Capitulo 2: Una Mente Maquiavelica
“La Reina De Las Feas: Una Mente Maquiavélica…” Cap. 2
Por: Lissette Lasanta (Soñadora)
Mayela Rodríguez
*Canción Midi : "Sólo se me ocurre amarte"
de Alejandro Sanz
“No puedo entender como apareciste en mi vida;
sólo sé que de la misma forma que llegaste te irás algún día...
No dejaré que me beses con tus labios de espinas,
porque sangraré como al hacer un pacto
y mi alma se aferrará a tu tortura…
A la tortura de quererte y saber que no puedes pertenecerme...
A la tortura de llegar a amarte y ver escapar con eso mi libertad...
No me abraces con tus brazos de locura,
no me desees con tu suave y delicada piel,
no me llames con tu voz que me estremece,
porque sabes que puedo perder…
Perder para siempre la cordura convirtiéndote en mi tortura
al ver que tu amor me ha llegado a vencer…”
-Lissette Lasanta (Soñadora)-
Después de la visita a su amigo Sergio y del inusual y tenebroso encuentro con aquella mujer, Armando siguió su camino rumbo a Ecomoda. Durante todo el trayecto, sus pensamientos vagaban confusos al no haber podido lograr su objetivo tras aquella reunión. El sabia que la persona idónea para el trabajo se llamaba Sergio Montilla, pero sin embargo tras todo su esfuerzo, éste no quiso aceptar, lo que significaba ofrecerle el puesto a otra persona a la cual le tuviera igual confianza. Pero a su mente no se revelaba algún otro nombre, ni surgía algún otro candidato para tan importante cargo en la empresa.
Ya en la oficina de presidencia, Armando estrujaba en su mano impacientemente su pelota anti stress sentado en su escritorio, con sus ojos perdidos en un punto fijo, mientras los minutos pasaban inadvertidos. Pensaba en todo lo que había sucedido con su vida en el transcurso de aquellos días. Recordó la triste noticia de un viaje funesto, de un trasbordo hacia la muerte, el cual le arrancó de su ser una gran parte de su corazón… Un viaje que arrebató de su lado sin clemencia aquellos brazos paternales, aquellas caricias de madre y las eternas palabras de aliento y sabiduría…
“Voz: ¿Usted es pariente de las personas… Roberto y Margarita Mendoza?”
“A: Sí, soy Armando Mendoza y ellos son mis padres… ¿quién habla…?”
“Voz: Lo estamos llamando del aeropuerto El Dorado, Sr. Mendoza…”
“A: ¿Pasó algo, señorita? ¿Mis padres no pudieron alcanzar el vuelo a Londres o les falta algún documento?”
“Voz: No señor…”
“A: ¿Y entonces…qué sucede, dígame?”
“Voz: Lamento mucho tener que informarle esto, señor…pero el vuelo 727 con destino a Londres tuvo un accidente…”
Armando quedó inerte y mudo ante aquella noticia. Su corazón comenzó a palpitar descontrolado y sus manos temblaban sin fuerzas. Instantáneamente cerró sus ojos fuertemente como presagiando lo peor…
“A: (titubeando alterado) ¿Co…cómo así que tuvo un accidente? ¿Cómo están mis padres??? ¡¡Contésteme por favor…!!”
“Voz: Sus padres fallecieron, Sr. Mendoza, al igual que toda la tripulación de ese vuelo… Lo siento mucho…”
El recuerdo de aquellas palabras aparecía fresco y claro en su mente. Sintió como toda aquella historia vivida junto a ellos poco a poco se desvanecía en manos del tiempo…
Armando se sentía perdido. El verbo “encontrarse” para él era sumamente difícil y más aún, recayendo sobre él la pesada y súbita carga de una presidencia en sus manos inexpertas, la cual debía asumir sin reparos, adquiriendo demasiadas responsabilidades de las que él sabía perfectamente no estaba preparado todavía...
Su futuro con Marcela había pasado a ser algo igualmente incierto. Cuatro años de novios y de esporádica convivencia juntos, no eran suficientes para convencerlo a un matrimonio con ella...
“Marc: Amor…quiero que nos casemos tan pronto sea posible. Estuve pensando que deberíamos adelantar la fecha para nuestro matrimonio y aligerar los preparativos. Necesito estar contigo siempre, que no te vayas de la casa y regreses sólo algunas veces. Quiero que estés aquí indefinidamente, que seamos marido y mujer…”
“A: (titubeando) Pe… pero Marcela, yo creo que aún no hay prisa, que podemos pensarlo un poco más…”
“Marc: ¿Cuánto tiempo más, Armando? ¿Cuatro años más acaso? Me da la impresión que no te agrada la idea de que yo sea tu esposa…”
“A: (de espaldas a ella) No, Marce, no es eso…Es que…es que…”
“Marc: Amor, si lo único que nos falta es formalizar nuestra relación, ser marido y mujer ante la ley. Prácticamente vivimos juntos, eso no cambiaría grandemente las cosas…”
“A: Sí las cambiaría, y eso tú lo sabes…”
“Marc: ¿Y cual es el problema? ¿No quieres estar conmigo acaso?
“A: Marcela, por favor, hablemos de esto en otro momento…”
“Marc: Sí, claro…es lo que siempre me dices y me repites hasta el cansancio. Pero yo sé qué es lo que pasa contigo. Lo que sucede es que no te interesa, Armando, no tienes los mismos deseos que yo, ni estas tan seguro…Prefieres seguir comportándote como un Don Juan, llevándote a cualquiera que te haga perder el horizonte y vivir tu vida sin compromisos, como si todo marchara bien, cuando no es así…”
“A: Marcela entiéndeme, aún no me siento preparado…”
“Marc: Seguro… utilizarás la misma excusa hasta que llegue algo más fuerte y te empuje a cambiar, a ser otro… hasta que algo te arrastre como tierra y te aleje de mi lado…tal vez eso es lo que prefieres… o si no es lo que prefieres, eso será lo que te espera…”
Armando recordó aquella conversación que tuvo con Marcela hacía un tiempo atrás. Sabía a ojos cerrados lo ambiciosa y vanidosa que era su prometida. Estaba consciente que ella había dejado de amarlo desde hace mucho, si alguna vez lo amó, y era más su costumbre y obsesión por él, que algún sentimiento honesto de su parte. No era desconocido para él su asfixiante deseo de lograr atraparlo, controlarlo y recriminarle hasta el hastío, con cada reproche sus amoríos, sus salidas con modelos, su vida de soltero codiciado...
Ella lo manipulaba a su antojo, al igual que lograba hacerlo su familia, sus hermanos, en especial Daniel, quien sólo le aconsejaba a ella que le sacara provecho, que buscara la seguridad financiera de por vida para todos... que lograra tomar control de Ecomoda al convertirse en la esposa de Armando y así obtener el resto de las acciones. Ella personalmente, lo veía como la oportunidad de ser la Sra. de Mendoza, la que habría de lograr exhibirlo como su trofeo ante todas, para ser la mujer más envidiada y aparentar un supuesto amor teniéndolo de por vida atado a su lado…
Pero Armando no era tan estúpido como para caer rendido y arropado por aquel infierno que se le avecinaba junto a ella y menos ahora… ahora que el panorama se tornaba distinto… ahora que había un testamento y una herencia de por medio… Un testamento donde claramente establecía un matrimonio que debía realizarse para él poder obtener su herencia y compartirla con su futura esposa. Tal vez eso, sí sería fuerte, sí lo haría cambiar, sí lo empujaría…o tal vez lo arrastraría al abismo como tierra…
Don Roberto, contrario a Doña Margarita, conocía con total exactitud el temperamento cambiante y la actitud inmadura de su hijo Armando. También era consciente de la inestabilidad de sus sentimientos con respecto a las mujeres, en especial sus sentimientos hacia Marcela. Por tal motivo y como medida precavida de que en algún momento tuviera que partir de su lado, testamentó en un documento ante un notario, su última voluntad con respecto a sus bienes y activos...
“Abogado: Roberto, lo escucho…”
“DR: Quiero que preparemos mi testamento…”
“Abog: ¿Quieres que sea ahora?
“DR: Sí, Mauricio… uno nunca sabe cuando llegará la hora de partir y deseo dejar muchas cosas claras, tener todo organizado…”
“Abog: Será como tú digas… A ver, ¿cuál será tu voluntad?”
Y Roberto presentó ante su abogado y amigo, su voluntad para el futuro de su familia… la familia Mendoza…
“DR: …y si Margarita tampoco estuviera, deseo que Armando disponga de la mitad de todo, compartida con Camila, pero únicamente estando casado…”
“Abog: ¿En serio deseas eso, Roberto?”
“DR: Sí Mauricio… Armando debe formalizar su vida, establecerse, madurar. El poseer un gran poder como este que le estoy otorgando, implica una gran responsabilidad. Yo deseo que se case, que trabaje mano a mano junto a su esposa como lo hice yo y que no derroche todo lo que le deje, sino que lo comparta…”
“Abog: Me imagino que con su novia… con Marcela…”
“DR: No Mauricio… no creo que sea con ella. Armando no la ama. Lo conozco y aunque me cueste reconocerlo, esa relación en vez de hacerlo crecer, lo está lanzando a un precipicio cada vez más. Para serte honesto, no desearía que fuera con ella…”
“Abog: Bueno, todo lo que me has dicho esta muy bien hasta ahora, ¿alguna otra condición?”
“DR: Sí, hay una más… Armando tendrá la total libertad de casarse con la mujer que desee, esa elección queda abierta… pero no podrá disponer de su herencia hasta un año después de su matrimonio…”
“Abog: (sorprendido) Todo quedará debidamente organizado, Roberto… no te preocupes…
“DR: Por esa parte no me preocupo, Mauricio, muchas gracias… Mi única preocupación siempre tendrá nombre y ese es mi hijo… Armando Mendoza…”
Con una copia del testamento de su padre en sus manos, Armando repasaba una a una cada palabra. Hubiera dado todo por haber estado en aquel momento allí, junto a su padre… por haber escuchado aquella conversación de él con el abogado que lo ayudó. Hubiera dado todo por entender las razones claras que tenía su padre al destinar su herencia a sus manos después de un año y sobretodo casado. Trataba de comprenderlo, lo que en ocasiones, no dudó en considerarlo injusto…
**El Testamento de Roberto Mendoza**
Este es el testamento de Roberto Mendoza, co-fundador de la empresa Ecomoda. El doctor Mendoza dejó sus pertenencias en manos de su esposa Margarita Sáenz y sus hijos Armando y Camila Mendoza Sáenz. Se estima la suma de alrededor de 5 millones de dólares o más, la que debe ser transferida según la parte acordada para cada uno, de acuerdo a las cláusulas establecidas por el señor Roberto Mendoza que se estipulan como sigue:
*Primero: Margarita Sáenz, esposa, recibirá el 40% entre pertenencias, acciones y capital de Roberto Mendoza. Sus hijos Camila y Armando Mendoza recibirán el 30% cada uno.
*Segundo: La transferencia se hará efectiva inmediatamente para su esposa Margarita y su hija Camila, por la cantidad estipulada para cada una. Sólo Armando Mendoza podrá disponer de un 20% de su parte correspondiente al momento de hacer efectiva la muerte de su padre. El otro 10% será disponible una vez contraiga nupcias.
*Tercero: Armando Mendoza tomará posesión de la presidencia de Ecomoda como sustituto de Roberto Mendoza en caso de fallecimiento y tendrá poder absoluto de su 30% de las acciones de la familia Mendoza. Margarita recibirá el 40% y Camila el 30% según corresponda. En caso de fallecimiento de Margarita, ambos hijos tendrán el 50% cada uno de las acciones, correspondiéndole un 5% de las de Armando a su esposa cuando contraiga nupcias.
**CLAUSULA IMPORTANTE:
En caso de fallecimiento de la Sra. Margarita Sáenz, sus hijos repartirán todo el capital en partes iguales (50% y 50%). Camila Mendoza podrá disponer de su parte inmediatamente por su estatus de mujer casada y con familia formalizada. La única condición para Armando Mendoza disponer de su parte en su totalidad, como requisito y voluntad de su padre Roberto Mendoza, es que podrá cobrar su mitad estipulada solamente al momento de cumplir un año de sus nupcias con la mujer deseada. Esta condición es irrevocable.
YO, ROBERTO MENDOZA, DECLARO QUE ESTE ES MI TESTAMENTO Y MI VOLUNTAD…
Una última voluntad que para Roberto en aquellos instantes, estaba plasmada con tinta para beneficio de sus hijos. Pero para Armando en un futuro… estaría marcada con sangre…
Mario entró a presidencia con su bufón aspecto de costumbre, extrañado por la inquietud aparentemente serena de Armando, quien estaba perdido en un cúmulo de recuerdos y pensamientos. Se sentó enfrente de él, mientras éste aún no había notado su presencia allí, ni mucho menos la montaña de papeles que se esparcían por todo el escritorio…
M: Qui’ hubo hermano, qué le sucede, qué se significa esa cara...
A: (reaccionando aturdido) Nada Mario… sólo que comencé un día feo y quien sabe qué clase de mala suerte tendré…
M: Ah mi estimado y recién estrenado presidente… ¿se trata de alguno de esos bombones que conoció en el lanzamiento? A ver, cuénteme, como es ella... ¿se parece a algunas de las locas de Karina Larzon o Claudia Bosch para decirme que comenzó un día feo?
A: No, Calderón, no sea ridículo que no estoy como para sus chistes tan jartos…
M: ¿Y eso? Como que muy temprano para estar tan susceptible… ¿no cree?
Armando lo miró inquisitivamente, evitando decirle en palabras lo que deseaba en ese momento…
M: Dígame hermano, no sea tan aburrido y egoísta… Está usted que se babea por contármelo…
A: (mirándolo con pereza) A ver, cómo le digo… para nada se parece a esas viejas, Mario. Esta es fea… pero bien fea…espantosamente fea y me tropecé con ella en la universidad yendo a la cita que tenia con Sergio, mi amigo, ¿se acuerda?
M: Claro que me acuerdo de él…a propósito, ¿que le dijo? ¿Aceptó o no aceptó?
A: (desalentado) Pues hombre… no aceptó por unos motivos muy válidos, pero imagínese que casi y se me olvida de momento lo que hablamos, ya que quedé ahí pintado preguntando por ella, pues me pareció tan curiosa... (riéndose) De espanto, hermano, no se imagina… (cambiando su gesto a uno mas serio, poniéndose de pie) ¿Pero sabe algo? Esa mujer me dejó pensando en muchas cosas…
M: Ay no… no me diga que son malos pensamientos Armando, pues le diré que es un degenerado, que esta usted enfermo y lunático…
A: (mirándolo molesto) ¡Pero que idiota es usted, Calderón! ¿Me va a dejar hablar? ¿Puedo?
M: Sí, sí, sí…claro, siga…
A: Vea Mario, usted sabe que yo llevo varios años con Marcela de novio y la conozco perfectamente. Ahora se le ha bajado la intensidad de reclamos y de sus celos, y adivine porqué...
M: ¿Porque se convirtió en mártir acaso?
A: (molesto) No hombre, porque esa mujer lo que desea más que nada en este mundo es casarse conmigo lo antes posible y por ahí mismo heredar las acciones, bienes y todas esas cosas que mis padres me dejaron y que no podré disfrutar de ellas hasta que me case. Yo no le daré el gusto Mario. Ella al convertirse en mi esposa querrá controlarlo todo y obtenerlo todo y no me da la gana de regalarle eso a ella y mucho menos que su hermanito Daniel pruebe de esa tajada. No señor, primero me caso con la primera que me encuentre…
M: O sea, en este caso, si vuelve a ver a la fea… hoy mismo la convertiría automáticamente en su esposa…
A: Es posible…
M: Dígame, Armando… ¿qué usted se tomó? ¿Qué chuzo le hicieron? ¿Le bailaron la danza de las brujitas? ¿Le hicieron tomar una poción de morbosidad? ¡Ya se!, le leyeron las cartas y le dijeron que pronto morirá y debe ser un mejor ser humano…eso, ¿cierto?
A: (con ganas de matarlo) Mario, no me provoque que no respondo…
M: OK, esta bien, no lo molesto más, pero contésteme una cosa que no comprendo, por más que le de vueltas al asunto, ¿por qué tiene que ser una mujer fea, tan espantosa como usted me la describe?
A: No hablo de cualquier mujer fea, no señor. Hablo de esa mujer en específico. Preste cuidado, Calderón. Esa mujer es fea… y usted me dijo una vez que las feas son muy sumisas y fieles. Que cuando un hombre como yo, apuesto, galante y todas esas cosas, se les acerca y les hace caso, ellas tratan de complacerlos en todo para no perder esa oportunidad tan agraciada que le ha dado la vida. ¿Me sigue?
M: Sí, claro…como que ahora le parecen agradables mis sugerencias…
A: Mario, usted no entiende, en eso tiene mucha razón. Yo no puedo casarme con Marcela, podrá ser muy bella, pero no quiero hacerlo con ella, me da muchísima pereza hasta de pensarlo y si no me deshago de ella pronto, puede salir con alguna trampa suya para convencerme y dé un mal paso…
M: (burlándose) O de pronto le haga tomar algo que lo deje hipnotizado y en una de esas faenas suyas con ella, venga y le caiga con que está embarazada de usted…
A: Usted si que es un desgraciado… Muy buenas sus palabras de aliento, no pues…
M: Armando, usted es muy cobarde para entrarle a una mujer tan fea, eso sería algo condecorable. Hombre si se va a casar, cásese aunque sea un poco enamorado, no sé… con alguien que le mueva el piso…
A: Mario, usted sabe que yo nunca me he enamorado ni mucho menos… Además yo no tengo ya tiempo para eso, aún no ha llegado a mi vida la mujer que me enseñe a querer, a amar o lo que sea…
M: ¿Y si llegara?
A: A estas alturas de mi vida, lo dudo, hombre. Además, después que se acabe todo esto, después que pase todo ese año que debo estar casado, yo necesito volver a tener mi libertad… o sea, que ni tibio se me puede ocurrir enamorarme…
M: Hombre, pero vuelvo y le planteo la misma pregunta, ¿por qué tiene que ser fea la mujer, por qué? ¿Por qué no puede ser bonita, medio bonita, que tenga algo de encanto y no alguien que parezca el fantasma de la ópera?
A: Mario, cualquier mujer hermosa se casaría conmigo por plata y eso usted lo sabe. Muchísimas mujeres me conocen y saben lo que tengo y sólo por eso se me pegarían como chicle. Yo no puedo estar con cualquier mujer, y mucho menos con esas con las que he salido, que la gran mayoría lo que tiene por cerebro es arena. Debe ser alguien que no sea de mi medio, más humilde, más desinteresada…que no me conozca bien. Hermano, yo tengo que casarme pronto, adelantármele a Marcela para que no siga con su insistencia. Le repito, estuve pensando y no tengo mucho tiempo para ponerme a buscar candidatas perfectas...
M: Muy bien, muy bonito todo eso, pero, ¿qué persona “desinteresada” como dice usted, va a encontrar ahorita? Todo Colombia sabe quien es usted, hombre…
A: Vea Calderón, esa muchacha de la cual le hablé, es una alumna de Sergio y él me comentó maravillas de ella. Me dijo que era estudiada, que pronto poseerá dos postgrados, que era muy buena y muy humilde. Es verdad que no es una belleza ni muy remotamente, pero él la conoce y eso es muy conveniente para mí. Pero sobretodo, ¿sabe que? Me dijo que era muy solitaria y reservada…
M: Caramba, toda una oda a su estudiante. Aunque lo de solitaria ella no es inocente… debe saber muy bien que nadie se le acerca para no morir de un infarto… Gracias a Dios que no la he visto. Aún soy muy joven para dejar de disfrutar de las delicias que me ofrece la vida…
A: (irritado) No sea cretino y escuche... Lo que más me llamó la atención fue eso último que él me dijo, Mario. Siendo una mujer solitaria y reservada me conviene, pues no le gustará socializar con gente de mi medio y mucho mejor, no es una mujer reconocida… será más fácil mantenerla en anonimato…
M: Usted se ha vuelto muy cruel, Armando. Y ¿cómo hará eso? ¿Usted cree que ella aceptará que nadie la reconozca como su esposa? ¿La mantendrá encerrada en su casa? ¿Le tapará la cara con una bolsa cada vez que salgan?
A: No hombre, algo se me ocurrirá…
M: Me imagino que no pensará decirle el plan que tiene con ella, comentarle que se casa por una herencia, ¿o sí?
A: ¿Cómo se le ocurre Calderón? No sea bruto, claro que una mujer como ella no aceptaría algo así y si se entera que es por una herencia o me mata o se vuelve la mujer más enamorada del mundo por plata…
M: ¿Y Marcela? ¿Ha pensado qué hará con ella después de todo?
A: Nada, la dejo botada…
M: No…definitivamente usted enloqueció. Echarse a esa mujer de enemiga será su peor pesadilla, hermano…
A: El casarme es un buen pretexto para sacudirme a esa mujer de encima, para que no me moleste más. Una vez casado, de la humillación ella se irá lejos. Mario, ya Marcela me tiene cansado. Ella también me ha hecho muchas cosas que me han disgustado muchísimo. Yo no sé como no he tenido el valor de dejarla antes…
M: Porque Marcela lo ha controlado a usted a su antojo. Lo tiene puyado a lo vudú para que no la deje… (riéndose a carcajadas)
A: Idiota…
M: Pues hombre, qué puedo decirle. Usted esta a punto de caer en un frenesí. Dígame, ¿ha pensado cómo se le acercará a ella, cómo la va a enamorar, cómo le propondrá matrimonio?
A: (pensando aturdido) No… no… aún no he pensado en eso, Calderón, no moleste…
M: ¿Acaso se ha detenido a pensar en una vida fea de casado, con una mujer como la fea? Las feas son reprimidas... y usted tendrá que corresponderle como marido, ese será su deber. Déle un poquito así… (mostrándole con sus dedos)… Y usted quedará lamentándose con la honra perdida por casarse tan “feamente”…
A: Cállese Calderón… no sea morboso…no me lo quiero imaginar, eso es lo que más me preocupa…
M: Pues hermano, póngase pilas, pues las mujeres como ella son impredecibles. No me lo imagino a usted en un momento de pasión con ella… (decía riéndose a carcajadas)… Aunque debe ser algo exótico ¿no cree?
A: (molesto) Tan divino usted, ¿no?...ridículo…No me hable de eso ahorita, calle esa boca…
M: Pues más le vale que lo vaya pensando e imaginándose el panorama. Quizás eso lo relaje…
Armando en esos instantes, se sentó y bajó su cabeza horrorizado y a la misma vez, desalentado. Sabía que todo aquello no sería una tarea fácil de llevar a cabo. El tratar de escapar de Marcela y de un futuro inminente con ella a través de un juego tan peligroso para humillarla en su ego, le costaría mucho más que hacerle un desplante. Le costaría estar atado a una mujer de aspecto desagradable, a la cual no ama y apenas conoce. Todo para lograr disponer de su herencia intacta, sin compartirla y mucho menos con Marcela. Sabía que todo aquello implicaría casarse con Betty todo un año, regalarle su tiempo a su lado, aguantar su cercanía y lo más terrible, compartir su lecho con ella… Eso era algo inconcebible para él y más aún, imposible…
Pero al igual que Marcela, su gran ambición podía más que sus escrúpulos. Nada lo cegaría más en esos momentos que su ambición…
A: Creo que debo volver a verla… (suspiró reaccionando a sus pensamientos)
M: ¿A quien, a la fea?
A: Sí… (mirándolo convencido)
M: Armando usted se ha vuelto loco… ¿Insiste con eso?
A: Más loco sería si me casara con Marcela. Yo a ella no la amo y tampoco le daré ni un solo centavo...
M: Pero es que usted tampoco ama a la otra, es más apenas la conoce y con ella se quiere casar…
A: Pero ella no es como Marcela…
M: ¿Y eso cómo usted lo sabe? (mirándolo intrigado)
Armando recordó fugazmente y en silencio las últimas palabras que salieron del corazón de su amigo Sergio…
“…si no fuera mi estudiante, me hubiera enamorado de ella…”
A: Pues no sé, lo presiento así. Según Sergio, ella es una mujer llena de virtudes…
M: ¿Y qué sabe usted de virtudes que no sean aquellas que ve con sus ojos?
A: Pues no se nada ni tampoco me interesan por el momento…
M: Pues más le vale que tenga cuidado y no lleguen a interesarles algún día y sea con quien usted menos se lo espere…
A: (riéndose) ¿Qué usted esta insinuando, Calderón… que yo me enamoraría como un perfecto idiota de una mujer como la vieja esa…?
A: Yo no he insinuado nada… eso lo esta diciendo usted…
A: (confundido y molesto) Bueno, deje ya la estupidez, Mario y no sigamos más con este tema, pues parece que usted no ha madurado aún…
M: Estoy muy de acuerdo, Armando… concéntrese mejor en la empresa ¿quiere? A ver… (tomando el periódico en sus manos e imitando a un reportero televisivo, lee los titulares del tiempo…)
M: “CLIMA PARCIALMENTE SOLEADO, CON TEMPERATURAS MINIMAS DE 60 GRADOS”
(cambiando la página, lee un titular de Artes y Entretenimiento)
M: Ay hermano, le tengo una sugerencia, tal vez a su próxima mujer le encante y le interese esto... (en tono de burla)
“EL CANTANTE MEXICANO CRISTIAN CASTRO SE PRESENTARA EN CONCIERTO LA PROXIMA SEMANA EN EL COLISEO EL CAMPIN EN BOGOTA”
M: …No pues, Cristian Castro viene a volver locas a las colombianas, las va a matar de tanto cielo azul… (decía Mario entrelíneas, mientras se reía de sus ocurrencias estúpidas)
Mientras seguía con sus comentarios infantiles, Armando se encontraba con su mirada perdida y parecía no haberle estado escuchando durante todo ese tiempo...
M: Armando por Dios, ¿que le pasa? Ya deje a un lado esa preocupación “fea” que tiene. Concéntrese en otras cosas. Además Marcela no es lo peor que le pueda pasar en el mundo…
A: (con la pelotica anti stress en la mano) Ay ya deje las babosadas, ¿quiere? ¿No ve que tengo que estar casado para recibir esa herencia? Y además, no me da la gana de regalarle mi plata a Marcela, no señor…
M: Pero si tan sólo es un año, hermano. Si ha estado con ella hasta ahora, puede soportar un año más…
A: Si me caso con ella, es casarme para siempre, Mario, pues ella jamás se separaría de mí…
M: Bueno, de todas maneras si no le regala la plata a ella, se la regalará a la otra…
A: Párele ahí, Calderón…ni tanto así. Obligatoriamente, ella tendrá derecho al 5% de las acciones de Ecomoda antes de que se cumpla el año, como esta estipulado en el testamento, pero nada más. Puede ser que si me resulta buena mujer como me la pintan le tenga sus ahorritos de la plata que gane trabajando. Tampoco seré tan miserable con ella…
M: (riéndose) No saldrá tan mal su futura esposa, ¿cierto? Al menos la voluntad de su padre no lo obliga a casarse precisamente con Marcela… Eso fue algo muy sensato…
A: Porque papá conocía perfectamente mis sentimientos hacia Marcela. Si hubiera sido por mamá, ya hubiera estado amarrado al cuello con esa mujer hace rato…
M: Muy bien señor presidente... muy conmovedor su relato. Ahora quítese eso de la mente y relájese. A ver…escuche esto mejor, está interesante...(decía Mario doblando una sección del periódico)
“SIGUE SIENDO UN MISTERIO SIN RESOLVER EL CASO DE LA REINA DE BOGOTA, DE QUIEN SE CREE PERMANECE SECUESTRADA POR LA GUERRILLA DESDE HACE CINCO AÑOS… ¿ESTARA AUN CON VIDA?”
M: Armando por Dios.....mire esta mujer, (enseñándole el titular y la foto de la reina)…Esto sí es una mujer de verdad. ¿Por qué no va y la busca y la rescata de la guerrilla o de lo que sea y se casa con ella? Piense hermano...la gente se lo agradecerá y usted será muy feliz, con un final de telenovela rosa…
A: (molesto, sacudiendo los pies de Mario que estaban sobre el escritorio de Armando) Quite, quite… Deje la bobada y también ese periódico… Ya me tiene mareado…
M: Mareado quedará cuando le toque estar con la fea… (riéndose como un desquiciado)
Armando lo miró fulminante y con deseos de acabar con su vida. Ciertamente, Mario había sembrado en su mente como cizaña, interrogantes que ni él mismo conocía una respuesta convincente. Cada vez encontraba más descabellada la idea de ahogarse en esas agua profundas tan sólo por un beneficio aparente, que más que traerle satisfacción, le hacía probar el amargo sabor de su ciega ambición, de su terrible soledad y descontento…
A: ¿Sabe una cosa, Calderón?
M: ¿Qué?
A: Yo le voy a demostrar a usted de qué soy capaz… yo le mostraré claramente que no soy un cobarde como usted piensa. Soy un hombre muy bien centrado en lo que quiero y estoy seguro que nada me hará cambiar y mucho menos una mujer como esa tan insignificante. Ya verá que cuando eso suceda, me lo imaginaré condecorándome por mi hazaña…
M: ¿Por la hazaña de casarse?
A: No… por la hazaña de enamorar, obtener lo que quiero sin involucrarme sentimentalmente como usted piensa. No sea ridículo… el amor no es para todo el mundo y cuando todo esto pase, volveré a estar sin ataduras, sin compromisos…volveré a ser libre, como siempre lo he sido. Le aseguro que nadie… absolutamente nadie, podrá quitarme para siempre mi libertad…
CONTINUARA....
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