Capitulo 7: Alcanzar una Estrella
"La Reina de las Feas: Alcanzar Una Estrella…" Cap. 7
Por: Lissette Lasanta (Soñadora)
Mayela Rodríguez
Canción Midi: "Amores Extraños" de Laura Pausini
La mañana despertaba desolada y silenciosa en sus alrededores con rayos de sol tenues, luego de la tormenta que se había desatado hasta altas horas de la madrugada…
Betty se hallaba sentada en el comedor con un diario matutino en sus manos tratando de leer la noticia económica del día, acompañada de sus padres, quienes desayunaban a su lado, mientras Don Hermes hacía eco con su cantaleta de costumbre. Visibles ojeras del mal sueño se dibujaban en el rostro cansado y somnoliento de ella. La noche anterior había sido un martirio interminable, al haber tenido tan cerca al hombre que había devuelto la vida a sus labios dormidos, que había robado su aliento en un impetuoso beso esa noche y que comenzó a despertar en sus adentros extrañas inquietudes y sensaciones nuevamente. Se sentía confundida. Sabía que aún su corazón seguía atado a ese pasado que no había podido superar aún y que la visitaba cada noche y la despertaba cada mañana con una inquietante y horrible pesadilla. Pero trató por todos los medios de que esa sensación que la había sorprendido en su alma la noche anterior, pasara a ser algo sin importancia o un impulso pasajero. Tal vez, algo más grande se anidaba en sus adentros y se aferraba a no reconocerlo...
El último beso recibido en sus labios hacía unos años atrás, había sido una despedida inevitable para ella, desde aquel fracaso que tenía su vida marcada con fuego y había dejado grandes heridas como metal fundido en su corazón…
Sus pensamientos se interrumpieron al escuchar unos pasos lentos que se acercaban hacia el comedor. Era Armando, quien se hallaba vestido con una sobre pijama blanca cubriendo su ropa de dormir azul marino. Su cabello se deslizaba un poco alborotado, mientras su rostro estaba pálido y con evidente cansancio, sin poder ocultar la marca rojiza de la cachetada que Betty le había propinado la noche anterior al haberla besado a la fuerza. Llevaba sus manos ocultas en sus bolsillos, mientras en una de ellas, encerraba fielmente aquel anillo que había sido la causa de su desvelo toda la noche, sin poder lograr pensar en otra cosa más que en ella, la razón de sus días turbios...
El recuerdo de haber hallado tantas verdades y un pasado aún lleno de sombras para él, lo mantenía con una mezcla de rabia, tristeza y dolor a su vez. Pero trató de controlar aquel volcán de emociones y dar paso a su ego, para no delatar ante Betty su terrible malestar…
Betty sin comprender por qué, se estremecía en silencio con su sola presencia…
B: (mirando el periódico) Buenos días, doctor Armando…
A: Buenos días doctora Beatriz... buenos días Doña Julia, Don Hermes… (contestó como si nada pasara, disimulando su verdadero sentir mirando a los papás de Betty, quienes se hallaban sentados en el centro de aquella tormenta.)
DH: Buenos días, Doctor Mendoza, (observando su mejilla marcada) Caray, doctor, ¿pero qué le pasó? Tiene la mejilla enrojecida como si lo hubieran golpeado…
A: (tapándose con la mano) No...No es nada, Don Hermes…no se preocupe. Fue que sentí que algo me había picado la cara anoche y me azoté con la mano. Parece que me rasqué muy brusco. Creo que eso me inflamó y enrojeció el área… (mirando a Betty)
Betty lo miró de reojo seriamente, sabiendo que ella había sido la causante de aquella marca evidente…
DJ: (preocupada) Doctor, ¿quiere que le traiga hielo para que baje la hinchazón?
A: No se preocupe, Doña Julia, todo está bien, esto se va solo… (tocándose la cara)
DJ: Bueno, pero al menos, ¿desea algo de desayunar, doctor? Estaba esperando que se levantara para que me dijera qué le apetece esta mañana…
A: Bueno… pues en verdad no sé, algo hogareño, si no es mucha molestia. Es que usted es tan buena con esas manos que hace delicias...
DJ: (sonrojada) Ay Doctor Mendoza, qué cosas dice...
DH: En eso tiene mucha razón, doctor. Julia tiene muy buena mano para la cocina. (dirigiéndose a Julia) Julia, tráigale al doctor Mendoza de los buñuelos que preparó…
Doña Julia se levantó sonriente a prepararle el desayuno a Armando sin darse cuenta de la tensión y el ambiente tan cargado que allí se sentía entre Betty y Armando. Betty permanecía callada, mientras tomaba sorbos de su café y seguía concentrada en las planas de los diarios…
DH: (levantándose de la mesa) Bueno, les pido un permiso. Que le aproveche el desayuno, doctor. Voy a prepararme para salir al mercado a comprar todo lo necesario para la cena de esta noche. Coma sin miedo, doctor, está usted en su casa… (dirigiéndose a Betty) Mija, cuando esté lista me avisa para que me acompañe…
B: Sí, papá, yo le aviso…
A: Muchas gracias, Don Hermes…
Armando sonrió tímidamente a Don Hermes para luego fijar sus ojos en Betty, quien se hallaba tras el periódico como si quisiera refugiarse detrás de una muralla protegiéndose de algún ataque. En su mente, él trataba de inventar mil excusas para lograr entablar una conversación con ella, tal y como lo había hecho otras veces cuando se le acercaba en la biblioteca y la veía ensimismada en sus libros como si nada más existiera a su alrededor. El silencio que los condenaba lo enloquecía a él cada vez más con interrogantes sobre ella, las que se agolpaban como una carga sobre su cabeza. El la miraba intenso, apenas parpadeaba. Trataba de controlar su ira al sentir el anillo que había encontrado en aquellas cajas la noche anterior, el cual aferraba en su puño cerrado...
Desvió su mirada un instante, cerrando sus ojos en un suspiro de enfado al venir a su mente cada línea de aquella carta y todos los recuerdos que ella guardaba en la caja que estaba en el sótano y que eran parte de la vida en tinieblas de la mujer que planeaba hacerla su esposa… la que se había convertido en una total obsesión para él y no se daba cuenta que lo estaba arropando completamente…
Betty lo miraba de reojo, hasta que de pronto colocó el periódico sobre la mesa y dejó escapar firme, pero tímidamente unas palabras…
B: ¿Ya se siente mejor doctor?
A: (poniéndose sus gafas) Regular, Beatriz, regular… ¿y usted?
B: (sonriendo forzosamente) Yo estoy estupendamente, doctor ¿por qué no habría de estar bien? Es víspera de Navidad...
A: Pues no sé... a veces hay cosas que se guardan en el alma y se tratan de ignorar, cuando realmente son una carga o una tristeza que no se quiere dejar saber a los demás, sin importar si es Navidad o no, Beatriz…
B: No entiendo, ¿de qué me está hablando, doctor?
A: Le hablo de cosas que tal vez no ha querido contarme… (respondió seriamente)
B: Sigo sin comprender a qué se refiere, doctor…
A: (nervioso) Pues me refiero a que usted… bueno, que usted…
DJ: (interrumpiendo) Aquí tiene doctor. Hoy lo veo mejor que ayer, mucho más tranquilo…
Armando miró a Doña Julia un poco confundido al no haber podido interrogar más a Betty en aquel instante… Sintió que todo su valor en confrontarla se le había escapado de sus manos fugazmente…
A: Pues sí, sí, algo más tranquilo, eso creo… gracias Doña Julia... (rascándose la cabeza desconcertado, mirando de reojo a Betty)
DJ: Se le nota el semblante cansado, pareciera que no hubiese dormido bien. ¿El sofá le fue incómodo?
A: ¡No! No, Doña Julia cómo cree... lo que pasa es que la tormenta no me dejaba dormir tranquilo… (contestaba con sus ojos puestos en Betty)
DJ: Bueno, también para Betty le es difícil a veces. Ella se asusta con las tormentas y los truenos y bueno, se levanta un poco soñolienta cada vez…
B: Mamá, no tiene que decir esas cosas al doctor. Estoy segura que no le interesan... (abriendo sus ojos a Doña Julia)
A: ¿Qué dice Beatriz? Claro que me interesan, pero con lo poco que me cuenta sobre usted... no me queda otro remedio…
DJ: (interrumpiendo) Y usted, Don Armando ¿con quien pasara sus fiestas?
(preguntó Doña Julia cambiando un poco el tema al ver la cara de desagrado que Betty le había lanzado.)
A: La verdad no sé, Doña Julia. Quizás ir con un amigo a un restaurante a dialogar, sinceramente no sé… no lo sé... (contestaba moviendo su cabeza aturdido)
DJ: Pero debería pasarla mejor con su familia que con algún amigo...
A: (triste) Doña Julia, vea, es que mi amigo no tiene familia y bueno yo tampoco... Como sabe, mis papas murieron recién y mi única hermana vive en Italia…
DJ: Ay Doctor Mendoza, qué pena con usted... no debí preguntar…
A: No se preocupe Doña Julia...
DJ: Bueno y porque no lo pasa con nosotros, ¿cierto? (mirando a Betty) Estoy segura que a Hermes no le molestaría...
Betty lanzó a su mamá una mirada despavorida al haberle extendido una invitación a Armando a la cena de víspera de Navidad que harían esa noche. Ella había pensado invitarlo, pero no había tenido la oportunidad ni el coraje de hacerlo…
A: ¿Yo? ¿Están invitándome a cenar con ustedes esta noche?
B: Bueno…sí, Don Armando. Supuse que no tendría dónde pasarla y pues pensamos que tal vez no le molestaría acompañarnos esta noche en la cena… Pero si ya tiene algún compromiso, no se preocupe entonces…
A: (nervioso) ¡No! Cla... claro que no tengo compromiso, Beatriz. Bueno… tendría que hacer algunos arreglos antes… (decía con su cara preocupado, recordando que Marcela lo esperaría como era de costumbre todos los años) Pero de verdad les agradezco su invitación… ¿Don Hermes lo sabe?
B: No se preocupe por mi papá, él lo aprecia como el hijo que nunca tuvo… (sonriendo) Así que ya sabe doctor, está más que invitado. Ahora les pido un permiso, me retiro para ya vestirme y acompañar a papá a hacer las compras...
DJ y A: Siga Betty…
Armando sostuvo su mirada hacia Betty pensativo, hasta que ésta desapareció por el extenso pasillo. Doña Julia y él quedaron solos unos instantes… El terminó de desayunar y el silencio reinó entre ellos…
A: (titubeando nervioso) Do…Doña Julia, yo quería hacerle una pregunta…
DJ: Usted dirá, Doctor Mendoza…
A: A ver, cómo le digo… yo he trabajado junto a Beatriz todo este tiempo y he tenido la oportunidad de compartir con ella, de dialogar y laborar mano a mano en los asuntos de la empresa… No sé, perdone la pregunta que le voy a hacer, pero, ¿por qué Beatriz es tan distante, no sé, tan férrea a veces, inclusive conmigo, como si algo muy terrible le hubiera pasado y tratara de alejarse y crear su propio mundo?
Doña Julia se quedó sin palabras ante aquella pregunta. Ella por un instante, deseó poder desahogar su profunda tristeza por la desventura de su hija ante él y confesarle la terrible experiencia que la vida le había traído. Titubeó por un momento en derramar su llanto contenido por cada huella, por cada recuerdo y cada noche en que vió a Betty sufrir por ese pasado tormentoso que la había cambiado y la había transformado en una mujer distinta, dura, lejos de la inocencia que enmarcaba su dulce rostro hace años atrás. Miró a Armando con dolor y él pudo percibirlo. Con su dedo, borró tiernamente el sendero mojado que las lágrimas habían dejado en su rostro de madre sufrida por el infortunio de su hija. Doña Julia bajó su cabeza y Armando quedó en silencio...
Aún en su fuerte y duro parecer, aún en medio de sus planes con Betty y sus deseos de ambición por una herencia intocable, Armando se conmovió ante aquella escena y dudó por momentos en continuar su juego siniestro. Pero ya no podía dar marcha atrás. Sentía sin poder entenderlo que no podía dejarlo todo como si nada hubiera pasado y alejarse de Betty tan fácilmente. Ya no podía, aunque así él lo hubiera querido. Estaba demasiado involucrado y no lo quería admitir, además de que había dado su palabra a Calderón de que o sería un cobarde. Su obsesión por conocer esa sombra que había tras Betty lo mantenía atado, obstinado y no se daba cuenta de lo profundo que se encontraba sumergido y no estaría tranquilo hasta hallar esa verdad. Ella sería su esposa y él se convertiría en su esposo cueste lo que cueste…
A: Siento mucho haberla hecho entristecer por algo que realmente no tengo conocimiento, Doña Julia. Perdone mi ignorancia y mi atrevimiento al preguntarle…
DJ: No se preocupe, Doctor Mendoza… Usted no tiene la culpa de esta situación…
Inmediatamente, Doña Julia se levantó de su silla y se retiró dejando a Armando más confundido que nunca. Desconcertado, se dirigió al baño de la planta baja donde había una ropa limpia para él la cual era de Don Hermes. Su ropa aún estaba mojada, así que no le quedó otra alternativa. La miró y sabía que le quedaría corta de talla, pero aún así se la puso. Ya vestido, salió de la casa con mucho afán hacia Ecomoda…
Betty y Don Hermes se hallaban en el mercado comprando los víveres que hacían falta para la cena de víspera de Navidad…
B: Papá, iré al área de frutas a escoger algunas manzanas para la torta…
DH: Vaya con cuidado, mija…
B: Sí, papá…
Betty caminaba a través del mercado muy pensativa y distante. Miraba todo a su alrededor un poco agitada. El recuerdo de aquellos labios suaves y tibios que la sorprendieron en la noche, al igual que unas palabras de un presunto amor hacia ella de parte de Armando, habían ocupado totalmente su pensamiento. Movía su cabeza en negación, cada vez que la abarcaba esa imagen, tratando de hallar alguna explicación a ese arranque inesperado de su jefe en medio de aquella tormenta. No podía concebir que en tan poco tiempo, él pudiera albergar tales sentimientos hacia ella, lo cual consideraba ridículo y en cierta manera sospechoso. Tampoco quería creerlo, ni ilusionarse con palabras que consideraba una locura y que ella trataría de evitar a toda costa. Sus emociones aún estaban dolidas y se aferraba inconscientemente al recuerdo de un pasado que la había condenado a vivir sin esperanzas…
De manera inesperada, una mano se extendió sutilmente hacia ella mostrándole la manzana más brillante, jugosa y deleitante que jamás había visto…
Voz: (en susurros) Pecaría igual que Adán al ver semejante fruta tan exquisita…
Betty abrió sus ojos sorprendida. Tardó unos segundos en volver a su realidad y una profunda alegría dibujó sus labios en una bella sonrisa…
B: ¡Esteban! ¡Pero qué agradable sorpresa!
E: ¿Cómo está la bella genio más dulce de Bogotá?
B: (sonrojada) Ay, Esteban, qué cosas dices… Estoy muy bien, aquí con mi papá que se encuentra en algún lugar del mercado comprando algunas cosas para la cena de víspera de Navidad que haremos en mi casa esta noche. ¿Y tú, que haces por acá?
E: (titubeando) Bueno, pues… yo… yo estoy haciendo lo mismo. Sí… comprando igual que tú para la cena que hay en mi casa también… (contestó con su mirada un poco triste)
B: Qué bueno… (respondió cabizbaja)
E: ¿Estas bien, Betty? No sé, me da la impresión de que algo te ocurre…
B: Nada, Esteban. No te preocupes. Creo que en esta época es común sentirse un poco melancólica, no es más…
E: Bueno, eso sí es cierto, pero no me gusta verte así. Hace rato que no veo una sonrisa tuya, de esas que se cae el mundo cuando la regalas…
B: Ay Esteban, siempre me sorprendes con tus palabras… ¿Sabes? Recordando cuando te ví la primera vez en la universidad, no pensé que fueras así, tan galante, tan dulce, tan amable como lo has sido conmigo desde que te conocí…
E: (sonriendo) Y no te culpo… No eres la única persona que ha pensado así de mí cuando me ve. Es más, me imagino que dirán: “Pero, ¿y esto qué es? ¿Será un error de la naturaleza? ¿Será humano o será producto de mi peor pesadilla?”… (decía cambiando su voz graciosamente)
B: (apenada) Ay, no Esteban… no me refería a eso, no me mal interpretes. Me refería a que al verte la primera vez, pensé que eras muy serio, quizás demasiado distante y alejado de la gente y ya ves, me equivoqué…
E: Bueno, alejado de la gente no soy, más bien son ellos los que se alejan. ¿Quién querría estar al lado de un ser tan extraño y tenebroso como yo? A ver, si me contestas con algo que me convenza, cambiaré de opinión sobre mi persona por primera vez en mi vida…
B: Pues quizás otro ser mucho más tenebroso que tú tal vez, jajaja… (contestó riéndo)
E: Pues aún no he hallado ese ser del cual hablas, Betty…
B: (mirándose ella misma) Pues lo tienes frente a ti…
E: No me gusta que digas eso, Betty. Jamás he visto en ti esa fealdad de la cual hablas, al contrario… (le dijo seriamente)
B: ¿Al contrario qué, Esteban? (curiosa)
E: Eres la persona más linda que he conocido en mi vida, Betty… La única que me ha aceptado tal como soy. La que ha escuchado por largas horas mis conversaciones muy atenta, como si le interesara tanto mi vida y todo lo que me rodea, lo que siento y pienso... Eres la única que ha hecho bellos mis días oscuros y feos…
B: Esteban, sabes que para mí eres muy importante y quiero que nunca lo olvides. Has sido la única persona en quien he llegado a confiar desde hace mucho que no lo hacía. Desde que he tratado de recuperar mi vida, mi tiempo, mis cosas…
E: (interrumpiendo)…y tu corazón, ¿cierto?…
B: (triste) Sí, y mi corazón también…
E: (mirándola intenso) Betty… yo quisiera pedirte algo…
B: ¿Sí?
E: Qué pena contigo, es que no soy muy bueno para estas cosas, pero quisiera que me aceptaras una invitación… (le decía Esteban casi sin poder sostener su mirada sonrojado)
B: ¿Una invitación? (abrió sus ojos asombrada)
E: Sí… Me gustaría que me acompañaras a un lugar que yo sé te va a gustar muchísimo…
B: ¿Un lugar? Pero, ¿a dónde Esteban? (preguntó preocupada)
E: Betty, por Dios, no me ponga esa carita que usted muy bien sabe que sería incapaz de llevarla a algún lugar donde pudiera sentirse incómoda… (decía sonriendo pícaramente)
B: NO, Esteban, cómo se le ocurre, no he pensado nada malo, es sólo que no sé, hace mucho que no salgo así para algún lugar a solas y… con un hombre… (contestó apenada)
E: No se preocupe, que no le chuparé la sangre ni me convertiré en hombre lobo, jajaja… Sólo quisiera que esa carita triste que trae desparezca y me regale la sonrisa más bella de la noche… (respondió Esteban con ternura)
B: ¿Y para cuándo sería su invitación?
E: Para mañana en la noche… Pero si le puede causar problemas, Betty, no se preocupe, yo entenderé…
Betty se quedó pensativa unos instantes. Aquella invitación había sido la más inesperada y la más dulce también. Contemplaba los ojos profundos de Esteban y era inevitable no perderse en ellos. A pesar de su fealdad, Esteban poseía la mirada más penetrante y cautivadora que jamás había visto en su vida. El sabía de alguna manera, cómo llegar a ella y se había convertido en alguien que lograba aplacar esa furia indomable que poseía Betty. Ella reconoció que había sido una proposición muy tentadora, la cual le causaba mucho temor a su vez y no comprendía el por qué. El se había aparecido en su vida sorpresivamente y desde que lo conoció, sentía una profunda paz y una sensación de llenura en su alma, contrario a las emociones que experimentaba cuando se encontraba cerca de Armando, quien dejaba turbio sus sentidos y descontrolaba su razón… o tal vez… desordenaba algún otro aspecto de su vida que ella no quería o no estaría dispuesta a reconocer jamás…
B: Bueno… está bien, Esteban… No sé cómo lo haces, pero siempre logras convencerme… (sonriendo)
E: No sabes la alegría que me da que hayas aceptado mi invitación. Pensé que sería difícil misión…
B: No podría negarme, por más que quisiera. Has sido demasiado especial conmigo, Esteban… Pero bueno, ¿a qué horas sería entonces?
E: ¿Que tal a las 7 de la noche?
B: Bueno… la difícil misión será convencer a papá, pero no te preocupes, yo me encargo…
E: ¿No deseas que hable con él?
B: No te preocupes, yo lo haré… Además, creo que estoy bastante grandecita, ¿no crees?
E: (riendo) Para ellos sigues siendo su bebé… Y comprendo que quieran cuidarte y protegerte. Sería terrible que algo malo le pasara a la genio más bella y dulce de Bogotá...
B: Quedamos en eso entonces…
E: Estaré frente a tu casa puntual, ¿vale?
B: Vale, muchas gracias, Esteban… Ha sido muy lindo encontrarte hoy, has alegrado mi día…
E: Igual tú, Betty. Aunque no lo creas, tú has alegrado cada momento desde que te conocí…
Ambos rieron complacidos por aquel encuentro tan agradable que había disipado por un instante, la tristeza de sus corazones… una tristeza profunda que albergaba ella en su alma y otra que cargaba él como un puñal en silencio…
Armando manejaba por las calles de Bogotá en dirección a la zona industrial donde estaba Ecomoda. Una montaña de interrogantes nuevamente calaba su pensamiento sin intenciones de dejar de atormentarlo. Sentía inexplicablemente su cuerpo temblar al recordar lo que había hecho la noche anterior, al pensar en aquel beso robado que había depositado en los labios de Betty. No podía comprender cómo el haberla tenido tan cerca, lo había movido a experimentar emociones jamás sentidas al lado de ninguna otra mujer anteriormente, ni tan siquiera al lado de Marcela. Pero trató de disipar aquello que para él resultaba un intento suicida, una locura de su ambición y un acto de valor jamás realizado. Era demasiado el esfuerzo que estaba haciendo al tratar de llegar a Betty y se negaba a sí mismo la confusión y el desconcierto que le dejaba el estar a su lado…
Al llegar al parqueadero, vió a Wilson quien cubría su último turno en Ecomoda. Armando estacionó su carro Toyota Celica azul deportivo frente a la empresa. Wilson acudió rápidamente para abrirle la puerta a su jefe…
Al abrir la puerta del carro quedo asombrado y sorprendido por el atuendo tan gracioso que traía su Armando esa mañana. No puedo evitar reírse ante la cara seria y desafiante de él, la cual le hizo tragarse su propia risa. Armando estaba vestido de pantalones color chocolate que le llegaban a los tobillos, un saco del mismo color mientras traía una sudadera para evitar resfriarse y una camisa blanca con una corbata azul celeste. Llevaba sus gafas de sol puestas, para evitar que lograran ver sus evidentes ojeras…
W: ¿Don Armando? ¿Pero qué fue lo que le pasó? Parece como si se hubiera mojado y se le hubiera encogido la ropa encima de usted…
A: (irritado) Wilson, Wilson, Wilson… Me da la impresión de que usted desea celebrar la víspera de Navidad pero sin empleo…
W: Ay no, doctor, ¿cómo se le ocurre?
A: (con aparente tranquilidad) ¿Que cómo se me ocurre dice usted? (gritando) ¡¡ SE ME OCURRE QUE SI VUELVE A HACER UN COMENTARIO COMO ESE TAN ESTUPIDO LO DESPIDO!! ¿¿ME ENTENDIO, WILSON?? ¡¡LO DESPIDO!! ¿Alguna otra grandiosa observación, Wilson?
W: (asustado) No, doctor, y sí lo entendí perfectamente…
A: (arreglándose graciosamente la ropa disgustado) Gracias, Wilson… Feliz Navidad, pues…
W: Feliz Navidad, Don Armando… (casi con deseos de reírse)
Armando entró a Ecomoda. Ese día 24 de diciembre, se cubría el turno de las personas de corte y producción hasta el medio día, así que tendría suerte en no encontrarse con Marcela el día de navidad y mucho menos a las del cuartel de feas preguntándole por la pinta particular que llevaba…
Confiado, siguió por el pasillo vacío hacia presidencia. Lo que no sabía era que para su sorpresa, Mario Calderón se hallaba encerrado en su oficina viendo muy entretenido el oráculo de las diosas…
M: (hablando solo) Jo, Jo ,Jo…San Nicolás… Pero miren qué belleza de ayudante de Santa… Con una mamasita así, recorro el mundo entero en trineo todas las noches de mi vida…- decía Mario embelesado mirando de forma depravada el oráculo de las diosas cuando sintió un estruendo horrible saliendo de presidencia que alertó sus sentidos…
Armando había volcado toda presidencia boca arriba buscando el regalo de Betty que había guardado cuidadosamente en su oficina, temiendo que en su apartamento, Marcela lo encontrara y creyera que era para ella. No quería que de cierta forma ella alimentara ilusiones con él, las cuales hacía mucho tiempo ya las evitaba…
Súbitamente, Mario entró a presidencia, quedando asombrado con el desastre comunal que había hecho su amigo. Mario abrió una gaveta y tomó el regalo que estaba depositado en el escritorio, mientras Armando estaba aún agachado revisando los cajones con desesperación. Mientras tanto, Calderón lo recorría con la mirada casi atónito tratando de encontrar una respuesta a la vestimenta cómica de su amigo…
M: Armando, pero ¿y esto que es? Se equivocó de festividad usted, pues. Hoy es víspera de Navidad, no la noche de brujas para que ande con esa pinta. Ah ya sé, se acostó con ella y ya lo tienen vestido a la Bettymoda ... (riéndose a carcajadas) Muy lindo, hermano...dígame cómo le fue tigre. Me imagino que fue dramático o no, mejor no… Fue escalofriante, de película de viernes 13. (riéndose descontrolado) Pero cuente...cuente. Y me imagino que esto es para la novia…(con el regalo en manos) Ay Armando, ¿qué le pasó en la cara? No me diga que su suegro se enteró que andaba haciendo cochinadas con su hija y le propinó una cachetada... Pobrecito, le dejaron los dedos marcados… (riéndose)
Armando casi descontrolado, le arrebató de las manos el regalo que estaba envuelto y el cual Mario besaba con devoción como si fuera para él…
A: (alterado) No vuelva a poner sus sucias manos sobre este regalo, Calderón. Esto es sagrado, no se entrometa…
M: Pero estamos como que susceptibles hoy, caray…
A: No sea ridículo, Calderón… y lo que pasó con mi cara no tiene nada que ver con lo que está pasando aquí adentro… (decía tocándose el corazón)
M: ¿Como así? ¿Y que está pasando? ¿Qué fue lo que hizo usted o qué le hicieron? No me diga que se enamoró de la fea... Armando, por Dios, pero usted ha perdido el sentido del gusto… o mejor dicho, usted ha perdido todos los sentidos, hombre…
A: (quitándose sus gafas entristecido) No es eso, Calderón… no es eso, es algo mucho peor…
M: Ay no me diga que la reina de las feas resultó ser otra cosa. ¡Ya sé! Descubrió que es una criatura extraña de laboratorio o peor aún, descubrió que no le gustan los hombres… Pero eso es bueno, Armando, mírelo del lado positivo… Así ella no se interesa en mantener una relación más allá de lo cordial y puede continuar con los planes que tenía sin temor a que un día de estos le dé calentura por usted, se le abalance encima, le rasgue las ropas y llore por su inocencia robada… (decía riéndose)
A: (alterado) ¡No sea estúpido, Calderón!, ¿Podría tomar las cosas en serio por una vez en su vida, hombre?
M: (poniendo graciosamente sus dedos sobre la boca) Está bien, hermano… me callo y lo escucho…
A: (con cara de tragedia) Betty le pertenece a otro hombre…
M: (con una sonrisa burlesca) OK...basta de burlas. Ahora resulta que el gracioso en todo esto es usted, hermano. ¿Qué le está pasando? Como usted me la ha pintado, ella no puede ser amada por nadie porque puede ser la hija de Drácula en vida…
A: ¿Ah, no? Entonces dígame qué significa esto para usted…
Armando cuestionó desesperado, abriendo su puño cerrado y dejando al descubierto la brillantez casi pura del anillo que le había quitado completamente el sueño y también su paz…
M: (sorprendido) Caray, hermano… Eso es un anillo de compromiso, carísimo por cierto y comprado con mucho gusto. Pero, ¿que tiene que ver esto? Ah, ya entiendo. No me diga Armando que usted ya le compró anillo y todo a su víctima... (tomando el anillo en sus manos y leyendo la inscripción que llevaba grabada) Ay, tan linda la dedicatoria... Pero está como los últimos de los románticos, usted. Me tiene sorprendido…
A: (molesto) Calderón, Beatriz guardaba ese anillo en el sótano de su casa con otras cosas de ella en una caja muy bien sellada...
M: ¿Como así? ¿Es que anduvo husmeado usted por donde no lo llaman? Hombre, pero ¿qué le dió? Esto es un simple anillo, no más… no quiere decir nada. Usted lo que no quiere admitir es que Betty sí puede ser amada por un hombre y ese hombre tiene nombre propio y se llama Armando Mendoza, el héroe que tras la fachada de decir que es por plata, por la herencia y todas esas vainas, se enamoró de la fea de verdad y no lo confiesa porque no quiere perder su reputación…
A: (histérico) ¡Escúcheme, maldita sea, Calderón! ¿Sí? Ayer como parte de este estúpido plan, tuve el valor de besar a Beatriz y en vez de ella sentir gratitud lo que hizo fue plantarme una cachetada... Esto explica la marca que llevo en mi cara, lo que significa que cada vez se está haciendo más inalcanzable a mis manos… Deje de decir bobadas, no sea cretino… Yo no me he enamorado de nadie y mucho menos de esa mujer, por Dios, no sea ridículo ni quiera pasarse de chistoso conmigo. ¿No entiende que estoy en problemas, que se me ha complicado todo? Llegar a Beatriz será como alcanzar una estrella, hombre…
M: No hermano, alcanzar una estrella no… querrá decir “alcanzar una reina”, pero de las feas, jajajaja… Eso sí es horrible… (decía riéndose a carcajadas) 
A: Pero qué idiota resultó ser usted… qué hartera…
M: Muñeca brava la fea, no pues. Pero al menos admite usted que ella lo golpeó, pero a mí no me diga nada pues el de la cabeza siniestra y enferma de conquistar a la hija de Drácula fue usted y sólo usted. Ahora deje de pensar estupideces, ¿quiere? pues desde que la conoció, sólo eso es lo que piensa. Pise tierra, caray. Si ella le pertenece a otro hombre, según su versión de novela trágica, desista de esto Armando, que usted se nos esta volviendo loco convirtiendo todo en un frenesí. Vuelva a la normalidad y búsquese a otra que le haga el favorcito…
A: (molesto) ¿Desistir dice usted? Claro que no, Calderón. (con su mirada perdida, recordando la noche anterior) Ahora con más ganas debo ganarme su corazón. Vea, necesito una esposa y mi esposa será Beatriz...
M: (con cara de aburrimiento) Pues lo que usted diga, Armando, pero pienso que se nos esta enloqueciendo. (cambiando el tema) Ahora dígame una cosa, ¿se acordó de su amigo en Navidad? Yo le compré a usted mi regalo. Yo pensé que me querías... (dijo con cara de niño llorón)
A: Si viera lo idiota que se ve…
M: No tanto como debe verse usted al lado de cuasimodo… (riéndose a carcajadas)
A: Cállese esa boca, ridículo... Su regalo está en otra parte. Si quiere ir por él, vaya a mi departamento y tendrá que pasar por encima de Marcela…
M: (abriendo sus ojos) Ay no, al matadero no me hace falta ir. Soy muy joven para morir y privar a este mundo de mis encantos masculinos. Pero dígame nada más para donde va así vestido. ¿Ya los suegros lo aceptaron, después de la noche movida que tuvo con su novia? Porque después de haberlo encontrado con ella lo convirtieron ya en parte de la familia me supongo... ¿A golpes no? “La noche estaba trágicamente sollozante” Ja, ja, ja... Usted me quiere entretener con eso de decirme que encontró ese anillo para evitar los verdaderos detalles que quiero conocer…
A: ¿Sabe qué, idiota? No tengo tiempo para seguir escuchando babosadas suyas. Se me va ahorita por uno de los vestidos para mí a producción y me largo ya mismo de acá...
M: ¿Qué vaya yo? ¿Pero quien se cree usted que soy, Freddy Contreras?
A: (gritando) ¡¡VUELEEEEE!!
Mario corrió hacia la salida de presidencia. Se detuvo unos instantes y desde el marco de la puerta, asomó su cabeza juguetón preguntándole a Armando…
M: Hermano, ¿y será que sus suegros también se apiaden de este huérfano solitario?
A: Ni se le ocurra, Calderón. Es una reunión familiar. Sólo estarán Doña Julia, Don Hermes y Beatriz…
M: (con cara de víctima) Armando, me ofendes con tu egoísmo, no me consideras tu hermano...
A: Es un comité familiar, no para usted. No quiero que los indisponga...
M: Armando, ¿piensa que iré para allá a burlarme de su futura esposa, a curiosear si es tan fea como usted dice o si tiene colgada de la sala de su casa una foto de algún familiar siniestro de película de terror? Pero qué mal concepto tiene de mí, Armando. Le juro que no me burlaré de ella, pero lléveme, ¿sí? Mire que no tengo con quien pasar la Navidad. Todas las mujeres del oráculo están de vacaciones en París, en yo no sé dónde más... Me dejaron solito…
Recalcaba Mario dramáticamente y con una insistencia mortificante… Sin más remedio, Armando se compadeció de él, pero sólo para quitarse de encima el cansancio de seguir escuchándolo…
A: Está bien, Calderón. Venga pues de una vez, chicle, pero deje esas lágrimas de cocodrilo que se acabó el teatro… Iré a llamar a Beatriz...
M: (abrazándolo efusivo) ¡Usted es mi salvador!
A: (molesto) Quite, quite… ¡Vaya a producción a buscarme lo que le pedí! Necesito volarme de acá. ¡Vaya pues!
Betty había regresado a su casa luego de acompañar a su papá al mercado y se vistió cómodamente para ayudar a su mamá en los preparativos de la cena de esa noche. Buscó a Doña Julia por todos lados hasta que la halló en su cuarto sola y pensativa. Deseaba preguntarle sobre Armando. Algo la atormentaba muy adentro sobre él, como si hubiese pensamientos inconclusos y confusos que no la dejaban en paz, y mucho menos, después de él haberle confesado a ella que la amaba y haberla poseído en un beso ardiente y apasionado que la dejó sin fuerzas la noche anterior...
DJ: El Doctor Mendoza salió a Ecomoda a buscar unas cosas e ir a su apartamento. El vendrá para la cena luego…
B: (pensativa) Ah… veo…
DJ: Mamita, usted está muy rara, ¿le pasa algo con el doctor, cierto?
B: Mamá, por Dios no quiero comenzar de nuevo con esto, no ésta vez…
DJ: Betica, pero es que usted no puede engañarme. Yo sé que hay algo más allá de una relación de trabajo entre ustedes. Lo puedo sentir, mis instintos de madre no me mienten sobre usted, mija. Sus ojos brillan cada vez que lo ve, cada vez que habla o le preguntan sobre él. El me estuvo preguntando sobre usted también, mamita…
B: (abriendo sus ojos) ¿Qué? ¿Preguntó sobre mí? ¿Y qué le preguntó, mamá?
DJ: ¿Ve como reacciona usted, mija?
B: Mamá, es sólo una simple pregunta…
DJ: La pregunta será simple, pero no sus sentimientos, los cuales no quiere reconocer…
Betty cerró sus ojos por unos instantes. Sabía que su madre la confrontaba en esos instantes con unas palabras que la herían, que chocaban contra su corazón como si fuera una muralla impenetrable. Reconoció que sus instintos de madre nunca fallaban, pero se negaba a admitir que en esa ocasión podría no estar equivocada. Dio la espalda y caminó unos pasos en su habitación, tomando en sus manos su inseparable muñeco Beto…
B: Me besó…mamá. Don Armando me besó…
Doña Julia no podía dar crédito a lo que escuchaban sus oídos…
DJ: ¿Cómo dice mija? ¿Que la besó? ¿Pero cuándo?
B: Anoche, mamá, mientras estaba en el baño…
DJ: (sorprendida) Ahora entiendo, ahora entiendo esa marca que el doctor llevaba en su cara. Ahora comprendo cuál tormenta no la dejó dormir a usted anoche… Esa tormenta que hay en su corazón, mamita…
B: (llorando) Mamá, no puede ser, ¿me entiende? Esto que usted se esta imaginando es imposible y no volveré a caer nuevamente como lo hice una vez. Yo no quiero volver a soñar, yo no quiero volver a temblar, a sentir mi corazón palpitar por alguien y mucho menos por un hombre como él, mamá… No un hombre como él…
DJ: Bettica, pero el Doctor no se ve un mal hombre…
B: (llorando) No lo sé, mamá, y no quiero tampoco saberlo. No trate de confundirme más de lo que me siento. Tal vez no lo parezca, pero todos son iguales… ¿Y si en verdad lo es? ¿Y si es un lobo disfrazado de oveja? Yo no puedo creer que un hombre como él, que tiene tantas mujeres deseándolo y codiciándolo día y noche, rico y poderoso, pudiera fijarse en una mujer como yo… En un aspecto tan indeseable y tan feo como el mío…
DJ: Mamita, usted sabe bien que eso no es cierto. Usted sabe en su interior que usted no es fea…
B: (mirándose al espejo) Yo lo único que sé en mi interior, mamá, es que soy una actriz interpretando un personaje que no soy yo en realidad, una imagen que he creado sólo para defenderme, para huir de una realidad que me ha matado y aún me sigue matando… pero usted sabe bien que debo seguir haciéndolo…
DJ: No Betty. Ese personaje como usted dice que ha creado en su interior, lo único que está haciéndole es mucho daño, encerrándola más en un profundo dolor y llenando su corazón de amargura…
B: Mamá, no quiero hablar más de esto, no puedo seguir, me duele mucho este tema…
DJ: Mija, usted tiene que despertar. No puede encerrarse y alejarse más del mundo como si no perteneciera a él. Tiene que darse una nueva oportunidad en la vida, abrirse al amor…
B: ¿Al amor? ¿Y qué otra cosa es el amor sino sufrimiento, dolor o tristeza? ¿Qué otra cosa me puede traer el amor si cuando lo conocí lo que hizo fue matarme, destruirme? No mamá, yo no puedo exponerme nuevamente a ese sentimiento…
DJ: Mamita, el amor no es así en realidad, mija… Lo que sucede es que cuando se ama, se entrega y cuando se entrega hay que estar expuesto a perder o a ganar…
B: Pues mi destino es perder, mamá. El destino que siempre estará a mi lado…
DJ: No diga eso, mamita. El destino lo hacemos nosotros y yo sé que la felicidad tocará a su puerta algún día…
B: (secándose las lágrimas) ¿Qué le preguntó Don Armando, mamá?
DJ: (nerviosa) Nada, mija, sólo preguntó si se sentía bien, eso fue todo…
Doña Julia mintió. No quiso darle más razones a su hija para que se disgustara por su pasado. Decidió no comentar más sobre el tema y mucho menos hablarle de Armando. Por lo menos no más, por el momento…
La noche se había asomado bella, resplandeciente y vestida de estrellas, acompañada de la luz de la luna para recibir el espíritu de la Navidad que se paseaba delicado y puro en el ambiente. Como acordado, Armando se había dado cita en la casa de Betty y bajándose del vehículo, caminó en compañía de Mario hasta la puerta de entrada…
Mario miraba para todos lados cauteloso. Tanto Armando como él lucían impecablemente de traje negro con corbata y gabardina, con un exquisito aroma varonil que se impregnaba en el aire. Ambos llevaban una botella de vino cada uno en sus manos. Armando le daba instrucciones a su amigo para que siguiese al pie de la letra, ya que si había aceptado que lo acompañara, era por pura solidaridad de hermanos…
A: (serio) Se me controla, Calderón, o lo mato a golpes... Ellos son buenas personas…
M: Yo sé que son buenas personas, Armando. A usted le encanta apiadarse de los huérfanos y necesitados… (riéndose)
Armando lo fulminó con la mirada por aquellas palabras, conteniendo las ganas de propinarle allí mismo. Para Mario todo era broma, pero al ver la cara de Armando, decidió por su bien no hacer más comentarios al respecto…
El timbre sonó en la casa de los Pinzón-Solano. Don Hermes muy apresurado, fue a abrir la puerta. Sorprendido ante la visita de Armando y Mario, quien había venido éste último de añadidura, Don Hermes se le quedó mirando de arriba hacia abajo esbozando una media sonrisa…
DH: Doctor Mendoza y… compañía, supongo.... hoj, hoj, hoj, pasen adelante. Las mujeres de la casa están terminando la cena…
A: Gracias Don Hermes… A propósito, le presento a mi mejor amigo Mario Calderón… El también trabaja para Ecomoda…
DH: Ah, qué bien… (estrechando su mano) Mucho gusto, Doctor Calderón…
M: El gusto es mío, Sr. Pinzón…
Cuando Don Hermes dio la espalda, Mario miró a Armando de reojo y le comentó en voz baja…
M: (susurros) Si este es el padre, estoy que me muero de ganas por ver a la hija… (riéndose)
Inmediatamente, Armando le propinó con un firme codazo en el costado, al cual reaccionó con dolor…
A: (susurros) Otro de sus comentarios cínicos y lo mando a volar…
DH: (mirando a Mario) ¿Le duele algo, Doctor Calderón?
M: (mirando a Armando, agarrando su costado) No Don Hermes, sólo fue un…un…gas… sí eso, es que padezco de gases…
Armando al escuchar la contestación de Mario, casi rompe a reír a carcajadas...
DH: Caray, doctor, debería tomarse un purgante…
M: (mirando a Armando rabioso) Quizás tenga razón, señor…
DH: Pero bueno, pasen. Están como en su casa…
Don Hermes los guió a la sala, indicándoles que se sentaran en el sofá. Betty y su mamá se encontraban ultimando los detalles de la cena muy esmeradamente. El pavo estaría listo a las 11 de la noche, antes de la Navidad...
DH: Y díganme ¿qué les sirvo de tomar? Le recuerdo, doctor Mendoza, que le tengo como siempre su whisky importado muy fino, además que le preparamos unos pasabocas exquisitos…
A: (sonriendo) Creo que un whisky estaría bien, si no es molestia Don Hermes...
DH: Pero claro que no es molestia, enseguida vengo…
M: Caramba, Armando, pero como lo consiente el suegro… (riéndose)
A: Oígame bien, Calderón. Un comentario más, y le juro, le juro que lo saco a patadas, ¿me entendió? No debí haberlo traído conmigo… (replicaba sumamente irritado y amenazante)
M: Esta bien, esta bien… no se sulfure, mi estimado presidente…
Mientras tanto, a media luz en su apartamento, Marcela se hallaba enloquecida marcando el teléfono de Armando sin lograr una respuesta. Llamó también a su celular, el cual astutamente él había apagado para no ser interrumpido esa noche…
Celular: “Este es el celular de Armando Mendoza...No me encuentro disponible para contestar en este momento. Deje su mensaje, gracias...Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo...”
M: (irritada) Maldita sea, Armando, ¿donde te habrás metido? Debe estar en algún plancito junto con el Mario Calderón. Desgraciado... Parece que se le ha olvidado que es víspera de Navidad y es costumbre que la pasemos juntos como todos los años, y más ahora, que soy su única familia…
Marcela colgó el teléfono desesperada y lo tiró con fuerza varias veces hasta tomarlo de nuevo en sus manos para volver a intentar...
Mientras tanto, en casa de Betty, el celular de Mario sonaba sin cesar… Armando lo miraba muy inquieto, sospechando acertadamente que Marcela estaría tratando de comunicarse con él de cualquier manera…
DH: Doctor Calderón, creo que su celular está sonando…
A: (en voz baja) Idiota, ¿por qué no apagó ese celular? Esa debe ser Marcela tratando de localizarme…
M: Cálmese, mi estimado fugitivo, con no contestar basta… (burlándose)
A: Si no lo apaga, lo volverá loco como pretendía hacerlo conmigo…
M: No puedo apagarlo, Armando… ¿No ve que a pesar de estar acá, puedo estar disponible para cualquier belleza que se arrepienta de estar solita esta noche? No hombre, no trate de dañarme algún plan que se me presente…
A: (susurros) Tan ridículo usted…
La conversación amena del Tío Lázaro, el ato y la fortuna que lo sorprendió dos años antes de morirse, había comenzado a retumbar de forma cansona en los oídos de Armando y Mario, quienes bostezaban con disimulo. El whisky estaba comenzando a hacer efecto en la coordinación de Don Hermes…
DH: Es como les decía, doctores. La niña lleva la sangre de los Pinzón…carajo...la fina estampa, sus dotes para la economía...
A: (mirando a Mario sin remedio) Sí Don Hermes, Betty es muy brillante e inteligente, de eso no hay duda. La he visto trabajar...
M: Bueno y yo también por parte de Armando. Hemos sido testigos de su excelente labor como gerente de finanzas de Ecomoda.... (contestaba frunciendo el seño aburrido)
DH: Es que la niña es estudiosa. Como ya sabrá, ahora está estudiando otro postgrado en comercio internacional, aunque le decimos que deje sus estudios y se dedique de lleno a trabajar...
A: No se preocupe, Don Hermes que en Ecomoda le daremos la oportunidad para que aplique todos sus conocimientos. Estoy seguro que no nos defraudará…
De pronto, Betty y Doña Julia aparecieron, integrándose a la conversación con unos pasabocas. Don Hermes tomó unos de los pasabocas de la bandeja de Betty, mientras con otra mano la abrazaba por la cintura…
DH: Vea, doctor Calderón, ésta es mi reina, mi más preciado tesoro. Beatriz Pinzón, mi hija... y ella es mi esposa Julia... (decía Don Hermes muy orgulloso, presentándoselas a Mario)
Mario recorrió a Betty con la mirada, mientras sus ojos permanecían abiertos de par en par. Muy impresionado con aquella imagen ante su presencia, se volteó aterrado a ver a Armando. Su cara de sorpresa no pasó desapercibida ante Betty, quien inexplicablemente, había abierto sus ojos de igual manera, totalmente petrificada ante la figura de Mario, casi como si hubiera visto al mismo demonio en persona… Abrió su boca de manera instintiva, y sintió como si hubiera caído sobre ella un baño de agua fría. Sólo sintió cómo de manera veloz, un recuerdo la asaltaba y unas palabras que nunca pudo olvidar retumbaron en su cabeza…
Voz: “Mario Calderón… ése es un zorro astuto. Un lobo vestido de oveja esperando el momento para sacar las uñas. Es un Judas que comparte como un amigo, para que luego que des la espalda, su beso es darte una puñalada trapera. Se va con el mejor que le convenga, con el que más le traiga beneficio… ese es Mario Calderón…”
Betty no pudo evitar recordar esas palabras que la habían impactado en un momento de su vida. Mario retraído y confundido a su vez por la forma que Betty lo miraba, volteó sus ojos hacia Don Hermes que no se había dado cuenta de lo que estaba sucediendo…
DH: Betty, Julia este es el amigo del doctor, el Vicepresidente Comercial de Ecomoda, el doctor Mario Calderón…
Betty con una sonrisa fingida, se acercó a Armando y le extendió la mano para saludarlo, para luego hacer lo propio con Mario...
B: Mucho gusto, doctor Calderón. Don Armando me había hablado muchísimo de usted, pero no había tenido el “placer” de verlo en persona. Ahora sé que su cara me es muy familiar…
Mario mirándola asustado por aquellas palabras tan cortantes y por la supuesta familiaridad que había encontrado en él al verlo, seriamente le extendió la mano. Inmediatamente, ella se la retira disimuladamente sin éste lograr tocarla, pasando desapercibido este acto desagradable ante los ojos de Don Hermes y Doña Julia, pero no ante Mario y Armando…
M: (retirando su mano que había quedado al aire) Igual...mente…
Mario asimilando de manera lenta lo ocurrido, estaba perplejo, sin poder aún creerlo. Armando lo miraba con cara de “te lo advertí”. Betty sabía manejarse muy bien ante los hombres a su antojo, dándoles de su misma medicina…
Betty era todo lo que Mario se imaginaba y mucho más. Cuando creyó que Armando le decía que ella era inalcanzable, altanera, férrea y brava, pensó que era una forma divertida de Armando verla, pero no era así en realidad. Todo eso era cierto. Era la “reina de las feas”, tal y como él lo había dicho mil veces de manera jocosa ante Armando, pero con un genio difícil de controlar y un corazón duro y fuerte de penetrar...
B: Pasabocas, doctor...
Armando miró a Betty con gran inquietud. No sólo por no saber qué decir al haber cometido el grave el error de invitar a Mario a incomodarla, sino también porque no sabía cómo actuar ante ella, luego de lo sucedido la noche anterior entre ellos… luego de aquel beso que lo mantenía al borde de un colapso nervioso, luego de aquella calidez que destiló su cuerpo sujetado al suyo con fuerza, como si le urgiera desahogar una gran rabia, un gran dolor. No sabía si esas sensaciones eran de pasión o de compasión hacia ella, si eran algo más allá que no podía comprender y no había sentido jamás. Sólo estaba seguro que esa noche sintió en ella una gran necesidad… tanta, como inexplicablemente la sintió él también… en el silencio de un beso, en el bullicio de un diluvio que azotaba la noche y también sus corazones duros y aparentemente insensibles al amor, incapaces de reconocer cuando algo los atormenta…
Betty se alejó de ellos, sentándose al lado de sus padres y poniendo la bandeja de pasabocas en el centro de la mesa. El celular de Mario comenzó de nuevo a sonar insistentemente en el salón… Un poco avergonzado, no tuvo otra alternativa que apagarlo…
De momento, el silencio reinó sobre los labios de cada uno allí presente. La incomodidad de Betty se hacia notar, ya que no soportaba la presencia de Mario en su casa, quien para ella él era uno de esos tipos presuntuosos que sólo disimulaba muy baratamente su cara de descontento…
Mario estaba muy asustado y no sabía a qué realmente temerle; o a Betty, o a las llamadas de Marcela que insistentemente lo habían acosado esa noche. Mientras Betty lo miraba fulminante, Armando se sentía poco a poco encogiéndose en el sofá, haciéndose cada vez más pequeñito e insignificante y Mario peor. El ambiente se había sobrecargado tanto, que nadie sabía cómo romper el silencio de aquella sala…
Don Hermes no entendía nada. Doña Julia simplemente lo intuyó mirando a Betty a los ojos…
DJ: (rompiendo el silencio) Doctores.., ¿desean más whisky? (mirando a Betty) Betty y yo vamos a la cocina a terminar de cocinar. Venga mamita…
Doña Julia tomó a Betty del brazo, retirándola de la sala y llevándola a la cocina…
B: Mamá, estoy que le caigo encima a ese altanero amigo de Don Armando… (dijo muy disgustada)
DJ: Mamita, ¿pero por qué? ¿Qué le hizo?
B: ¿Pero es que no vio usted? Ese cretino me miraba como si fuera yo un experimento de laboratorio…
DJ: (preocupada) Betty, por Dios, cálmese que quizás él no quiso comportarse así. Es normal, mija, él no ha sido el primer hombre que la ha mirado de esa manera. Mire Bettica, hoy es un día especial, no se vaya a indisponer por eso...
B: Sí, cómo no. Yo sé que no es el primero que me mira de esa forma pero estoy harta. Si él me mira así, yo lo trataré de igual manera. Ese hombre es igual a todos, y mucho más conociendo lo que sé de él…
DJ: ¿Cómo así, Betty? ¿Es que usted lo conocía acaso?
B: No quiero hablar de eso ahora, mamá. Sólo sé que el tipo no es de fiar…
DJ: ¿Y el doctor Armando?
B: (desconcertada) Ay, no sé, mamá. Esa es otra cosa que me tiene muy confundida, es como si algo me dijera que me aleje de él… Es como un miedo, no lo sé…
DJ: Su miedo es enamorarse, mamita…
B: Dios me libre enamorarme de esa bestia, mamá... Ya le dije que no siga con eso. Don Armando sería la última persona en este mundo en quien yo me fijaría… aunque créame que a veces parece un chiquillo perdido y es ahí cuando me confunde...
DJ: Tenga cuidado con ese corazón suyo, ya sabe muy bien que es un traidor...
B: (triste) Sí… es un traidor que se la pasa recogiendo los pedazos de lo que un día fue…
DJ: ¿Cuándo Betty?... ¿Cuando va a superarlo?
B: No lo se, mamá... no tengo idea cuándo eso ocurrirá… Pero tal vez… alguien me pueda ayudar…
Doña Julia la miraba sorprendida y asustada a su vez por las palabras de su hija. Betty sin pensarlo, estaba dispuesta a sacar un clavo con otro en algún momento de su vida para sanar su corazón, donde un hombre de su pasado le había perforado con dolor su pecho y ahora lentamente se iba perdiendo ante ese espeso horizonte que representaba Armando en su vida…
Armando, preocupado por la actitud de Betty ante Mario, se disculpó un segundo con Don Hermes quien se hallaba muy entretenido escuchando su colección de tangos y la buscó. Mario también lo siguió como perro fiel a su amo, deteniéndose Armando justo en el marco de la puerta de la cocina y Mario detrás de él…
A: (tímido) Disculpe… Betty ¿podría hablar con usted un momento?
B: (fría) Usted dirá, doctor…
A: Mejor vayamos al estudio, si no es molestia…
B: (dirigiéndose a Doña Julia) Mamá, aquí le dejo esto, ya esta listo. Vuelvo enseguida...
DJ: Esta bien mamita…
Al salir Betty de la cocina, se dio cuenta que Mario estaba detrás de Armando, poniendo instantáneamente una cara de negación total...
B: (molesta) Don Armando, pensé que hablaríamos a solas…
A: (avergonzado) Es que… es que…
M: (nervioso) Perdóneme...Beatriz si la hice sentir incómoda… (aletargaba lentamente las palabras sin lograr mirarla a la cara)
B: (dándole la espalda) Mejor vayamos al estudio, no quiero más problemas...
Caminaron al estudio y Betty abrió lentamente la puerta, indicándoles con la mano que se sentaran…
B: (dirigiéndose a Mario) Siéntese…perdón, ¿cual es su nombre? (disimulando que se había olvidado) Es que tanta conmoción tan repentina afecta mi retención de memoria de hombres que se visten tan espléndidamente bien aparentando ser muy caballeros y aún así no dejan de ser igual de desgraciados… Ay, perdón por mi franqueza, Sr. Calderón, ahora sí me acordé de su nombre… (decía Betty con ironía y dureza)
A: (avergonzado) Será mejor que me vaya, Beatriz…
B: No, pero siéntese, Don Armando, siéntese tranquilo que no muerdo...sólo ladro… (contestó tranquila)
A: (con su cabeza baja) Es que esta ofensa va conmigo también…
B: (férrea) ¿Y es que piensa que se me olvidó la cara que también puso usted cuando nos conocimos acaso?
Armando quedó en silencio. Sabía que Betty indudablemente tenía razón. No quiso contestarle a su cuestionamiento, pues no deseaba que las cosas se tornaran más caldeadas de lo que ya estaban. No quería seguir probando del sabor amargo de la Betty que estaba proyectándose ante él en ese instante… De esa Betty que en momentos era un panal de la miel más exquisita, y en otros momentos podía tornarse también en la fruta más agria y la navaja más cortante con sus palabras…
M: (casi sin poder mirarla) Beatriz, por favor, perdóneme. Sé que estuvo muy mal de mi parte haberle hecho lo que le hice, pero trate de olvidarlo, por favor... Estamos en Navidad...
B: Muy bien, asunto olvidado. Pero lo dejaré pendiente para el año próximo...Doctor Calderón... (mirándolo a los ojos con firmeza)
Mario tragó saliva intimidado por aquellas palabras tan duras que parecían flechas lanzadas con fuego. Trató de mantener la calma y la compostura…
M: Gracias, doctora Pinzón... Sin resentimientos. Como ya sabrá, mi nombre es Mario Calderón, Vicepresidente Comercial de Ecomoda y amigo de Armando…
B: Sí, ya me dí cuenta que son muy amigos y que comparten muchísimo. Sólo espero que las malas costumbres no sean compartidas también… (contestó con una sonrisa forzosa como si hubiera hecho un chiste)
M: (sonriendo forzoso) A pesar de todo, su sentido del humor sigue intacto, ¿cierto?
B: Eso nunca se pierde, doctor…
Mario le extendió la mano amablemente, estrechándola en un acto de paz ante los ojos de Armando…
Las horas pasaron rápidamente. El reloj del comedor marcaba ya las 11 de la noche. Como planeado, todos se reunieron en la mesa del comedor para degustar de la cena navideña que se extendía sobre aquel mantel como exquisitos manjares. Unieron sus manos para darle gracias a Dios por todas las bendiciones recibidas durante el año y por la Navidad…
Todos: Amen...
Comenzaron a comer en silencio, mientras Betty y Armando intercambiaban miradas inquietas y extrañas, al ritmo de sus corazones que latían cada vez más con mayor intensidad, desconociendo el motivo. Armando no comprendía qué le estaba sucediendo, pero sabía que algo poco normal estaba experimentando. Miraba por momentos a su amigo Mario, quien comía gustosamente como si nada más existiera a su alrededor y luego volvía a mirarla a ella… a Betty. Casi no podía probar bocado, pues sus manos y su boca temblaban como si tuviera frío. Estaba muy pensativo y distante, mientras continuaba mirando a todas partes como si tratara de buscar una ocasión propicia para realizar alguna cosa. Metió su mano en uno de sus bolsillos y tomó tembloroso un objeto que llevaba en éste guardado. En medio de la amena y sigilosa cena, Armando se levantó inesperadamente de su silla y quitándose las gafas desconcertado, miró fijamente a Doña Julia y a Don Hermes…
A: Don Hermes… Doña Julia. Hay algo muy importante que quiero comunicarles. Yo… yo… (titubeando nervioso) … estoy enamorado y me gustaría mucho que de hoy en adelante, me aceptaran en su casa como prometido y futuro esposo de su hija… Beatriz Pinzón…
CONTINUARA…
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Betty se hallaba en su habitación. Con su pijama de pantalón y camisa, se secaba su cabello mojado luego de un baño tibio. Cobijada con una sábana tras aquella ventana, miraba el paisaje triste que se dibujaba en el cielo azabache... Con la intensidad de aquella tormenta afuera, se asemejaba a un quejido en el viento que le susurraba, alertando todos sus sentidos... Doña Julia entró sutilmente, mientras Betty se perdía en el silencio de sus recuerdos…
Al llegar a la sala, su corazón palpitó con fuerza al hallarlo allí llorando como un niño pequeño con las manos cubriendo su rostro abatido. Don Hermes con voz dulce trataba de calmarlo inútilmente, mientras Doña Julia se acercaba a él nuevamente con la ropa seca...
Los minutos pasaron y las horas se hicieron eternas con el rugido interminable de aquel diluvio furioso que golpeaba el vidrio de las ventanas de aquella habitación y por el destellar de los rayos que la iluminaban. Otro diluvio se desataba adentro, pero era una tormenta de emociones que no dejaban conciliar el sueño de Armando y más aún, sabiendo que él estaba allí en esa casa, durmiendo tan cerca de ella. Acomodado en un amplio sofá, Armando se movía inquieto, atormentado por las últimas palabras que habían salido de la boca de ella…
Aquella reacción de Betty y sus palabras, lo habían dejado confundido, lleno de temor al creer poder perderla y alejarla de los planes que ya tenía trazados con ella. Las horas de la madrugada pasaban oscuras y aún tormentosas, despertando más esa sensación de inquietud en Armando. Ya había logrado haber dado aquellas dosis de palabras dulces y aquel aparente impulso forzado llevándolo a besar sus labios angelicales, que sin poder hallar una razón a su cambio de comportamiento tan repentinamente, se entremezclaron en ese instante con su ira y dolor… 
“El frío reinaba sobre la niebla. En medio de un extenso bosque caminaba ella, perdida, asustada, con lágrimas en sus ojos. La luz penetraba tenuemente entre las ramas que se entrelazaban en el aire, cubriendo el cielo, sobre ella. Miraba a todas partes desesperada, en el intento de hallar algún ser que se apiadara de su soledad, de su desamparo y que la guiara hábilmente por aquel camino donde se había extraviado. Sus manos estaban juntas, con su puño cerrado, como quien oculta aferradamente algo de mucho valor. De repente, pudo percibir una presencia que la arropaba y a su misma vez, le causaba escalofríos. Caminó despacio hasta detenerse temblorosa y pudo percibir una mirada que devoraba su espalda y el temor la invadió súbitamente. Sentía que unos pasos se aligeraban hacia ella imponentes, cargados de fuerza y ardor de fuego. Posesionada por el miedo sacó el valor de dar la vuelta y dar frente a aquella figura que se dibujaba ante su mirada. Con sus ojos humedecidos abrió su puño y un anillo cayó sobre el suelo y rodó hasta llegar a los pies de aquel hombre que la miraba con dureza. El tomó el anillo en sus manos y la ira se apoderó de sus ojos. Ella corrió llena de pavor, tratando de escapar, mientras él la perseguía incansable a través de borroso pasaje. De pronto unos brazos se extendieron ante ella y la aprisionaron protectores, fuertes, mientras la figura que la perseguía se disolvió sorpresivamente con la fría y perturbante brisa…”
Lo más que ellos deseaban era poder volver a ver a su niña sonreír, ilusionada con un futuro prometedor y exitoso ante ella. En cierta manera, sus padres se sentían felices, pues después de tanto tiempo veían ese brillo especial en los ojos de Betty, ese deseo de superación y lucha, luego del desastre que un tiempo antes había vivido y el cual no había podido superar aún. Parecía como si la aparición de aquel hombre en la vida de ella le abriera nuevas puertas en el aspecto profesional e intelectual…
La puerta de la habitación se abrió lentamente. No había pasado mucho tiempo después del cierre de aquel trato, cuando Armando y Betty entraron a revisar ese cuarto dentro de la casa de ella, el cual consideraron convertirlo en la oficina de dirección de finanzas de Ecomoda. Una habitación en la planta baja un poco retirada, que según los planes que había tenido Don Hermes, era tratar de conservarla en perfectas condiciones para que Betty permaneciera allí cuando se casara. Pero poco a poco, el destino se había encargado de opacar en ellos esa esperanza para su hija…
Ya el mes de diciembre había llegado y Betty continuaba por su parte estudiando arduamente. La oficina en su casa ya estaba lista y por otro lado, los detalles y los poemas permanecían arribando a sus manos, causándole la misma emoción y curiosidad a su vez. Aún no había podido descubrir al autor de todo aquello, que de cierta manera había alegrado sus días, adornándolos de delicadeza. Ingenuamente, pensaba por momentos que Armando podría estar detrás de todo eso, pero se negaba a esa posibilidad… Su jefe no podría haberle enviado detalles tan específicos, mostrándole unos sentimientos que se reflejaban en cada palabra escrita, pero que no los podía percibir en el comportamiento de él… Aunque era una realidad que Armando la había tratado de una manera demasiado especial, aún ante la frialdad que ella le mostraba en todo momento…
Trató de restarle importancia y siguió mirando a Betty y Esteban desde lejos… Pero la intensidad que brotaba de aquellos ojos expresivos y profundos mientras la observaba con Esteban, no era la misma que veía cuando Betty estaba junto a él. Estos denotaban una alegría y una felicidad muy lejana al ardor que se incendiaba en su mirada cada vez que ambos discutían…
Betty era una mujer totalmente desconocida para él. Era como si sus ojos contemplaran una obra de teatro, donde Betty encarnaba un personaje lleno de misterio, un enigma… una actuación impecable en la que estaba dispuesto a correr el riego de participar y descubrir… como desenmascarar la verdadera mujer que se escondía tras aquellas ropas, tras aquellas palabras de dureza, ante aquella fiera que se negaba a que él lograra acercarse a su territorio… estaba dispuesto a sumergirse en ella, a dejarse llevar por sus corrientes aunque se estrellara en sus arrecifes… estaba dispuesto a adentrarse en ella sin saber cuan cara serían para él las consecuencias…
Unos días después de aquella aventura en las tiendas, Armando comenzó a pasar sus tardes luego del trabajo en Ecomoda a laborar mano a mano junto a Betty referente al aspecto financiero de la empresa. Pasaba más tiempo en la casa de ella que en la suya propia y muy raramente visitaba a Marcela a su apartamento, algo que comenzó a disgustarle a ella en gran manera. Sus reclamos se hacían constantes, sospechando como de costumbre en qué nueva amante o relación clandestina Armando podría estar sosteniendo. Pero él ya le restaba importancia a lo más mínimo de ella…ya no le importaba lo que pensara o dijera en cada discusión sostenida...
A: Qué cansancio contigo, Marcela. Estoy cansado de tanta preguntadera, por Dios, que jartera…
Gritaba Armando enfurecido, mientras le arrojaba la pelotita anti estrés que estrujaba hasta mas no poder...
La lluvia caía fuerte como torrentes del cielo. Armando se hallaba inmóvil bajo aquel manto frío que empapaba hasta su alma, mientras sus pies permanecían quietos en aquel lugar donde sus palabras solitarias rompían como truenos en medio de aquel diluvio que lo castigaba. Hablaba con un llanto quebrantado, lleno de dolor, el cual consumía cada sollozo que salía de su boca. Las tumbas donde yacían sus padres parecían escucharlo, mucho más ahora en muerte que cuando los tenía en vida. Reclamaba sus consejos, el calor de un abrazo imposible y la voz que aún en sueños oía…