesitar algo mas...

B: OK, mamá...

Betty volteo a donde Armando que aun seguía sollozando, mientras se arrodillaba ante el con una toalla pasándola por su rostro atormentado por su ineludible tragedia y dolor que lo arrastró ante ella…

B: Doctor ¿que le sucede?...Jamás lo había visto así...

Armando fijó sus ojos en aquella mirada que le cuestionaba preocupada. Ella estaba irresistiblemente tierna y angelical, como la había visto antes con Esteban y Sergio…

Una furia se desencadenó en él al verla tan amable, tan dulce ante sus ojos como jamás había pensado verla ante él. Aquella Betty ingenua, débil y mansa que regalaba su sutileza a otros y a él le entregaba su distante comportamiento, lo hizo transformarse en una fiera inexplicable, invadido por un sentimiento que era totalmente desconocido para él. La tomó con sus manos abiertas sobre su espalda, empujándola hacia él y sorpresivamente se adueñó de sus labios a ojos cerrados totalmente desesperado, dejándola inmóvil por unos minutos…

Betty tembló ante aquel arrebato de él. Su cuerpo parecía una hoja al viento que se dejaba arrastrar. Sentía una corriente en sus venas que la mantenía atada, como una descarga. Armando la besaba con fuerza, dejando besos que se repetían cada vez con más intensidad. Su cabeza se movía aprisionando los labios de ella a los suyos. Recorrió sus mejillas como un sendero que lo llamaba, marcándolas con sus labios tibios y con lágrimas que no dejaban de escaparse de sus ojos dormidos. No comprendió cómo aquella sensación le provocaba una sed incontenible y unas ansias de saciar esa necesidad que no comprendía y que lo arropaba y lo empujaba cada vez más a ella. Y peleando ambos en sus adentros, se dejaron vencer por aquella locura un largo rato…

Inesperadamente, Betty reaccionó, logrando desprenderse de aquel hechizo con un movimiento rápido, plantándole sin pensar una sonora cachetada que lo dejó marcado en su cara. Aceleró sus pasos hacia la puerta, donde ya estaba su mamá esperándola con la ropa limpia para Armando. Doña Julia sin lograr entender el rostro desencajado de ella, le entregó la ropa seca...

DJ: Mamita ¿le pasa algo…por qué esa cara?

B: Nada mamá, no pasa nada… (nerviosa)

DJ: Mire aquí esta la ropita limpia. Su papá insiste en que el doctor se quede ya que no parece que dejará de llover y ya es muy tarde. Sería una canallada mandarlo en ese estado para su casa. Dígale al doctor que le haremos lugar en el estudio...

Betty bajó su cabeza ante ella en un suspiro mientras asentaba afirmativamente con su cabeza. Su corazón aún palpitaba tan fuerte que no hallaba cabida en su pecho...

B: Está bien mamá. Yo le digo... -contestó nerviosa, volviendo a la puerta del baño.

Lentamente regresó a él entregándole sin mirarlo las prendas de dormir a Armando, poniéndola sobre el lavado. No hubo momento de reflexión entre ellos sobre lo que había ocurrido. No hubo reproches, no hubo palabras. Aquel beso de furia y a su vez de desesperación, era una nueva página que se había marcado en sus vidas. Se abría un libro nuevo ante ellos, con una historia que los golpearía, los atropellaría, los uniría y los arrastraría a un frenesí de pasión, odio y amor. Sus corazones palpitaban aceleradamente, mientras sus ojos se encontraban y se miraban ésta vez de una manera que jamás volvería a ser la misma de antes…

B: Aquí tiene…doctor. Póngase esta pijama. Todavía llueve mucho y el tiempo no es el mejor. Sería terrible enfermarse y no pienso cargar con la culpa por haberlo mandado así en este estado. (silencio entre ellos por unos instantes mientras se miraban profundamente) Estaré en el estudio, creo que hay cosas que debemos hablar...

Armando asentó con su cabeza mirando a aquellos ojos expresivos y profundos que sobresalían del rostro poco agraciado que lo hicieron perderse por unos instantes en un mar de confusiones, en el cual había logrado también hundir en éste a ella también...

Betty salió recostándose sobre la puerta del baño, y sin que él ya pudiera observarla, se tocó la huella húmeda de aquellos besos sobre sus labios temblorosos y que llevaba ahora en su piel marcados como fuego...

Ya sentada en el escritorio del estudio, Betty continuaba aturdida y trastocada por lo que había sucedido. Sentía un cosquilleo en su pecho que la recorría hasta su vientre. Jugueteaba entre sus dedos con una pluma muy nerviosa sobre el escritorio, esperando que Armando entrara allí...

En unos momentos, apareció él, vestido con una pijama azul oscuro, con el rostro avergonzado e imposible de mirarla a los ojos. Ella lo miraba de reojo, sin decir palabra, mientras le indicó con el dedo que se sentara frente a ella…

B: (suspirando nerviosa, armándose de valor) Doctor… no sé a dónde ha querido llegar con lo que acaba de suceder, pero estoy muy confundida y siento la necesidad de que usted pueda aclarármelo...

A: (avergonzado) Betty… lo siento mucho, de verdad, lamento haberme comportado tan brusco con usted allá en el baño, pero es que… es que…

B: (seria) ¿Es que qué, doctor?

A: Es que sentí hacer lo que hice…

B: ¿Qué sintió hacerlo me dice? (contrariada) No comprendo… no comprendo…y tampoco creo en sus palabras…

A: (haciendo un esfuerzo por explicarle) Vea, no sé por qué, y tampoco podría explicarle bien, pero de mí brotó tan intensamente lo que hice, como si algo en mis adentros me lo pidiera a gritos...quizás usted deba entender qué pudo haber pasado conmigo…

B: (molesta) Si lo entendiera no estaría preguntando, doctor y no creo que tenga la habilidad de adivinar ni mucho menos… Usted me besó, me abrazó y eso es algo que debe tener una explicación y creo que estoy en todo mi derecho de saber, de preguntarle, de entender por qué lo hizo. Uno no hace las cosas por que sí… uno las hace movido por algo, y eso es lo que deseo poder comprender. Claro…si tiene la bondad de explicarme, doctor Mendoza…

A: (mirándola fijamente) Pero es que usted también correspondió a ese beso, a esas caricias, a ese mismo deseo. Yo también tendría el derecho de una explicación o simplemente conocer qué la movió a hacerlo a usted también, Beatriz…

Betty quedó perpleja ante sus palabras. No podía dar crédito a aquel cuestionamiento suyo, cuando había sido él mismo el que había provocado aquella situación. Aunque ella conocía perfectamente la razón qué la había movido a corresponderle, no se daría el lujo de desperdiciar sus palabras en saciar la curiosidad arrogante de él…

B: (esforzando su ironía) ¿Sabe qué, doctor Mendoza? Ante una situación tan difícil y comprometedora como la que se presentó en ese momento ante mí, no tuve otra alternativa que contestarle de la misma manera con la que usted me estaba acechando. Es cierto, usted hizo algo movido por un no se qué, que ni usted mismo puede explicarse, y de la misma usted me movió a hacer lo mismo… Soy humana, mi carne es débil y siente pasiones igual que usted, ¿o creía que yo era un ser de otro mundo, doctor? Soy mujer, por si no se había dado cuenta y sentí tal vez la misma urgencia de un beso al igual que la pudo sentir cualquiera. ¿Satisfecho?

A: (mirándola con una sonrisa incrédula) Pero es que usted no es cualquiera, Beatriz, y no creo que si tal vez otro hombre lo hubiera hecho, usted lo hubiera besado como lo hizo hace unos instantes conmigo…

B: (molesta) ¿No deja nunca de ser tan altanero usted, cierto?

A: Ni usted igual de fiera, de muñeca brava…

B: Tratándose de usted, nunca dejaré de serlo, doctor Mendoza…

A: ¿Y por qué tratándose de mí? Porque por lo que veo usted no es así con los demás… por ejemplo con el “guapísimo” pelilargo rebelde amigo suyo…

B: ¿Con Esteban Villanueva?

A: Con Esteban ChuChú como se llame…

B: Yo me comporto con las personas como se merecen, doctor y Esteban indudablemente se ha ganado toda mi confianza. Así que no le permito que hable mal de él…

A: ¿Ah no me lo va a permitir? Veo que ese joven es muy importante para usted, ¿cierto?

B: Sí, muy importante… Diría que es el hombre más importante en mi vida en estos momentos, doctor…

A: (furioso) ¡Qué bien, Beatriz! Pues dígale a él que la contrate como asistente suyo entonces…

B: (levantándose de su silla molesta) ¿Sabe qué doctor Mendoza? Renuncio…

Armando quedó instantáneamente petrificado en su silla. Sabía que había vuelto a cometer el terrible error de tratar a Betty como no debía y el horror de perderla y dañar sus planes con ella se apoderó nuevamente de su conciencia. Se preguntó en un sólo instante una y mil veces qué le estaba ocurriendo, el por qué de su reclamo tan férreo hacia ella. Sintió que su sangre se había acumulado en su cabeza y su vista se había nublado completamente. El recuerdo de aquel hombre de cabellos largos que la llenaba de halagos y había logrado adueñarse de la confianza de ella que sólo a él debía pertenecerle, lo había herido en su pensamiento con unos celos incomprensibles y su orgullo como una cuchilla punzante...

Betty se apresuró hacia la puerta para retirarse muy molesta a su habitación, cuando una mano fuerte y desesperada la agarró firme y la empujó nuevamente hacia él...

A: (respirando acelerado) La amo, Beatriz... y no sabia cómo decírselo... (moviéndo su cabeza confundido y contrariado) La amo a usted con ese genio, con esa fiereza, indomable, salvaje y la vez, tan dulce… La amo con esa pasión que brota de su piel, de esos labios que pude besar finalmente esta noche…

Armando se acercaba cada vez más a ella, encontrándose sin darse cuenta abrazado a su figura tibia, cubierto ambos por aquellas pijamas que contenían en sus adentros el calor inquietante de sus cuerpos. Se acercó tanto a ella, que no se había percatado que la tenía fuertemente aprisionada entre sus brazos…

A: No se cómo competir con usted...Usted es superior a mis fuerzas...

Completamente aturdida y sin palabras, Betty abrió sus ojos de par en par, mientras Armando seguía brotando sus sentimientos encontrados entre sus brazos intensos, mientras sus ojos se encontraban en una mirada que debilitaba hasta sus huesos…

A: Hasta adoro cuando tiene la razón... Usted se ha convertido en mi cable a tierra...

Betty dejó desprender de sus ojos unas tímidas lágrimas que rodaron frías por su rostro, sin evitar sonrojarse con aquellas palabras… Volvió con mucha dificultad a incorporarse y a recuperar las fuerzas perdidas…

B: (soltándose de su abrazo) No comprendo algo, doctor. En algún momento de ésta conversación creo haberme perdido. Vayamos por parte, porque creo que definitivamente a esta telenovela le falta un capítulo que no logro entender... Su tristeza… esa tristeza que lo trajo hasta aquí, ¿a qué se debía, doctor?

Armando sonrió tímido mientras tomaba fuerzas para contestarle…

A: (confundido) Mi tristeza…sí, eso. Estaba triste porque… porque no sabía qué hacer, Beatriz…

B: ¿No sabía qué hacer? ¿A qué se refiere con eso?

A: Betty…yo...yo...te amaba desde hace tiempo...y no sabia cómo enfrentarlo... y ésta noche, tuve una relevación impresionante, pero no de tí....sino de mí...de mis sentimientos. Estaba en la tumba de mis padres…

B: ¿Pero y qué hacía usted allí a esta horas y con este mal tiempo, doctor?

A: (triste) Estaba contándoles cosas de la empresa, que te había conocido, que te habías convertido en una persona tan necesaria para mí y ahí fue que supe que te amaba… Lloraba porque no estaría con ellos para que te conocieran y disfrutáramos de la cena navideña que siempre hemos hecho en familia. Pero ahora yo soy mi única familia, mi hermana esta muy lejos con su esposo y ahora me he quedado solo...

Betty no pudo resistir aquella tristeza que brotaba de sus ojos sombríos y lo abrazó fuertemente, fundiéndose a él, reconfortándose con el calor de sus cuerpos mientras ella proporcionaba la paz que ambas almas necesitaban...

B: Shhh no siga...cálmese doctor... En todo caso, usted sabe lo que ha significado para mi familia conocerlo. Mis papás lo quieren como a un hijo. No se olvide de eso...

Armando tomó el rostro de Betty entre sus manos mientras Betty le esquivaba nerviosa...

A: ¿Y para usted? ¿Qué ha significado para usted conocerme, Betty?

Betty temblaba estremecida con tan sólo pensar en la verdadera contestación a aquella pregunta…

B: (temblorosa) Para mí… para mí ha significado mucho, Don Armando…

A: ¿Mucho?

B: Sí…

A: ¿Cuánto es mucho para usted, Betty?

B: (nerviosa) Doctor, no siga preguntándome, no me perturbe con esas preguntas a estas horas, por favor…

Armando la acercaba nuevamente a su cuerpo sutilmente, despacio, sin prisa, como si su piel tuviera un imán que lo obligara a no soltarla, a no dejar un espacio entre ellos… Comenzó a acercar su rostro delicadamente al oído de ella, mientras ella no podía evitar cerrar sus ojos al sentir su aliento atarse como una cinta a su cuello… Armando la debilitaba a tal punto, que experimentaba un letargo que la embriagaba y la convertía en un cordero manso entre sus manos…

A: (susurrante) ¿Cuánto es mucho para usted, Betty…mi reina?

B: (estremecida) Lo suficiente…

A: (confundido) ¿Lo suficiente como para qué?

B: (temblorosa) Lo suficiente como para renunciar a él…

Y diciendo esto, se soltó de aquellos brazos que la sujetaban febriles y salió corriendo de aquella habitación. Armando quedó con su boca abierta, sorprendido por aquella contestación que lo dejó con una terrible sensación de locura y confusión a su vez…

Los minutos pasaron y las horas se hicieron eternas con el rugido interminable de aquel diluvio furioso que golpeaba el vidrio de las ventanas de aquella habitación y por el destellar de los rayos que la iluminaban. Otro diluvio se desataba adentro, pero era una tormenta de emociones que no dejaban conciliar el sueño de Armando y más aún, sabiendo que él estaba allí en esa casa, durmiendo tan cerca de ella. Acomodado en un amplio sofá, Armando se movía inquieto, atormentado por las últimas palabras que habían salido de la boca de ella…

A: (pensando disgustado, preguntándose en sus adentros) “¿Lo suficiente como para renunciar a él? ¿Pero qué me habrá querido decir Betty con eso? ¿Quién es “él”? Dios mío, ¿qué me pasa?

Mientras Armando navegaba en sus interrogantes allá abajo en el despacho, Betty observaba perdida el horizonte desde su cama, con el caer de las espesas gotas de lluvia que golpeaban insistentes en su ventana. Pensaba en la contestación que había brotado de su alma para él esa noche y nunca supo cómo tuvo el valor de hacerlo. Esa noche jamás había estado tan fría como ninguna otra a medida que le turbaba los sentidos por la inquietud y la incertidumbre de un posible mañana tras aquella tormenta, tras la confesión de unos sentimientos que no podía creer, seguido por aquel fallido intento de acercamiento de él hacia ella...

Una vez mas, Betty se hallaba para Amando más lejana de lo que realmente estaba, mientras seguía inevitablemente contrariado...
Aquella reacción de Betty y sus palabras, lo habían dejado confundido, lleno de temor al creer poder perderla y alejarla de los planes que ya tenía trazados con ella. Las horas de la madrugada pasaban oscuras y aún tormentosas, despertando más esa sensación de inquietud en Armando. Ya había logrado haber dado aquellas dosis de palabras dulces y aquel aparente impulso forzado llevándolo a besar sus labios angelicales, que sin poder hallar una razón a su cambio de comportamiento tan repentinamente, se entremezclaron en ese instante con su ira y dolor…

Perdido en sus recuerdos, vino a su mente las locuras de su niñez y la insaciable curiosidad que siempre sentía hacia las cosas incomprensibles para él, lo que lo hizo desarrollar ese don para armar un rompecabezas de respuestas a medias. Armando comenzó a sentir esa misma fuerte curiosidad por armar ese rompecabezas que era para él la vida de Betty, lo que lo arrastraba a un abismo cada vez más sin darse cuenta. Esa curiosidad al final lo terminó venciendo como solía pasar siendo un niño y se levantó lentamente del sofá, caminando hacia la puerta en puntillas hasta abrirla lentamente sin tratar de hacer el más mínimo ruido… Miró para todos lados asegurándose que no hubiese nadie alrededor, para así comenzar a encontrar aquellas respuestas que tanto le inquietaban sobre ella...

Armando sabía perfectamente, en su corto tiempo de haberla conocido de manera accidental, lo recelosa que era ella con aquel pasado que la atormentaba convirtiéndola en una persona cerrada socialmente. Para Betty, él no era un desconocido, pero Armando sabiendo que al Betty no ser ell tipo de persona socialmente abierta, debía encontrar sus respuestas en juntar todas aquellas partes de un rompecabezas que saldría en su búsqueda, esa misma noche, tal vez aventurándose entre sus cosas, entre sus pertenencias, justo en la planta baja de la casa de ella, donde había entrado una vez cuando buscaban una habitación en la casa para habilitar un despacho...

Las oscuras escaleras que conducían hacia la planta baja se podían divisar desde una puerta que se encontraba en la cocina, justo al lado del refrigerador, por la cual Armando cruzó con una pequeña linterna llevándolo hacia el sótano. Allí se albergaba muebles sin usar, con los cuales Armando torpemente se tropezó antes de encontrar el interruptor de la luz. El cuarto a media luz, alumbrado solo con un foco tenue, daba a ver un espacio grande donde habían cajas guardadas y artículos que se mantenían con olor a añejo y polvo… Con cara de desagrado, Armando se acercó impulsivamente a éstas revisándolas cada una por sus nombres hasta encontrar lo que realmente necesitaba localizar; una caja que tuviera algo referente a la vida de esa mujer que tanto lo intrigaba, la que llegó a ver con unas inscripción a mano que decía: “ Recamara de Betty”. Haciéndose espacio entre las demás cosas que interferían en su camino, comenzó desesperadamente a abrir la caja con el nombre de ella…

Su contenido consistía en un puñado de muñecas preciosas de porcelana, una almohadilla de hilo tejida a mano con una pequeña inscripción: “Te amo”, mientras lo más extraño y perturbante que pudo encontrar fue la cantidad de fotos picadas a la mitad, las tablaturas de música escritas a mano de piano, con unas borrosas siglas difíciles de poder descifrar en la poca luz… Por más que indagara, ante sus ojos Betty era un rompecabezas confuso y a su vez, impresionante...

A: (molesto) Por Dios… qué jartera de mujer que es la novia de la enigma…o la esposa del misterio... No pues, no dice nada, no proporciona nada… me quiere volver loco. Pero no me quedaré picado y con la duda, no señor..

Armando continuaba buscando, sumergido en aquel paraje oscuro de la incertidumbre, mientras se acrecentaba cada vez más su curiosidad por llegar al fondo de aquella interrogante que lo atormentaba y le hacía experimentar el sabor amargo de la duda. Mientras seguía su búsqueda mas se interesaba en saber de ella, y más su corazón palpitaba sin entender por qué. Ya en el fondo de la caja, algo relativamente pequeño, redondo y palpable en sus manos, llamó su atención poderosamente. Al sacarlo, sus ojos engrandecidos vieron el objeto cerca de la luz, mientras aquello tan pequeño brillaba a su vez como con luz propia de los brillantes incrustados dentro de los 3 corazones bañado en oro blanco…

Sin lugar a dudas, aquello era un anillo de compromiso. Una sortija tan valiosa que triplicaba el salario que Betty recibía de Ecomoda. Armando abría sus ojos y los cerraba impresionado al contacto con aquel anillo que sembraba aún más las millones de preguntas que navegaban en su cabeza… Confundido y mortificado, movía el anillo en sus dedos hasta encontrar en éste lo que mas temía… la inscripción de palabras sencillas que se clavaban en su corazón atravesándolo como un puñal: “Para la mujer que amo”…

A: ¿¿Para…Betty?? – se preguntaba inquieto, mientras una ráfaga de furia nubló por un instante su mirada…

Su corazón, frágil en aquellos momentos, lo obligó traicioneramente a derramar una lágrima que ni él mismo se dio cuenta. Recordó aquellas últimas palabras que ella dijo antes de salir corriendo esa noche de sus brazos y bajó su cabeza totalmente vulnerable, débil y con el más devorante sentimiento de culpabilidad que jamás había sentido en su vida…

En medio de aquel silencio, Armando no sabia qué realmente había hecho con ella. También el pensar si había alguien más importante a quien ella debió amar o aún amaba con locura, se sumaba a la montaña de emociones dolorosas que estaba experimentando en esos momentos. Su reto de “enamorar a la fea” lo dejó totalmente desarmado y lo hizo pensar en la poca dignidad que tuvo al haber accedido a una idea tan absurda y cruel por obtener el beneficio de una herencia que sabía le traería más dolor que satisfacción para su vida...

Sin pensarlo dos veces, tomó el anillo en sus manos encerrándolos en su puño, mientras veía algo mas que le llamó la atención de igual importancia. Trazos de una carta que parecía de amor se esparcían en aquella caja, la cual se dio a la tarea de unir todos sus pedazos y logró leer:

“Te siento tan distante, tan fría y tan distinta a la mujer que al principio conocí. No puedo entender la sequedad de tus besos, la insensibilidad de tus palabras que se oyen huecas y vacías al hablarme, como si ya no contuvieran el gran amor que solías decirme que sentías. Necesito tenerte y no me dejas, necesito amarte y me huyes como una fugitiva. Necesito entender tus razones, saber de tus labios qué es lo que pasa en tu interior. ¿Has olvidado todos los momentos que hemos pasado juntos? ¿Ya no te importa el recuerdo que nos unirá por siempre? Necesito volver a tener tu sonrisa, a volcar mi pasión sobre tu pecho tembloroso. No me dejes abandonado en esta locura. Háblame, dime que aún me sigues amando…
Te necesito…”

Armando no daba a crédito a lo que leía y veía ante sus ojos. La mujer que siempre creyó no seria amada por nadie lo había sido por alguien. Completamente asombrado, sin palabras, pálido, temblando por un fuego que lo consumía, trató de recoger todo nuevamente poniéndolo en su lugar. Sintió una urgente necesidad de salir corriendo, de escapar de aquel lugar que lo había aprisionado y dejado sin respiración. Selló la caja y dejó todo intacto como estaba...

Pero el anillo permaneció en sus manos, encerrándolo cada vez más fuerte entre su puño y regresó al despacho casi sin darse cuenta por la impresión tan grande que se había llevado. Aquel anillo permaneció en su mano hasta quedar rendido ante el sueño y la desesperación de que llegara la mañana… probablemente con la valentía de cuestionarle aquel pasado descubierto ante sus ojos y que lo llenó de locura toda la noche o tal vez… con la idea de haber decidido cambiar los planes que tenía para ella…

CONTINUARA……..

**Poema "Ausencia" de Pablo Neruda


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martes, 15 de mayo de 2007

Capitulo 5: Tu Impusiste las Reglas

Canción Midi-"Corazón Partío" de Alejandro Sanz

“La Reina De Las Feas: Tú impusiste las reglas…” Cap. 5
Por: Lissette Lasanta
Mayela Rodríguez

"A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces...

Entonces, ¿dónde estabas?
¿Entre qué gentes?
¿Diciendo qué palabras?
¿Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
Cuando me siento triste, y te siento tan lejana?"
“El frío reinaba sobre la niebla. En medio de un extenso bosque caminaba ella, perdida, asustada, con lágrimas en sus ojos. La luz penetraba tenuemente entre las ramas que se entrelazaban en el aire, cubriendo el cielo, sobre ella. Miraba a todas partes desesperada, en el intento de hallar algún ser que se apiadara de su soledad, de su desamparo y que la guiara hábilmente por aquel camino donde se había extraviado. Sus manos estaban juntas, con su puño cerrado, como quien oculta aferradamente algo de mucho valor. De repente, pudo percibir una presencia que la arropaba y a su misma vez, le causaba escalofríos. Caminó despacio hasta detenerse temblorosa y pudo percibir una mirada que devoraba su espalda y el temor la invadió súbitamente. Sentía que unos pasos se aligeraban hacia ella imponentes, cargados de fuerza y ardor de fuego. Posesionada por el miedo sacó el valor de dar la vuelta y dar frente a aquella figura que se dibujaba ante su mirada. Con sus ojos humedecidos abrió su puño y un anillo cayó sobre el suelo y rodó hasta llegar a los pies de aquel hombre que la miraba con dureza. El tomó el anillo en sus manos y la ira se apoderó de sus ojos. Ella corrió llena de pavor, tratando de escapar, mientras él la perseguía incansable a través de borroso pasaje. De pronto unos brazos se extendieron ante ella y la aprisionaron protectores, fuertes, mientras la figura que la perseguía se disolvió sorpresivamente con la fría y perturbante brisa…”



Aquel mal despertar era ya común en los amaneceres de Betty, quien era arrebatada de su tranquilidad como de costumbre por las pesadillas que la traían nuevamente a su realidad con rudeza. La misma rutina, el mismo desayuno, el mismo camino hacia la universidad… era todo lo que continuó rodeando su vida hasta los días siguientes…

Pero luego del trato que Armando y Betty hicieron, desde el atardecer naranja en la biblioteca, ambos comenzaron a experimentar cambios drásticos y definitivos en sus vidas desde aquella tarde cómplice…

Betty había platicado con Don Hermes Y Doña Julia con respecto al ofrecimiento de trabajo y todas las condiciones establecidas por Armando, que aunque les extrañó sobremanera la actitud complaciente e insistente de él, terminaron por acceder frente a aquella oportunidad que le daba nuevamente la vida a su hija...
Lo más que ellos deseaban era poder volver a ver a su niña sonreír, ilusionada con un futuro prometedor y exitoso ante ella. En cierta manera, sus padres se sentían felices, pues después de tanto tiempo veían ese brillo especial en los ojos de Betty, ese deseo de superación y lucha, luego del desastre que un tiempo antes había vivido y el cual no había podido superar aún. Parecía como si la aparición de aquel hombre en la vida de ella le abriera nuevas puertas en el aspecto profesional e intelectual… La puerta de la habitación se abrió lentamente. No había pasado mucho tiempo después del cierre de aquel trato, cuando Armando y Betty entraron a revisar ese cuarto dentro de la casa de ella, el cual consideraron convertirlo en la oficina de dirección de finanzas de Ecomoda. Una habitación en la planta baja un poco retirada, que según los planes que había tenido Don Hermes, era tratar de conservarla en perfectas condiciones para que Betty permaneciera allí cuando se casara. Pero poco a poco, el destino se había encargado de opacar en ellos esa esperanza para su hija…

A Armando le agradó aquel espacio y esa fue la habitación escogida para hacerle las remodelaciones pertinentes y transformarla en un despacho acogedor…

Mientras recorrían con la mirada aquellos viejos muebles empolvados y las cortinas sencillas de rayas monocromáticas que caían desgatadas sobre unas pequeñas ventanas, se acercaban a cada detalle estructurando ideas para el nuevo proyecto. Armando se movía con aparente tranquilidad, mientras Betty le sonreía un poco aturdida al escucharle hablar...

A: Bueno, Beatriz, aquí podemos poner el mueble de su computador… (señalando el espacio) Abriremos una amplia ventana justo al lado para que entre luz y pueda tener vista hacia afuera desde su escritorio... (caminando un poco más hacia los muebles de la librería) Yo preferiría darle unos libros nuevos si los necesita, pues me imagino que éstos deben llevar muchísimo tiempo aquí… (sacudiendo sus manos del polvo)

B: No tiene idea, doctor… Los libros y todas estas cosas han permanecido intactos desde hace mucho tiempo. Han pasado años desde que acomodamos y guardamos todo esto acá. Estos muebles fueron muy bien usados alguna vez, pero al colocarlos aquí, algunos han sido cubiertos por sábanas para evitar que el polvo los desgaste. El tiempo siempre maltrata todo lo que encuentra a su paso...

A: (curioso) ¿Y por qué han dejado esta habitación así, sin ocuparla por tanto tiempo?

Betty camino un poco distante y triste, de espaldas a él, remontándose en su recuerdo…

B: Hace unos años atrás, mis papás y yo tuvimos que mudarnos a otra ciudad por unos inconvenientes que tuvimos. La casa permaneció cerrada por largo tiempo y poco a poco la hemos ido arreglando nuevamente desde que regresamos. Todo este inmobiliario lo traemos de donde vivíamos, es como parte de un pasado y así ha quedado encerrado aquí, echado al olvido…

A: Ah…veo…Bueno pues, no se diga más. La directora de finanzas de Ecomoda no puede tener estos muebles. De la oficina le traeré todo, ¿me escuchó? Usted no tiene nada por qué preocuparse. Allá tengo su computador, el cual están terminando de ultimarle algunos detalles, los archivos de la empresa, los movimientos bancarios, en fin todo. Los muebles se los enviaré… tranquila. Allá realmente me sobran y no sé que más hacer con ellos....

B: Pero doctor, todo esto es mucho. En realidad yo no le pido más de lo que ha hecho y planea hacer. Yo también puedo conseguir los muebles, además, tengo ya un computador el cual se puede usar para ese propósito...

A: ¿Cómo así, Beatriz? El computador que usted utilizará está casi listo y es mucho más avanzado, no se preocupe. Tendrá acceso directo a la empresa a través de la red por unos códigos que le proporcionaré y los cuales debe conservar como a su vida, ¿me entiende? Nadie debe saber de esto y mucho menos, tener el acceso que usted tendrá…

B: Doctor, no tiene por qué recordármelo, sé muy bien lo que debo hacer… Pero de verdad, yo no necesito tantas cosas. Con este espacio un poco más arreglado yo trabajo perfectamente…

A: Usted debe trabajar en un espacio de acuerdo a su cargo y su importancia, no me pida menos, Beatriz… (contestó serio)

B: Pero es que…

A: (interrumpiéndola) Señorita Pinzón, no me diga que haremos una discusión por esto también. Le doy los muebles, decoramos este lugar y todo lo que haga falta se lo haré traer, no se hable más del tema…

B: (molesta) Como prefiera, doctor, pero recuerde que mi opinión cuenta también, no lo olvide…

A: Lo sé, Beatriz, lo sé y discúlpeme si le parezco un poco imponente, pero es que deseo lo mejor para usted y eso es precisamente lo que deseo proporcionarle…

B: Esta bien, Don Armando…muchas gracias…

Aquella habitación con la rapidez de un abrir y cerrar de ojos, comenzó a tomar forma. Las paredes fueron pintadas con tonalidades verde laurel y color marfil, decoradas con hermosos cuadros de moda y un majestuoso espejo que se podía divisar al fondo de frente a la entrada. Se abrió en la pared una inmensa ventana que daba hacia la calle, para contrarrestar la oscuridad que dominaba aquel lugar. Los muebles, como el escritorio y varias sillas acojinadas, fueron mudados también y donados por Armando. El ingeniero de sistemas trabajaba arduamente con el computador sistematizado a la empresa, el cual montaría y Betty utilizaría en aquella oficina. Poseería en ella los movimientos bancarios, el estado de la empresa en todos sus aspectos, los teléfonos contacto a cada banco, los libros de contabilidad del pasado año y presente año actualizado...
Ya el mes de diciembre había llegado y Betty continuaba por su parte estudiando arduamente. La oficina en su casa ya estaba lista y por otro lado, los detalles y los poemas permanecían arribando a sus manos, causándole la misma emoción y curiosidad a su vez. Aún no había podido descubrir al autor de todo aquello, que de cierta manera había alegrado sus días, adornándolos de delicadeza. Ingenuamente, pensaba por momentos que Armando podría estar detrás de todo eso, pero se negaba a esa posibilidad… Su jefe no podría haberle enviado detalles tan específicos, mostrándole unos sentimientos que se reflejaban en cada palabra escrita, pero que no los podía percibir en el comportamiento de él… Aunque era una realidad que Armando la había tratado de una manera demasiado especial, aún ante la frialdad que ella le mostraba en todo momento…

Una tarde en la biblioteca mientras estudiaba, Betty se acercó nuevamente al empleado que la había ayudado a buscar unos libros que necesitaba con premura en varias ocasiones. Se acercó a Esteban Villanueva. Desde aquella primera vez que hablaron, fue creciendo entre ellos una fuerte amistad. Betty al principio fue un poco reacia ante él, pero no sostuvo esa postura por mucho tiempo ya que ella sabía que él era un hombre sumamente distinto a los demás. Había caído irremediablemente ante el encanto de un hombre respetable, lleno de nobleza, luchador, perseverante y con una inteligencia y brillantez admirable. A pesar de sus enormes gafas, su cabello largo lacio hasta sus hombros que se escurría libremente y su vestimenta rebelde, descubrió en él un ser lleno de virtudes, muy lejano a lo que todo el mundo pensaba debido a su evidente fealdad. Esteban era dulce, dispuesto, amable y muy caballeroso. El rechazo de la gente hacia él y las constantes burlas, a veces lo entristecían y en cierta manera, Betty aspiró a ser ese alguien en quien él también pudiera buscar apoyo, comprensión y cariño. Desde que Nicolás se había ido lejos, Betty no había tenido un acercamiento tan especial a otro hombre como lo hizo con Esteban…no de esa manera…

Betty se colocó sutilmente justo detrás de él, quien se hallaba de espaldas, en el área de literatura y poesía…

B: ¿Don Esteban? (preguntó tímidamente)

Esteban se viró sorprendido y nervioso a su vez. Escuchar la voz de Betty era como una alarma que le despertaba todos los sentidos y lo ponía alerta. Al mirarla a los ojos, cerró los suyos por un instante estremecido con su presencia, lo cual trato de disimular para que no fuera evidente. Con una sonrisa temblorosa y juguetona, susurró con dulzura…

E: Creo haber escuchado mi nombre, pero no estoy seguro de que haya sido para mí ese llamado…

B: (sonriendo) ¿Y por qué lo dice?

E: Porque mi nombre es sólo Esteban, sin ningún tipo de añadidura ni formalismos como ese que acaba de mencionar… “Don Esteban”… (repetía imitándola dulcemente)

B: Es que aún no me acostumbro a llamarlo sólo por su nombre…

E: (bromeando) Bueno, pongámoslo de esta manera. Cada vez que me llame Don Esteban, simplemente seguiré de largo mi camino como si no fuera conmigo. Eso la obligará a recurrir a otra persona para que la ayude y le aseguro que no tendrá el mismo conocimiento, rapidez y dominio de las exigencias de la dama en cuanto a los libros de comercio y mercado internacional que necesita siempre…

B: (con una sonrisa) Esta bien, no hay problema, me convenció con sus argumentos Esteban… lo llamaré así entonces…

E: Qué bueno que pude obtener ese logro… (sonriendo) Le aseguro que así se oye mucho mejor… como la melodía de un instrumento musical en sus labios…

B: (nerviosa) Usted siempre tan gentil con sus palabras, Esteban...

E: Está demás recordarle que siempre se las digo de corazón… Pero a ver, ¿para qué misión necesita mi servicio nuevamente? ¿Algún otro libro de comercio para sus investigaciones?

B: No, Esteban. Necesito que me ayude a buscar unos textos de finanzas. Es que me urge actualizar y repasar unos conocimientos para un nuevo trabajo que conseguí…

E: Caray, Betty, me alegra muchísimo que haya conseguido trabajo…

B: Sí, para mí es muy importante. Creo que es la diligencia más importante que haré en mi vida…

E: Pues espero que todo le salga muy bien… usted se lo merece. Tanto esfuerzo y tanta dedicación deben ser recompensadas con grandes satisfacciones…

B: Gracias…

E: Me imagino que le ofrecieron trabajo en una empresa muy prestigiosa, como usted se merece…

B: Sí…digamos que sí…

E: (curioso) ¿Y para quién trabajará?

Betty lo miró confundida, sin saber qué contestarle. Aquella pregunta era muy comprometedora para ella, ya que al decirle, le revelaría un gran secreto que llevaba en sus adentros…

E: (apenado) Ay, Betty…discúlpeme si la incomodé preguntándole detalles personales, cosas que realmente no debería cuestionarle… qué pena con usted, lo siento…

B: (dulcemente) No… no, Esteban, no se sienta así. Tal vez, algún día pueda decirle muchas cosas…

E: Betty… yo quiero agradecerle cómo me ha tratado durante todo este tiempo. Realmente me ha hecho sentir que alguien me valora y me escucha sin juzgarme. Yo sé que para usted también ha sido muy difícil llegar a considerarme su amigo, pues por todas las cosas que tal vez usted ha sufrido o vivido, pero yo le prometo que no fallaré a esa confianza que poco a poco ha depositado en mí…

B: Gracias, Esteban. Gracias por comprenderme y brindarme también su amistad aún sin conocer mis razones, ni mi vida…

E: Betty…

B: ¿Sí?

E: Sólo quería hacerle una pregunta que hace mucho he deseado poder cuestionarle…digo, si no le molesta… Pero fresca, no tiene que contestarme si no lo desea…

B: (intrigada) A ver, ¿Y cuál es esa pregunta?

E: Hace un tiempo atrás, vino un señor a hablar con usted acá en la biblioteca. Recuerdo que estuvieron mucho tiempo dialogando, pero lo más que me llamó la atención fue cómo ese hombre la trató, de lo que comenzó como una plática se tornó en gritos donde todo el mundo quedó perplejo ante aquella escena. Perdóneme que le haya traído esto, pero es que no lo he podido olvidar y mucho menos la actitud que mostró él hacia usted…

B: (apenada) ¿Usted estaba aquí en aquel momento?

E: Sí, Betty… lo vi todo, no lo pude evitar. Yo estaba acomodando unos libros cuando todo sucedió…

B: (bajando su cabeza) Dios… que pena con usted, Esteban. Eso fue algo realmente desagradable...

E: Puedo imaginar cómo pudo sentirse y créame, que fue muy triste para mí que la trataran de esa manera… Pero no se apene, Betty… no quise indisponerla recordando algún mal momento…

B: (mirando a las personas que se hallaban a su alrededor y que los observaban con burla) Venga Esteban, sigamos dialogando en otro lugar, ¿sí?

E: (percatándose de la gente) Seguro Betty… sentémonos donde no seamos el blanco curioso de las miradas…

Betty y Esteban caminaron al rincón recóndito donde ella se escondía lejos de los demás que pasaban por la biblioteca y que se quedaban asombrados al verla vestida tan llamativamente con esos trajes anticuados, lentes gruesos, capul y brackets. Aunque la intención de ella no era llamar la atención, parecía inevitable. Las personas que los veían juntos quedaban estupefactas riéndose de Esteban y Betty... Sus ropas, sus lentes, la semblanza física…todo eso los hacia tal para cual, hasta aún en la transparencia de sus nobles sentimientos…

Siguieron su camino sin importarles las burlas y las risas. Eso no era algo que les mortificaba cuando al fin y al cabo aceptaban su realidad.
Cuando llegaron, Betty se sentó en su silla y amablemente le indicó a Esteban que se sentara también…

B: Siéntese Esteban, aquí…

Esteban tímidamente asentó la cabeza y se sentó frente a frente con ella. Disimuladamente sus ojos terminaban encontrándose en una profunda e intensa mirada…

Al otro lado de la biblioteca, Armando se encontraba buscando desesperadamente a Sergio, quien se había convertido en su guía luego de la horrible muerte de sus padres que le habían dejado aquel vacío impenetrable, sin poder lograr poner fin a su inmadurez…

Sergio se encontraba también allí, buscando con premura a Esteban, a quien conocía muy bien y apreciaba grandemente. Armando al verlo lo llamó. Sergio se volteó y se fundieron en un cálido abrazo. Al coincidir en su encuentro, Armando lo acompañó en su recorrido y caminaron hacia el rincón de Betty mientras hablaban…

S: Pero bueno, Armando hijo, ¿como te va con Betty? ¿Te ha servido mi recomendación?

A: (sonriendo) Estupendamente. La oficina será manejada desde su casa, la cual está lista y ya pronto comenzará a trabajar de lleno con las finanzas de Ecomoda…

S: ¿La oficina será desde la casa de Betty? ¿Pero cómo así, Armando? ¿Por qué no trabajará allá en Ecomoda?

A: Bueno, Sergio… (contestó con ironía) … la verdad es que Betty me ha salido un poco fiera, indomable y casi difícil de controlar. Le cuento que en muchas ocasiones, tenemos nuestros “lindos altercados”. Ella misma impuso esa exigencia, el no tener que trabajar en Ecomoda y como no quise perder la oportunidad que me brindaba el tener una persona confiable a mi lado, no le pude decir que no…

S: (frunciendo el ceño extrañado) No comprendo, Armando… algo le habrás hecho para que se comporte como me la describes, cuando conozco perfectamente que ella no es así en realidad. Quizás ha visto algo de tu personalidad que le molestó o tal vez has sido demasiado altanero y ella tan solo usa eso como mecanismo de defensa ante ti…

A: (sorprendido) No sé lo que pueda ser, pero hay cosas en ella que me desconciertan grandemente…

S: ¿Qué cosas, hijo?

A: Ella es una mujer tan misteriosa, tan callada, como si llevara grandes secretos ocultos bajo esa mirada que apenas puede sostener ante mí. ¿Ha sabido porque ella prefiere seguir estudiando antes de conseguir un buen trabajo, con tanta preparación y tantos títulos, inteligencia y postgrados?

S: Ese tema, Armando, es muy delicado. Betty nunca habla de ello pues siempre ha sido muy reservada y sus razones tendrá. Por mi parte, soy feliz de enseñarle a una persona tan interesada en sus estudios y tan centrada como ella. Pero lo que no entiendo es tu interés tan fervoroso en conocer tanto sobre ella...

A: (titubeando) Vea…Sergio...yo....

Súbitamente, Armando contuvo sus palabras al volver a verla. Betty se hallaba allí, sentada en aquel rincón donde se había reunido con ella en las pasadas ocasiones…

Su mesa seguía como siempre, cubierta de libros que se esparcían sobre ésta. Pero algo en sí había cambiado… esta vez la soledad no la acompañaba como otras veces. Una persona casi parecida a ella, era quien ocupaba un lugar a su lado…

A: “Debe ser su hermano…” - pensó Armando sorprendido, mientras esa imagen de manera inexplicable, le quemaba por dentro sus piernas de hierro…

A: “Ella jamás me ha hablado de un hermano…Pero entonces, ¿quién será esa persona que la acompaña? Parecen tener una conversación muy amena y tranquila…” -continuó Armando sumergido en su pensamiento…

Una sonrisa brotó de los labios de Betty mientras charlaba con Esteban, dejando ver su sonrisa blindada, pero con una apariencia irresistiblemente angelical…

Sergio se alejó por un momento de Armando para acercarse a la mesa donde se hallaba Betty, mientras Armando miraba la escena desde lejos escondido tras un librero sin lograr comprender por qué le molestaba que Betty fuera tan cortés y cálida con aquella persona y de repente tan fría y distante con él...

Por un instante los miró asombrado. Pudo darse cuenta que ambos eran tal para cual…la misma pinta, el mismo gusto para vestirse, los lentes gruesos… era como verlos reflejados en un espejo. Armando se incomodó mucho sin entender por qué. Los gestos de su cara se tornaron un tanto graves al observar aquella escena, pensando que tal vez no había tenido un buen día y eso provocaba su estado de ánimo... Trató de restarle importancia y siguió mirando a Betty y Esteban desde lejos… Pero la intensidad que brotaba de aquellos ojos expresivos y profundos mientras la observaba con Esteban, no era la misma que veía cuando Betty estaba junto a él. Estos denotaban una alegría y una felicidad muy lejana al ardor que se incendiaba en su mirada cada vez que ambos discutían…

Tomó su cabeza aturdido entre sus manos y trató de concentrarse nuevamente, mientras Sergio se dirigió a ellos con una amplia sonrisa que lo caracterizaba…

S: Disculpen la interrupción…

B: Don Sergio, no se preocupe, ¿en qué puedo ayudarle?

S: Bueno, Betty… realmente andaba buscando a este joven (mirando dulcemente a Esteban), pues no sabía que estaba aquí con usted…

E: (sobresaltado) Ay, Prof. Montilla, qué pena con usted, yo aquí charlando en horas de trabajo y usted necesitándome, le juro que no volverá a pasar…

B: Don Sergio, discúlpelo, fue culpa mía… Es que necesitaba una segunda opinión en un proyecto que estoy haciendo y el tiempo se nos fue hablando de muchas otras cosas. Mil perdones…

S: (sonriendo) Por Dios, no se preocupen. Yo no iré corriendo a delatar a Esteban, ni más faltaba…Lo que sucede es que lo he estado buscando por toda la biblioteca pues me urge hallar un texto que necesito para unos trabajos que haré en mi casa en estos días y usted es el único que sabe donde podría encontrarlo…

E: Cómo no, profesor Montilla, ahorita mismo le busco lo que necesite… (dijo levantándose un poco temeroso de haber sido encontrado desprevenido y hablando en horas de trabajo)

Armando abrió sus ojos de par en par tratando de asimilar lo que sus oídos escuchaban. El oír a Betty por primera vez hablando de manera tranquila y dulce tal y como se la había descrito Sergio, lo llenaba de incertidumbre y desconcierto. Aquella actitud tan defensiva, pero a la vez tan sutil, lo arropaba de confusión al no haber podido tener en algún momento, esos instantes dulces y cálidos que realmente ella poseía frente a otros, pero no ante él...

A: “Esta debe ser su faceta dulce...” (pensaba) “Pero si yo soy mas apuesto… (en tono de burla) ¿por qué lo trata mejor a él? No pretenderá ella que me vista igual que ese cretino para ganarme su atención. Agradezca, señorita que he puesto los ojos en usted…” (recriminaba Armando en su pensamiento egocentrista)…

S: Bueno Betty, ya me retiro. Siendo éste el último día que nos veremos hasta el próximo curso, me gustaría desearle una feliz navidad y un prospero año nuevo...

Betty sonrió a su profesor y se levantó de la silla, dejándose estrechar entre aquellos brazos tiernos…

B: Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo también para usted, profesor Montilla… Hasta el próximo curso…

Y el abrazo lentamente se desprendió con una sonrisa. Sergio depositó un cálido beso en su mano y se alejó lentamente. Betty miró a Esteban y se acercó nuevamente a él hasta contener el abrazo...

B: Bueno Esteban, yo también debo irme ya. Le deseo igualmente una Feliz Navidad...

E: Lo mismo para usted, Betty… lo mismo para usted…

Armando los miró con una desesperación incomprensible…
Betty era una mujer totalmente desconocida para él. Era como si sus ojos contemplaran una obra de teatro, donde Betty encarnaba un personaje lleno de misterio, un enigma… una actuación impecable en la que estaba dispuesto a correr el riego de participar y descubrir… como desenmascarar la verdadera mujer que se escondía tras aquellas ropas, tras aquellas palabras de dureza, ante aquella fiera que se negaba a que él lograra acercarse a su territorio… estaba dispuesto a sumergirse en ella, a dejarse llevar por sus corrientes aunque se estrellara en sus arrecifes… estaba dispuesto a adentrarse en ella sin saber cuan cara serían para él las consecuencias…

Con la misma técnica de estar sumergido en los libros, Armando vió a Esteban pasar junto a él. Lo miró de reojo para calar su imagen en su memoria. Cuando finalmente éste se había alejado, Armando trató de dirigirse a donde Betty, pero dudó en su intento y terminó retirándose a la entrada de la biblioteca a pensar por un rato…Sabía que ya no le quedaban argumentos para expresarle ni mucho menos interrogarla. Pero fue aquella dulzura que vio la que se quedó en su corazón…

Betty tomó sus libros y caminó hasta la salida. Sorprendida reconoció la presencia de Armando en la puerta de la biblioteca. Lentamente se acercó a él y le tocó su hombro con sutileza…

B: Don Armando, ¿qué hace usted aquí?

A: (titubeando confundido) Bueno…yo...Hola Beatriz… (contestó nervioso)

B: ¿Cómo le va?

A: Pues, bien…aquí esperándola…como sé que se queda hasta la seis…

B: ¿Y para qué me esperaba, doctor?

A: ¿Va para alguna parte?

B: Sí… (con tono gracioso) “Navidad, blanca Navidad, ¿le recuerda algo, doctor?... Voy a hacer mis compras navideñas. Es que tengo un amigo que la plata le sobra, así que tengo que ir a buscarle algo distinto, un juguete…

A: (extrañado) ¿Un qué…juguete? ¿Pero cuantos años tiene su amigo acaso, Beatriz?

B: Los suficientes, pero sigue teniendo un alma de niño que usted ni se imagina. Las personas cuando tienen plata hay que regalarles algo del corazón, algo que realmente necesiten...

A: (con tono de burla) Ay no pues, la amiga del año se lo ganó usted...

B: Pero bueno, ¿me va a hacer un problema por esto, doctor? Quizás no se preocupe con los tantos amigos que tiene, que deben ser muchísimos. Pero yo si me preocupo por los míos…

A: Ay como cree que le haré problema de eso...Si quiere, la acompaño en resarcimiento de mis estupideces…

B: (sonriendo) Usted es realmente impredecible, doctor…

A: Tal vez tenga razón. Ahora si me lo permite, primero las damas. Déjeme ayudarle con esos libros...

Armando tomó los libros de los brazos de Betty mientras caminaban hacia el carro. Al llegar, abrió la puerta caballerosamente hasta que Betty se subió. Luego se dirigieron hasta el centro comercial donde Betty realizaría sus compras.

Estando allá, Betty miraba los organizadores portátiles a los cuales ella le llamaba “juguete” y otros equipos electrónicos para regalarle a su amigo. Aún no sabia decidirse, mientras Armando trataba de disimular su evidente enojo. Parecía un niño pequeño que acompañaba a su mamá a comprar los regalos forzados de tanta gente y esperar cual de ellos era el suyo. Tenia la certeza que Betty entre los tantos regalos que llevaba, el que divisaba en esos momentos seria para él, dejándose llevar por aquellas características que había mencionado de su amigo.

A: “A ese tal amigo la plata le sobra, así que necesita un juguete...” -recordó Armando las palabras de Betty mientras su ego se agrandaba, creyendo que tal vez, que aquel regalo podía ser para él...
Unos días después de aquella aventura en las tiendas, Armando comenzó a pasar sus tardes luego del trabajo en Ecomoda a laborar mano a mano junto a Betty referente al aspecto financiero de la empresa. Pasaba más tiempo en la casa de ella que en la suya propia y muy raramente visitaba a Marcela a su apartamento, algo que comenzó a disgustarle a ella en gran manera. Sus reclamos se hacían constantes, sospechando como de costumbre en qué nueva amante o relación clandestina Armando podría estar sosteniendo. Pero él ya le restaba importancia a lo más mínimo de ella…ya no le importaba lo que pensara o dijera en cada discusión sostenida...

La casa de Betty se había convertido con el transcurso del tiempo, en prácticamente su hogar. Algo para él más allá de la costumbre que siempre sintió al lado de Marcela. Pero Betty aún permanecía en cierta manera fría y distante con él, algo que lo desconcertaba, pero que a la misma vez lo ataba a seguir intentando un acercamiento más íntimo con ella, lograr el objetivo que desde un principio lo hizo tomar las riendas de un temible plan. Un reto que en su mente tenía programado cumplir…

Su recuerdo de detuvo mientras miraba sentado el paisaje a través de la ventana de su oficina, la cual se asemejaba a ese día donde se hallaba en la casa de Betty discutiendo con ella por los muebles. Una sonrisa pícara brotó de sus labios. Jamás había visto una mujer tan decidida y férrea a defender su posición de no aceptarle ayuda...

A: “Vaya que eres difícil, ¿ah, Beatriz? Pero no durará mucho hasta que caigas estremecida a mis encantos…” -hablaba Armando a sí mismo en voz baja.

M: (entrando por la puerta de manera burlesca) ¿Planeando estrategias de conquista sólo, Armando? Pero cuénteme, ¿qué ha pasado? ¿Cómo va la conquista del Everest, mi querido Armando Bonaparte? ¿Ya tenemos a “Beatrice”? Mire que ella es un país muy independiente y con gran armamento militar para prohibirle la entrada, pero se puede…

A: Deje la bobada Calderón... Betty es difícil pero no imposible… Ya verá. Le dije una vez que le iba a demostrar que no soy un cobarde como piensa y de lo que soy capaz. Ahora dejemos la plática para otro momento. Debo ir a sistemas para ver cómo esta quedando la computadora que le prometí llevar a la señorita a su casa...

M: Seguro, mi capitán y lueguito de paso me saluda a los suegros que no saben que próximamente lo tendrán de yerno… Hombre, dígame, ¿son igualitos a ella, la misma pintura? ¿Están felices de tenerlo como futuro yerno? ¿Su novia ya sabe que es su novia? Me imagino que debe tenerla en el punto penalti…

Armando lo mira fulminante… Mientras se dirigían hacia sistemas, Mario continuó con su insistente y mortificante sermón…

M: Hermano, ¿pero porque no escoge a otra mujer, porque Betty...la fea? No, no… mejor dicho, la reina de las feas…

A: Mario, cierre la boca, ¿sí? Vea, ya le he dicho hasta el cansancio que Beatriz es mi escogida. Yo la escogí, yo asumo todo. Además, ella a pesar de mostrarse distante, fuerte y fría como un témpano de hielo, también puede ser dulce y cálida...y eso es lo que lograré obtener… Derretiré el iceberg aunque choque con ella, pero no me hundiré como el Titánic...

M: Ay Armando, es despreciable lo que quiere hacer con la fea. Hombre, ya basta, que ambos sabemos que no le cumplirá como esposo si decide seguir con la absurda idea de casarse con ella, sin dejar de pensar que llevará a la pobre al borde la locura…

A: Maldición, Calderón, basta ya de tanta palabrería que no estoy ahorita para sus golpes de pecho, no lo quiero escuchar más. Le dije que Betty será mi esposa, ¿entendió? En las buenas y en las malas la conseguiré. Ese es un reto de verdad. Además, no dejo de pensar en las cosas buenas que he escuchado y he visto de ella, aunque no sea conmigo. Pero le aseguro que cuando logre ganármela, las cosas no serán tan malas para los dos cuando el momento llegue…

M: Por favor, hermano, Armando, recapacite. (con voz de tragedia) Perderá la honra, perderá las hermosas delicias femeninas que lo esperan allá afuera sedientas de atenciones como sólo usted les sabe impartir…

A: (irritado) Pues esas delicias tendrán que esperar un poco, Calderón. Además, ¿quién le dijo a usted que el estar con Beatriz será un impedimento para mí de seguir siendo el mismo hombre de siempre?

M: (con burla) Pues no sé, puede ser que esa experiencia le cause un severo trauma en su sentido del gusto, hermano…

A: No sea ridículo Calderón, usted no madura…

M: Pues si comparamos entre su madurez y la mía, creo que en eso le llevo ventaja…

A: Mire Calderón, no me dejaré manipular por usted como le dé gusto y gana. Haré lo que tengo ya planificado y nadie sobre este planeta me hará desistir. No ha nacido mujer aún capaz de rechazarme y mucho menos una mujer tan simple como ella. Beatriz no se dará el lujo de menospreciarme, no señor…

M: Usted lo que esta es desquiciado. No cometa más locuras. Busque su esposa en otro lado. Esta jugando con fuego y se va a quemar. El hecho de que ella le hable altaneramente no quiere decir que por eso y por muchas cosas la convertirá en víctima. Víctimas pueden ser muchas, pero ella tiene razones para rechazarlo, pues no quiere ser precisamente eso…su víctima…

A: ¿Pero no fue usted el que dijo que las feas serían dóciles y cariñosas, que cuando vieran un hombre como yo se entregarían a sus brazos y harían cualquier cosa por agradarle a él?

M: Sí Armando, así es la teoría, pero esta mujer se sale completamente del mapa. Según todo lo que me ha contado, he llegado a la conclusión de que ella es diferente a todas las demás mujeres…

Armando miró a Mario confundido y asentó con la cabeza. El sabía que Betty era muy diferente a todas las mujeres que había conocido, muy lejos de la mujer tradicional. Ella era sencilla, dulce, tierna, angelical y misteriosa, pero fuerte y rabiosa, brava y difícil a su vez, por lo menos con él. Era como si pudiera percibir en Armando sus intenciones más ocultas para con ella…

Al llegar al Departamento de Sistemas, Armando se acercó al ingeniero dejando a Mario esperando afuera del área de ingeniería. Con ayuda de aquel hombre, salieron a llevar la computadora al carro de Armando...

En medios de los pasillos se encontraba Marcela Valencia, quien no dejaba de perseguir cada paso de Armando y le siguió hasta el parqueadero con su insistente hostigamiento de costumbre...

Marc: Armando, ¿para dónde vas con esa computadora?

A: Iré a casa de un amigo, Marcela. El necesita una computadora y como ya sabes, acá sobran…

Marc: (incrédula) Ah…¿y quién es ese amigo, se puede saber?
A: Qué cansancio contigo, Marcela. Estoy cansado de tanta preguntadera, por Dios, que jartera…

M: (molesta) Te hice sólo una simple pregunta, Armando, no es para que reacciones así…

A: Sí, claro, una simple pregunta. Y todavía esperas que te crea. ¿Pero qué es lo que esperas que te conteste, ah? ¿Qué se la llevo a mi amante? ¿Es eso lo que esperas que te conteste, acaso?

Marc: Tan ridículo, Armando Mendoza…

A: Sí… tan ridículo. Hora te pido un permiso, tengo muchas cosas que hacer…

Marcela quedó consternada, observando con infinita cólera a Armando alejarse en su carro. Ella conocía perfectamente aquella mirada. Sabía que le mentía tan fácilmente como un niño, pero difícilmente ella lograría creer la más mínima palabra que saliera de sus labios… Una semana había transcurrido. La navidad comenzaba a asomarse y Armando vivía en medio de un tumulto de emociones que mantenía su alma sin descanso. Aún permanecía fresco el dolor de haber perdido a sus padres en aquel accidente, mientras el deseo de obtener aquella herencia para huir de un matrimonio con Marcela, lo llenaban de pavor.

Se sentía sólo. El miedo lo amenazaba inclemente, resurgiendo en él aquel niño vulnerable y desamparado que una vez fue. Lágrimas se escurrían por su rostro afligido a la par que sus pensamientos lo atormentaban, estrujando la pelota anti-estrés para poder disipar aquella sensación mortificante, mientras se paraba con su mirada perdida a través de la ventana de su oficina...

Tranquilizó sus ánimos contemplando el cielo bogotano, cubierto de copos de nubes acumulándose grisáceos. La lluvia anunciaba su venida, lo que de una manera u otra, se identificaba con su dolor. Al volver a sentarse en su silla, tomó en sus manos el periódico del día, el cual aún no había tocado. Leyó entre líneas las situaciones económicas de su país para luego seguir con los situaciones sociales, sus amistades y gente de la farándula…

Periódico: “Luego de un mes de espera, el concierto de Cristian Castro se efectuará en el Coliseo el Campín en Bogotá este fin de semana. Debido a problemas de salud del cantante, el concierto había sido cancelado la vez pasada. El cantante en esta visita a nuestro país, nos brindara un repertorio completo de sus canciones acompañados de sus bailarines, coristas y sus 10 músicos. Este es un espectáculo digno de no perderse. Hasta el sábado…”

Armando sonrió y pensó en Betty. Extrañamente desde los días que pasaba allá en su casa trabajando junto a ella, su alma reposaba en una fugaz calma. Los papás de Betty se habían convertido en su familia, mas allá que la costumbre que él siempre sintió al lado de Marcela… Aunque Betty continuaba con su actitud distante, en ocasiones, pudo experimentar un poco de su dulzura, que a pesar de que era muy poca, la anhelaba en lo profundo de su alma sin darse cuenta y eso era algo que lo mantenía atado y dispuesto a seguir con su juego…

Desde ese momento no dejó de pensar en el tiempo que le tomaría volver a esa casa, a su mar en calma lejos de la tempestad y los acechos de Marcela. Mario entró sigilosamente, observando a Armando sumergido en los pensamientos que azotaban su conciencia… Armando se percató de su presencia y sumamente molesto por la interrupción desagradable, abrió su boca enojado, sin permitirle a Mario decir palabras…

A: ¡No estoy para nadie en este momento, Calderón y antes de que abra su bocota para preguntar idioteces, ya lo estoy mandando a callar! Usted es insoportable…
Gritaba Armando enfurecido, mientras le arrojaba la pelotita anti estrés que estrujaba hasta mas no poder...

Se levantó de la silla. Mario asombrado por la actitud de su amigo, no dijo una sola palabra. Lo miró sin perderle rastro hasta que Armando salió de aquel encierro que lo enloquecía, tirando la puerta en un golpe desmedido, el cual se escuchó como un eco por toda la planta… La lluvia caía fuerte como torrentes del cielo. Armando se hallaba inmóvil bajo aquel manto frío que empapaba hasta su alma, mientras sus pies permanecían quietos en aquel lugar donde sus palabras solitarias rompían como truenos en medio de aquel diluvio que lo castigaba. Hablaba con un llanto quebrantado, lleno de dolor, el cual consumía cada sollozo que salía de su boca. Las tumbas donde yacían sus padres parecían escucharlo, mucho más ahora en muerte que cuando los tenía en vida. Reclamaba sus consejos, el calor de un abrazo imposible y la voz que aún en sueños oía…

Tirado frente a la tumba de sus padres, sus lágrimas se confundían con aquella lluvia cruel que mojaba su rostro. Se negaba a alejarse de aquel acercamiento que tenia con sus padres. Lloraba como un chiquillo, pero sin alguien que lo consolara. Su corazón palpitaba fuerte. Recordó aquel testamento que lo sentenció a vivir otra vida; una vida tal y como sus padres habían planificado para él. Sus pensamientos lo atormentaron cuando vino el recuerdo de ella a su memoria…de Betty… Con profundo dolor, mezclado con rabia, finalmente se levantó del suelo y miró con sus ojos hinchados la blancura opaca de aquellas lápidas..

A: Lo siento mamá… lo siento papá… pero lo tengo que hacer. Fuiste tú quien impuso las reglas...

Y aquellas palabras sellaron finalmente aquel monólogo solitario. Volviendo nuevamente en sí, completamente seguro de lo que haría a partir de ese momento y sin pensar en nada más, sus emociones se apoderaron de su mente en aquel instante de locura. Sus pasos se aligeraron y sin más vacilaciones, se dirigió cubierto en llanto hacia la casa de Betty…

CONTINUARA……………………….
*Fragmentos del Poema "HeMoS PeRDiDo AúN ESTe CRePúSCuLo" de Pablo Neruda*


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El dolor no tiene rostro...no discrimina. Cuesta tanto encontrar a alguien que te ame de verdad, más aún, cuando te buscan o te quieren para exhibirte ante todos como un trofeo. Cuesta mucho encontrar a alguien que te quiera por lo que eres y no por lo que representas o tienes. No creas que la belleza ayuda...muchas veces puede estorbar aún más que la fealdad..."