Capitulo 4: Hagamos un Trato
“La Reina De Las Feas: “Hagamos un trato…” Cap. 4
Por: Lissette Lasanta (Soñadora)
Mayela Rodríguez
Cancion Midi-"Cosas De La Vida" de Eros Ramazzotti
“Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.
En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.
Pero yo ya sabía cómo era…
De pronto, mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:
Frente a mis ojos estabas, reinándome y reinas.
Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino...”
La tarde del lunes caía tibiamente sobre frío clima de Bogotá. Armando regresó a Ecomoda luego de sus compromisos que lo mantuvieron alejado de la empresa durante todo el día. Mientras caminaba, no podía evitar que Betty trastocara nuevamente sus pensamientos. Recordaba cómo el pasado viernes cuando fue a hablar con ella, se comportó tan dura y defensiva con él. Estaba confundido, pues jamás una mujer había sido tan cortante ante sus palabras e indiferente ante su presencia. Sin lugar a dudas, durante todo ese fin de semana, Armando reconoció en sus adentros a pesar de su orgullo herido, que ella no era una persona convencional, disponible y accesible como cualquier mujer. Reconoció que era inmutable, difícil de convencer o de trastocar sus valores. Y aunque resultó duro aceptarlo, sabía perfectamente que la mujer que él necesitaba era ella…era Beatriz…
Al caminar por los pasillos hacia su oficina de presidencia, se percató que las secretarias no estaban en sus puestos. Su cara se llenó de enfado al conocer la faena que día a día tenía que soportar con el cuartel de feas. Pensó que seguramente estarían todas reunidas ventilando algún chisme o planificando alguna de sus salidas a rumbear. Ya no sabía ni cómo controlarlas, aún ni las medidas de sancionarlas las hacía mostrar por lo menos un poco de consideración. Pero la más que le irritaba del cuartel era Sofía, quien lo sacaba de sus casillas cada vez que la sorprendía hablando de su mal genio, de su neurosis y sus aventuras con las modelos. Sabía que debía tomar una medida de disciplina más fuerte con ellas o si no, se vería en la obligación de despedirlas a todas…
Lleno de rabia y enfurecido por las actitudes de sus empleadas, aceleró sus pasos…
Allí, enfrente de su oficina estaban hablando a la vez, despidiéndose de alguien, que entre el tumulto de todas reunidas alrededor de esa persona, no lo dejaban ver...
Al acercarse más, se dio cuenta que la persona con quien el cuartel hablaba era su hermana Camila y se acordó con tristeza que ella partiría esa noche al lado de la familia que había formado en el extranjero, lejos de la desaprobación de sus padres hace unos años atrás…
Por un instante al mirarla, la nostalgia lo invadió y no pudo evitar sentir felicidad, mezclada con celos, los que experimentaba cada vez que la contemplaba tan feliz, tan realizada al lado de una persona que amaba profundamente y con la cual tenía dos hijos. Pensó en lo afortunada que ella era y cómo había podido lograr tantas cosas, mientras él permanecía atado a una mujer que no amaba y que cada vez más, lo enloquecía y lo frustraba...
C: Muchas gracias, muchachas por sus buenos deseos. Después de todo esto, estaremos más en contacto. Vendré a Bogota a visitar a Armando, digamos dos veces al año. El todavía sigue siendo un bebé...
Sof: Ja… bebé... (riendo a carcajadas)... perdóneme Doña Camila, pero Don Armando parecerá todo menos un bebé. Al menos un bebé se calma con un tetero, pero a su hermano no lo calma ni aunque se le aparezca un ángel cuando le dan esas rabietas… se convierte en toda una fiera, usted no tiene idea…
A: SOFIA!!!! (gritando descontrolado) Sigue viendo esa maldita novela, ¿cierto?
Sof: Eh… sí…, (titubeando) hablaba acá de otra fiera… digo de otra hiena… de otro doctor… Don Armando… (respondió con deseos de que la tierra la tragara por sus imprudencias)
C: Ay Armando… me dejaste sorda... (riéndose ante la situación)
A: Discúlpame Cami, ¿cómo estas? (depositando un beso en su mejilla)
C: Sorda por tu culpa... (sonriendo dulcemente) Me estaba despidiendo de todas. Tú sabes que salgo esta noche en dos horas, pero vendré a visitarte muy pronto...
AuraM: Ay Doña Camila, esperemos que sea muy pronto como dice y de paso nos trae de allá algún triple papito italiano…
Inesita: Aura María, por Dios, respete no sea imprudente… (dirigiéndose a Camila) No sabe cuánto me alegra Doña Camila que todo le haya salido bien esos años que no estuvo acá y nuevamente mis dolencias… pero hay que tener resignación. Cuídese mucho y saludos a la familia. Aquí le cuidaremos a Don Armando, a quien usted sabe quiero como un hijo y a usted como una hija…
C: Gracias por sus palabras Inesita, recuerde que siempre la pienso y la quiero mucho…
A: Camila… (mirándola seriamente)
C: ¿Sí Armando?
A: Necesito que hablemos, vamos a la oficina…
Camila se despidió de todas y siguió a Armando hacia presidencia. Al ella contemplar su rostro, sabía perfectamente que su hermano no andaba bien. Aquella cara de angustia y preocupación la conocía a ojos cerrados…
C: (sentándose en una silla) A ver, Bebé… ¿qué sucede? ¿Hay algo más que la muerte de papá y mamá que te está atormentando acaso?
A: (de pie, caminando despacio con su rostro contrariado) Sí, Cami, sí… hay otras cosas que me tienen muy confundido…
C: Cuéntame, tal vez puedo ayudarte…
Armando fijó su mirada triste y perdida a través del cristal de una ventana. Suspiraba profundamente, mientras sus ojos reflejaban imágenes que fluían de su recuerdo, como una película llena de dolor y melancolía…
A: Hermanita… no sabes la falta que me hiciste todos estos años… No sabes lo mucho que te necesité, que esperé tu abrazo fuerte, cálido, que me reconfortara en mis momentos más difíciles. Todo el mundo trataba de darme consejos y yo tan sólo escuchaba los tuyos, de los cuales carecí tantas veces. No sabes cuántas noches esperé tu mano tibia acariciando mi frente y tus dulces palabras aliviando mis preocupaciones, deseándome dulces sueños… Todo aquello lo perdí, se me escapó de las manos y no pude hacer nada. Ahora nos volvemos a reunir, en esta situación tan dolorosa para ambos y todo ha cambiado en nuestras vidas, todo… Cuánto desearía poder dar marcha atrás al tiempo y cambiar tantas cosas…
C: (acercándose a Armando, con su rostro apenado) Bebé… perdóname…Perdóname por haberme ido y haberte abandonado así tan de repente, pero tenía que hacerlo. Papá y mamá fueron muy buenos padres, pero controlaban demasiado nuestras vidas, en especial la mía. Sino me hubiera ido en aquel momento, nunca hubiera sacado las fuerzas para hacerlo luego y ahora mismo no hubiera podido alcanzar todo lo que he logrado…lo que he construido…
A: Todo lo que tal vez yo también tuviera si me hubiera ido tan lejos como tú…
C: (dulcemente) Pero aún no era el momento de hacerlo, Bebé… Tu presencia aquí era más relevante y decisiva que la mía. Yo jamás hubiera podido hacerme cargo de la presidencia de esta empresa, por ejemplo. No tengo la entereza, la inteligencia y la fuerza que posees tú para estas cosas. Desde niño tu sueño fue siempre poder llegar hasta aquí, hasta donde has llegado y el destino aunque fuera de manera violenta, te ha puesto donde debes estar, donde mereces estar. Ahora eres el presidente de Ecomoda, el sucesor de nuestro padre… ¿Quién mejor que tú, Armando, quién?
A: Pero es que tengo miedo, Camila, mucho miedo…
C: (acariciando su rostro) Lo sé. La muerte de papá y mamá ha dejado una tristeza y un vacío muy grande en nosotros, pero debemos seguir adelante por más dolor que nos cause ya no tenerlos a nuestro lado. Sé que esto es algo especialmente difícil para ti y más siendo tan repentino, sin haberte preparado, pero no te angusties bebé, todo saldrá bien…
A: (con lágrimas en sus ojos) Es que no me entiendes, Camila… Todo lo que he querido en la vida lo he tenido, me ha sobrado y créeme que no me siento feliz ni aún con haberse hecho realidad este sueño que tanto deseé. Me siento perdido, solo, abatido… Nada me llena, nada le da valor a mi vida…
C: Armando, pero ¿y Marcela? ¿Qué hay con ella?
A: (disgustado) Ay… ese es otro de mis problemas, Cami. Esa mujer me esta enloqueciendo, me está volviendo la vida un desastre…
C: No la amas…
A: No…no la amo…
C: Armando, tú sabes perfectamente que la persona que te insistía tanto a que continuaras con esa relación era mamá y ya ella no está con nosotros, ¿por qué entonces sigues con Marcela aún?
A: Por no estar sólo, Camila… por eso únicamente…
C: ¿Por no estar sólo? Armando pero si tú eres un hombre atractivo, elegante y sales con muchas otras mujeres y a espaldas de Marcela, según tengo entendido… ¿cómo vas a decirme que es por no estar sólo? Realmente eso no lo comprendo…
A: Si Cami, es cierto. He salido con muchísimas mujeres, pero no tengo nada con ninguna. Es sólo… (titubeando) ...salidas de plan, ya sabes… nada serio…
C: (seria) Sí claro… salidas de plan, cada vez una distinta y me supongo que con tu fiel y “preocupado” amigo Mario, para que salgas de la rutina, me imagino. ¿Y así piensas encontrar la felicidad, yendo de aquí para allá, jugando contigo mismo, con tu tiempo, como si aún fueras realmente un chiquillo, un adolescente que desea experimentarlo todo en la vida? Me da la impresión de que jamás te has enamorado seriamente…
A: Ni creo que lo haré, Camila…
C: Armando, ¿qué pasa contigo? Tú no puedes seguir así, castigándote como si no tuvieras sentimientos, como si no necesitaras llenar ese espacio que dices tener vacío en tu corazón, esa necesidad de encontrar a alguien que se preocupe realmente por ti, que te quiera, que te valore. No puedes ser tan egoísta y pensar en sólo saciar unos impulsos, cuando estas dejando escapar de tus manos los mejores momentos de tu vida. Has caído en la necedad de creer que no mereces amar ni ser amado…
A: (levantando la voz disgustado) ¿¿Y qué es el amor?? ¿Ah?? ¿Quién podría explicarme eso, ser tan honesta conmigo y verme con otros ojos? ¿Quién podría acercarse a mí y mirarme de manera transparente sin que vea reflejado en su mirada el deseo de poder, de sexo o de plata??? ¿Para quién podría yo significar algo más allá que ser un objeto de colección el cual pueda exhibir a todos? Camila, eso es lo que yo represento para cualquier mujer, sólo eso…
C: Lo has dicho…para cualquier mujer quizá, pero no para todas…
A: Desgraciadamente, las que se me acercan son cualquier mujer…
C: No sólo las que se te acercan, bebé, sino las que tú mismo también buscas sólo para satisfacer tus deseos. Por eso mismo no la encuentras Armando, porque no eres tú el que tomas la iniciativa genuina de hallar esa mujer que necesitas…
A: (irónico) Seguro… hasta para poder disponer de la herencia que dejó papá necesito de una mujer…
C: No pienses así, Armando. Papá sólo quería tu bien, que te estabilizaras, que arreglaras tu vida y te recogieras definitivamente al lado de la mujer que ames… Que formes una familia, trabajes mano a mano en la empresa con una buena esposa a tu lado tal y como papá y mamá lo hicieron y puedas tener hermosos hijos que llenen tus días de dulzura…
A: Pues más vale que esa mujer llegue pronto antes de que… (haciendo silencio)
C: ¿Antes de qué… Armando?
A: Antes de que… cometa más locuras, eso quería decir Cami…nada más… (nervioso)
C: (extrañada) Armando… aún sigues siendo tan amigo de Mario, ¿cierto?
A: Sí, como siempre…
C: (mirándolo con firmeza) No te fíes demasiado de él, hermanito, no confíes tan ciegamente en él…
A: (confundido) ¿Por qué lo dices?
C: Porque si él fuera tan buen amigo como lo pintas, te ayudaría a salir de este encierro y esta confusión que tienes, de este desánimo… te ayudaría a encontrar soluciones y a respaldarte en ellas. No quisiera que sufrieras una decepción el día que él te llegue a dar la espalda…
A: Eso no pasará, Cami…no te preocupes…
C: No te confíes demasiado, Armando, es lo único que puedo decirte…
A: Yo sabré controlarlo…
C: (extrañada) ¿Qué tienes pensado hacer, Bebé, ahora que me regrese a Venecia?
A: Casarme tal vez... (contestó como si no tuviera mas remedio)
C: Querrás decir “enamorarte” primero…
A: Sí… eso…
C: Ay, hermanito… ten mucho cuidado ahora que has asumido la presidencia de Ecomoda. No será muy fácil, por lo que te recomiendo que busques personas de confianza, que te ayuden. Desearía poder quedarme contigo, pero será muy difícil para mí ahora, pues mi esposo consiguió el puesto que tanto deseaba en la compañía a la que trabaja y creo que no podremos mudarnos para Bogotá por el momento…
A: Me imagino…
C: Armando… quiero pedirte algo. Necesito que me prometas que estarás bien, que de ahora en adelante pensarás bien las cosas y que no olvidarás todo lo que te he dicho, por favor… No cometas errores, ahora ni papá ni mamá estarán contigo. Si me necesitas, sabes dónde encontrarme…
A: No te preocupes, Cami… (pensativo) Te prometo que pensaré bien las cosas para el beneficio de todos…
C: En especial el tuyo, hermanito…el tuyo es el más que me interesa…
A: No te preocupes que lograré lo que quiero…
C: Bueno, espero que eso que quieres sea algo muy beneficioso para ti…
A: De eso puedes estar segura…
C: Te quiero, bebé… me vas a hacer mucha falta…
A: Yo también te quiero… envíale saludos a los niños y a tu esposo…Que tengas buen viaje…
Y ambos se fundieron en un tierno y deseado abrazo. Un abrazo que retrocedió el reloj, una escena que se plasmaba como una foto fija en sus corazones. Por un instante el pasado regresó a visitarlos, y ellos estaban allí, como dos niños defendiéndose de algún fantasma en la oscuridad. Armando el niño desprotegido… Camila su héroe valiente. Un viaje por el tiempo que acortó la distancia y los volvió a unir una vez más como hacía mucho lo habían necesitado…
Todo un mes había transcurrido con la ligereza del viento. Era ya lunes a principios de noviembre, mientras Betty continuaba recibiendo casi a diario, una hermosa dedicatoria, un pensamiento, una flor o un poema…
Desde aquel instante comenzó a sentir como sus esperanzas se llenaban de luz y cómo su vida comenzaba a experimentar dulces sensaciones. Se sentía desarmada, desprotegida ante aquellos detalles cargados de sensibilidad, de pureza y de pasión. Se preguntaba en ocasiones, cómo alguien podría admirarla tanto… tanto como para dedicarle de su tiempo a embellecer sus días…
Era imposible para ella sorprender al autor y causante de aquellas emociones que había estado experimentando, por el cual cada día acrecentaba sus deseos de conocerlo, de hablarle, de mirarlo a los ojos. No se podía explicar cómo con cada palabra escrita por él, se estremecía completa y de manera inevitable la transportaban a soñar con unos labios susurrantes, un abrazo tierno o una cercanía cálida y reconfortante. Se negaba en momentos a pensar en una oportunidad en el amor, en poder sentirse amada y amar. Pensaba que ya ese sentimiento no podría volver a tocar a sus puertas, a darle la felicidad que ella soñaba, porque el amor no estaba hecho para ella. Por eso estaba un poco incrédula ante todo aquello… un sueño que tal vez nunca llegaría a materializarse…
Desde aquella tarde accidentada en la cual habló con Armando, ella no había podido sacarlo de su mente ni de sus sueños. Había pensado mucho en aquella propuesta de trabajo, que aunque le pareció muy extraña, se sintió bien de cierta manera al recordar que su profesor Sergio Montilla la había recomendado. Pero al venir a su mente la presencia de Armando, era como si lo viera acercarse nuevamente, allí, en el mismo lugar donde conversó con él la primera vez. Pensó por momentos que el autor de todos esos detalles que tanto la llenaban era él, quizás tratando de convencerla de alguna manera a que recapacitara y aceptara su ofrecimiento, aunque ciertamente dudaba que eso fuera posible…
Pero lo que Betty no se imaginaba, era que esa ilusión estaba más cerca de ella de lo que pensaba. Que tal vez ese hombre secreto, tierno, dulce y romántico, estaba sólo a pasos del lugar donde ella se refugiaba, de su rincón de siempre. Lo que ella desconocía, era que esos ojos que tanto deseaba poder mirar, eran los que día a día la observaban inquietos, profundos y apasionados… ocultos en el silencio, entre aquellos libros, entre las sombras de aquella biblioteca. Una mirada que divisaba algo más que lo que sus pupilas veían a simple vista…Unos ojos que no se detenían ante la limitación y poca gracia que ella poseía externamente, sino que la miraban más profundamente… se deleitaban en algo más allá de su piel…
B: (acercándose a un empleado que estaba de espaldas, muy concentrado acomodando unos libros) Disculpe, es que ando buscando un libro que no he podido encontrar, ¿podría ayudarme, por favor?
Al dar la vuelta y quedar frente a ella, aquel hombre abrió sus ojos sorprendido al igual que su boca con gran impresión, dejando escapar un profundo suspiro…
Empleado: Se…seguro, señorita… con mucho gusto le ayudo… (contestó muy cortés, sin poder ocultar su evidente nerviosismo)
B: (extrañada) Gracias…
El hombre la dirigió lleno de inquietud hacia la sección de comercio y mercado internacional. Mientras caminaban, era inevitable para ella observarlo sin que él no se diera cuenta. Lo miraba de pies a cabeza… su aspecto, su ropa, su cabello… No podía creer lo que sus ojos divisaban ante él. Aquel hombre poseía una voz tan varonil, firme, definida y tan profunda que contrastaba totalmente con su físico. Pudo percatarse sin mucho esfuerzo que era feo… tanto como ella. Por unos instantes, sintió que al verlo se miraba en un espejo…
Buscó con mucho afán y pudo hallar los libros que ella necesitaba, entregándoselos complacido por haberla podido ayudar. En ese instante, sus ojos se encontraron y pudieron percibir como se perdían sin quererlo en aquella inquieta y fugaz mirada. Una mirada de parte de él, tan ardiente y apasionada como el fuego y a su vez, tan volátil como el viento. Betty no lograba comprender que aquel hombre tan poco agraciado físicamente quien poseía ojos tan bellos y profundos, podía tenerlos ocultos detrás de aquellas enormes y anticuadas gafas. No podía creer como aquellas ropas rebeldes, aquella piel bronceada, una voz tan varonil y un cabello lacio que llegaba hasta sus hombros podían ser parte del dueño que poseía semejantes ojos tan expresivos, tan impresionantes y a su vez…tan dulces…
Empl: (nervioso, interrumpiendo el silencio entre ellos) Señorita…
B: ¿Sí?
Empl: ¿Necesita algo más?
B: (titubeando) No… no…gracias, señor…
Empl: Cualquier otra cosa que necesite, estoy a su disposición…. (extendiéndole la mano)… mi nombre es Esteban… Esteban Villanueva…
B: (correspondiendo su saludo dulcemente) Y el mío es Beatriz Pinzón So… (nerviosa se detuvo por un instante sin completar su nombre) … Me llaman Betty…
Esteban: Mucho gusto, Betty…
B: Igualmente… señor Esteban…
Esteb: Sólo Esteban… (sonriendo dulcemente)
B: Gracias…
Betty le devolvió una sonrisa temblorosa, sin comprender claramente qué estaba sucediendo con ella en esos instantes. Conocer a Esteban, le había hecho experimentar una paz y una confianza que nunca ningún hombre había logrado transmitirle al acercarse a ella por vez primera...
Regresó a su mesa cargada de libros sin dejar de observar con disimulo a aquel hombre que en ocasiones lo sorprendía mirándola. No podía entenderlo, pero sabía en el fondo que Esteban era un hombre diferente, extraño, lleno de un misterio que a pesar de su fealdad, atraía fuertemente como un imán…
Pero a pesar de todos esos atributos, nuevamente la golpeó sorpresivamente en su cabeza, el recuerdo de él… de Armando… y su sonrisa se volvió pequeña y amarga a su vez…
La tarde caía despacio en el horizonte y la noche era recibida por aquel cielo naranja. Betty había salido de sus clases para dirigirse nuevamente a la biblioteca a ultimar una tarea que tenía pendiente. Al acercarse a su rincón de siempre, sus ojos se abrieron como ventanas y su corazón latió de golpe. Aquella figura que se dibujaba ante su mirada, sentada en su mesa de costumbre y en su silla, era la misma que se formaba en las noches al soñar, que le había arrancado la pesadilla que siempre había tenido para crear un nuevo sueño, o quizás…una nueva pesadilla…
Sin pensarlo y disimulando sus emociones, Betty se sentó allí donde se encontraba aquel hombre, en una silla distinta a la que estaba acostumbrada, al otro lado de la mesa…Tomó un libro en sus manos y tratando de ignorar aquella presencia, trató de leer las páginas que se abrían ante ella…
A: Disculpe, señorita Pinzón… ¿Podría darme unos segundos, si no es mucha molestia?
Le habló con firmeza, casi en súplica, pero en susurros que terminaron estremeciéndola… Betty trataba de ocultarse detrás de aquel libro, nerviosa, sin mirarlo a los ojos mientras le devolvía con una firmeza férrea unas palabras…
B: Usted dirá, señor Mendoza… lo escucho…
Armando se acercó a Betty y sutilmente removió de sus manos el libro con el que ella se ocultaba y la miró fijamente a sus ojos, mientras ella bajaba su cabeza al piso temblorosa, desarmada, evitando aquella mirada que sabía muy bien, podía ser su perdición. Armando notó en ese instante que ella no era en realidad una mujer tan dura y fuerte como le demostró ser la primera vez. Pudo percibir una calidez, una inocencia y una vulnerabilidad en ella que jamás había conocido en mujer alguna. Descubrió también en aquella mirada, una tristeza muy grande y una soledad profunda, tan semejante a la que él sentía en su interior. La sintió a su vez salvaje, brava e indomable… con una fortaleza y un espíritu de lucha increíble. Comprendió que todo aquello era su modo de defensa, su castillo fuerte. Jamás pensó que podría existir una mujer así, a pesar de su desagradable aspecto ante los ojos de cualquier hombre…
Armando la tomó del mentón y levantó su cabeza sin pensarlo, y sus ojos se encontraron nuevamente. Aquella mirada traspasó sus adentros como un rayo de fuego. Nunca había observado a una mujer así, y aquello trastocó su alma sin pensarlo… para siempre…
De manera súbita, Armando movió sus ojos como saliendo de un trance, incorporándose y volviendo en sí ante ella, reponiendo nuevamente su carácter firme…
A: Señorita Pinzón… Yo quisiera que me escuchara, pero sin nada que interfiriera nuestra conversación, por favor… (le repitió reaccionando, y regresando sus manos a su lugar, desconcertado)
B: Lo escucho…
A: A ver, cómo le digo…Señorita, estuve pensando en la última vez que conversamos y quería disculparme con usted si le parecí grosero…De verdad, mil disculpas por favor…
Betty abrió sus ojos sorprendida por la actitud tan sutil y arrepentida de parte de Armando. Movía su cabeza aturdida y a su vez, llena de confusión. No podía concebir que aquel hombre al que ella consideró arrogante y soberbio, era el mismo que con voz dulce y palabras de arrepentimiento se presentaba ante ella apenado… Por un instante, sus sentimientos de culpa se apoderaron de sus pensamientos por haberlo juzgado tan mal en algún momento. Pero no obstante, dudó ligeramente y no evitó pensar en que todo aquello fuera una manera más fácil para él de lograr lo que quería con ella…
B: (seria) No se preocupe, señor Mendoza. Acepto sus disculpas…
A: (asombrado por su actitud) No lo vaya a tomar a mal, pero creo que no sólo yo debería disculparse…
B: ¿Por qué lo dice?
A: Pues porque usted también me trató muy duramente en aquella ocasión…
B: Discúlpeme entonces, señor Mendoza, aunque no recuerdo haberlo ofendido. Pero si lo dice por mi carácter, le aclaro que esa es mi manera de ser…
A: Sí, claro… inalcanzable usted… (contestó con ironía)
B: Bueno, señor Mendoza, ¿vino hasta acá sólo para pedirme disculpas?
A: No…en realidad vine también por otra cosa. La razón de mi visita es porque quería preguntarle si llegó a pensar en algún momento en la propuesta que le hice aquella mañana…
B: (seria) Pues… sí, lo he pensado, pero… como le dije en aquella ocasión, no está en mis prioridades trabajar por el momento…
A: Señorita Pinzón, le recomiendo nuevamente que lo piense, usted es una mujer muy preparada, muy estudiada. Sergio me comentó que está pronto a graduarse y es muy probable que usted necesite un trabajo y aquí yo he venido a ofrecérselo. Por favor, acéptelo, se lo ruego…
B: ¿Pero una persona como usted necesita la ayuda de una mujer como yo? No lo entiendo…
A: (titubeando) Una mujer como usted tan…preparada, tan… brillante y con tantas cualidades… no sería tan difícil para cualquiera necesitarla para un trabajo tan importante… (decía Armando disimulando hábilmente su esfuerzo)
B: Pero, es que sigo sin entender, señor, ¿no es usted una persona que conoce tanta gente importante, tantas influencias en su medio y viene a esta universidad y sólo porque alguien le dice que soy muy brillante y todas esas cosas, me pide a mí que le ayude cuando ni tan siquiera sabe quien soy en realidad?
A: ¿Es que hay algo más que debo saber de usted que pueda impedir que yo le haga este ofrecimiento, acaso?
B: (seria) No… señor, no hay nada más que deba saber…
A: Entonces, ¿cuál es el problema?
Betty no podía comprender la actitud insistente de Armando. Su petición era una súplica y su actitud era muy distinta a como se presentó ante ella la primera vez. Estaba confundida. En parte deseaba el trabajo, pero por otro lado, no sabía si podría tenerlo a él tan cerca por mucho tiempo sin que sus emociones y sus sentimientos sufrieran un cambio… Después de haber pensado en él tanto… después de haberlo encontrado todos los días en sus sueños y haber recibido todas esas dedicatorias las cuales sólo anhelaba que fueran de parte de él… algo que ella no sabía ni estaba segura tampoco. Pero debía probar sus intenciones, debía saber hasta dónde llegaría su interés por ella… su interés por sus habilidades, por su trabajo, sin importar su apariencia física…
Después de toda esa descarga de pensamientos inquietantes, pudo darle una respuesta…
B: A ver, doctor Mendoza… ¿Cuál es su empresa y a qué se dedica?
A: ¿Cómo así que no sabe cuál es mi empresa? ¿No me ha visto en los periódicos o en las revistas, señorita?
B: ¿Es usted alguien tan conocido, acaso? ¿Hizo algún descubrimiento importante? (contestó restándole importancia)
A: Yo soy el presidente de Ecomoda… una de las principales y más importantes empresas en Colombia en cuanto a la moda concierne… (reiteró Armando con orgullo en sus palabras)
B: Ah…moda… (repitió Betty pensativa)
A: No puedo creer que no conozca de mí y de mi empresa, señorita…
B: De la empresa sí tenía alguna idea, pero no de usted… (contestó con firmeza)
A: No sé por qué sigue dándome la impresión de que usted no está muy enterada de lo que sucede a su alrededor…
B: Como le dije en una pasada ocasión, mis cinco sentidos siempre están despiertos y alertas a todo lo que realmente me interesa, doctor Mendoza, pero si usted se refiere a los chismes de sociedad, le confieso que no estoy muy enterada como afirma, pues honestamente no me llaman la atención. Prefiero leer lo que realmente disfruto y me educa que son las revistas de economía, los titulares de finanzas…
A: Sí, sí, entiendo… Me imagino que de moda igualmente no tiene mucho conocimiento… (mirándola de arriba a abajo) …claro, lo digo porque para usted eso quizás sea parte de los “chismes de sociedad”…
Betty sintió como un oleaje de furia corrió por sus venas. Aquellas indirectas de Armando las sentía como dardos mojados en veneno. Por un momento deseó abrir sus labios y lanzarle de manera arrogante palabras que golpearan bruscamente su sentido de altanería. Pero no quiso perder la compostura. Sabía que un hombre como él jamás comprendería nada de esa manera. Prefirió utilizar su inteligencia, su astucia, su sagacidad y mantener la calma. Prefirió darle un poco de su misma medicina, pero más diplomáticamente…
B: (indiferente) Muy bien, doctor Mendoza… creo que después de haber sacado tantas conclusiones con respecto a mi persona, creo que debió haber llegado a la conclusión más acertada de que yo no soy quien usted necesita. Ahora, si no tiene alguna otra cosa más importante que decirme, le voy a pedir de favor que se retire… tengo mi tiempo medido al igual que mis palabras…
Armando sintió una profunda confusión ante Betty. Reaccionó mortificado por su poco tacto para con ella. No podía darse el lujo de volver a cometer el mismo error que la vez anterior, ya que retrocedía los pasos que había ganado en terreno con ella…
A: (aturdido) Eh… señorita, por favor, no se disguste conmigo, discúlpeme una vez más. Es que nunca había tenido la oportunidad de pedirle a alguien personalmente que trabaje para mí y a veces soy un poco torpe en lo que digo…
B: No creo que un hombre como usted sea tan torpe como dice al momento de pedirle “algo” a alguna mujer…
A: Le pido que no se haga tan mala imagen de mí, por favor… yo no soy como piensa…
B: ¿No había escuchado alguna vez que la primera impresión es la que siempre cuenta, doctor?
A: Sí, pero déme una oportunidad de expresarle lo que he venido a decirle sin interrupciones ni malos entendidos, se lo suplico…
B: Está bien… le concedo esa oportunidad…
A: Muchas gracias… (suspirando más aliviado) Como le iba diciendo, Ecomoda es una empresa de modas muy prestigiosa en Colombia y su labor será ayudarme en el plano financiero, en la economía y rendimiento, en sacar los costos de las telas, de los insumos, los gastos para los lanzamientos, la nómina… en fin, usted debe conocer en qué consiste todo eso…
B: Sí, tengo conocimiento…
A: Pues entonces, ¿qué opina? ¿Trabajaría para mí, señorita Pinzón?
B: Doctor Mendoza… yo aceptaría su ofrecimiento, pero no sé si usted estaría dispuesto a aceptar mis condiciones a cambio…
A: (extrañado) ¿Condiciones? ¿Y cuáles son esas condiciones?
B: Que no sea necesaria mi presencia en su empresa. O sea, que no sea indispensable el yo estar allá, trabajando en las instalaciones. Desearía poder hacerlo desde mi casa, si es posible y no hay ningún inconveniente…
Armando quedó petrificado en la silla, quedó de una sola pieza. La petición de ella, aunque resultara descabellada para muchos, para él era la señal esperada de que Betty definitivamente era la mujer perfecta, la mujer que él necesitaba. Esa estrategia y esa petición de que ella no tuviera que ir a Ecomoda y así evitar que se presentara allá a trabajar, era precisamente la que él iba a ponerle como condición a ella si aceptaba trabajar para él. Aunque no conoció las razones por las cuales ella deseaba que fuera así, para él esa propuesta era caída como anillo al dedo. Se sintió tranquilo al haberse ahorrado el intento de pedírselo él mismo y una sensación de satisfacción invadió su pecho, lo que le daba visto bueno y luz verde a seguir con los planes que ya había pautado… pero con ella…
A: (sonriendo) Señorita Pinzón, estoy totalmente de acuerdo. No se preocupe, si así lo desea, haremos los arreglos para instalar la oficina en su casa y le hago llegar todos los documentos, el computador, los archivos y la asistencia de la secretaria del área financiera…en fin, todo lo que necesite…
B: ¿Usted me esta hablando en serio, señor Mendoza? (contrariada por su reacción)
A: Muy en serio, señorita. ¿Por qué me lo pregunta?
B: Porque jamás pensé que aceptaría esas condiciones tan exigentes de mi parte… ¿Por qué lo hace?
A: PORQUE LA NECESITO… (contestó Armando atropelladamente sin pensar lo que decía)
B: (extrañada) ¿Cómo dice?
A: (nervioso) Dije que porque… porque…una persona tan preparada y brillante como usted puede exigir lo que quiera, está en todo su derecho. Además, será muy difícil de hallar una persona que llene los requisitos como usted lo ha hecho y mucho más si ha sido tan bien recomendada por mi amigo Sergio. El la aprecia muchísimo…
B: Sí… Don Sergio es una persona maravillosa y siempre ha sido muy bueno conmigo…
A: Bueno, señorita Pinzón, hagamos un trato entonces… un trato entre usted y yo…
B: ¿Un trato? (preguntó sorprendida)
A: Sí… vea… usted trabajará desde su casa y será muy discreta con todo lo relacionado al manejo financiero de la empresa. Présteme cuidado… yo necesito que usted permanezca en total y absoluto anonimato, no quiero que nadie en la empresa sepa quien es usted ni quien maneja las finanzas y tengo razones muy válidas para pedirle eso…
B: (extrañada) ¿Y por qué usted me pide eso? ¿No le pedirán a usted cuentas los demás socios o empleados de la empresa? ¿No le exigirán que usted les diga quien les maneja su plata, sus acciones, su capital? Yo considero que eso es algo muy peligroso y serio, doctor Mendoza…
A: (tratando de convencerla) Yo lo sé y créame que lo he pensado, pero para mí es muy importante que sea así. Además, yo soy el presidente de Ecomoda y puedo contratar a quien yo desee y bajo las condiciones que yo estipule. De eso no se preocupe. Vea, allá en la empresa, la familia Mendoza ha estado ligada en un compromiso muy serio con la familia Valencia desde su fundación, desde sus inicios…
Betty sintió como un escalofrío recorrió súbitamente su cuerpo dejándola inmóvil…
B: (interrumpiéndolo) ¿La familia Valencia, dijo usted?
A: Sí… sí, ¿por qué me pregunta? (extrañado)
B: No…por nada… (contestó desconcertada)
A: (notando su evidente nerviosismo) ¿Se encuentra bien, señorita Pinzón?
B: (calmándose un poco) Sí… estoy bien, no es nada…
Betty conocía perfectamente el por qué de aquella reacción que convirtió en hielo hasta sus huesos. Trató de restarle importancia a aquel instante que la nubló extrañamente y continuó escuchando las palabras de Armando…
A: Vea, como le iba diciendo, yo necesito que toda su identidad se maneje bajo estricta confidencialidad. No quiero que ellos sepan quien es usted, pues no deseo que sea objeto de sobornos, chantajes y mucho menos, que tengan acceso tan fácilmente a lo que concierne el aspecto económico de la empresa. Yo la representaré a usted en las juntas directivas donde se les dará los informes de las finanzas, las ganancias y pérdidas que ha tenido la empresa, pero no quiero que usted tenga contacto con ninguno de ellos. Los Valencia son personas muy complicadas y sobretodo, muy ambiciosas…
Aquel apellido volvía a retumbar insistente en los oídos y en los pensamientos de Betty… Pero ésta vez, trató de vencer aquella sensación que se quería apoderar de ella…
A: Bueno… la veo un poco pensativa. ¿No está de acuerdo con el trato que deseo que hagamos?
B: No es eso señor…
A: (contrariado) ¿Entonces?
B: Es sólo que todo esto me resulta un poco incómodo, no deseo tener problemas con esas personas…
A: No los tendrá, no se preocupe…
B: ¿Pero y si le exigen conocerme, presentarme yo misma ante ellos?
A: (molesto) Le dije que no lo harán, señorita…
B: Pero ellos están en su derecho de hacerlo…
A: (frunciendo molesto su gesto en la cara) Le dije que no preguntarán ni exigirán nada…
B: Pero y si ellos…
A: (gritando) ¡¡LE DIJE QUE NO LO HARAN!! ¿¿QUE LE HACEMOS AH…QUE LE HACEMOS PARA QUE ENTIENDA, PUES??
B: ¡¡NO TIENE POR QUE GRITARME, SEÑOR MENDOZA!! Entendí perfectamente, gracias… (contestó molesta por su reacción)
Todos en la biblioteca quedaron atónitos ante aquella discusión y una empleada le pidió de favor que hicieran silencio. Armando bajó su cabeza desconcertado, mientras Betty trataba de ocultar su vergüenza detrás de las páginas de algún libro. Luego de unos instantes, todos volvieron a su labor tras aquella interrupción. El silencio que volvió a acallar las bocas de Betty y Armando fue ignorado por la gente que se encontraba allí… menos por una persona la cual observaba a través de los espacios de aquellos libros. Desde lejos miraba fijamente aquella escena, con una mezcla de molestia e incomodidad… todos los ignoraron menos él… menos Esteban…
A: (apenado, hablando en voz baja) Por favor, perdóneme por gritarle, me exalté demasiado…no sé lo que hice…
B: (agitada, en susurros) Mire señor Mendoza, quiero que le quede algo muy claro. Mientras no vuelva a levantarme la voz de esa manera, estaremos bien… No sé cual será su carácter ni mucho menos conozco sus problemas o si no tuvo un buen día hoy, pero quiero recomendarle que si es así de impulsivo trate de controlarlo… No me gustan este tipo de escenas tan desagradables…
A: (reaccionando molesto) ¿Me esta diciendo que tengo mal genio, mal carácter…que no me sé controlar? No, pero esto era lo que me faltaba…
B: (irritada) “Doctor”, si usted no es capaz de reconocer esas cosas tan elementales y evidentes, no me quiero imaginar cómo será su comportamiento en otras situaciones más comprometedoras…
A: (irónico) No pues… ahora sí que tendré que darle la razón a todo el mundo, que soy un neurótico, un histérico, una hiena… Lo único que necesitaré que me recomienden es que pase días indefinidos en una casa de reposo…
B: Si la gente que lo conoce más que yo piensa eso de usted, imagínese la impresión que me he llevado sin conocerlo…
Armando reaccionó ante aquellas palabras contrariado. Sabía que todo lo que había alcanzado con Betty hasta ese instante lo estaba echando a perder. Nuevamente se detuvo a pensar mejor en lo que estaba haciendo, en cómo se expresaba ante ella. Una profunda angustia lo invadió por una vez más no haber sido más amable. Admitió que no debía mostrarle ese lado oscuro de su personalidad. Eso sería un error incorregible, algo que le haría el camino imposible de recorrer y difícil de atravesar para llegar hasta ella… Pero Betty era muy difícil, casi inalcanzable, pero sabía que debía ligar con eso sabiamente…
A: (con su cabeza baja, quitándose los espejuelos) No… por Dios, qué vergüenza, señorita Pinzón… discúlpeme, yo no soy así, ni más faltaba. Lo que sucede es que ando un poco alterado y agitado por los problemas y situaciones que he tenido que enfrentar últimamente…
B: Lo comprendo, señor… pero le recomiendo que debería tranquilizarse un poco. No es correcto que los demás tengan que pagar recibiendo sus gritos por algo de lo que no tienen culpa…
A: Lo sé… lo sé… le ofrezco mis disculpas nuevamente, por favor…
B: (mirándolo seriamente) De acuerdo, doctor Mendoza… A ver, ¿qué iba usted diciéndome?
A: (reponiéndose) Ah…sí… Le decía que no se preocupara por ellos. De todas maneras, yo velaré por usted, (titubeando)…o sea, para que no la molesten, quise decir. A ver, ¿qué me responde? ¿Hacemos el trato, señorita Pinzón?
B: (pensativa) Bueno, en vista de que usted ha sido tan considerado hacia mis peticiones y no le ha disgustado para nada mis condiciones, creo que puedo aceptar su propuesta… hagamos el trato, señor Mendoza…
A: Cuento con usted, entonces… (dibujando una sonrisa de victoria en su rostro)
B: Sí…
A: (alegre) Gracias… muchas gracias… Beatriz…
Betty sintió su cuerpo estremecer al escuchar su nombre por primera vez en los labios de él…
A: Ay, discúlpeme que la haya llamado por su nombre así, fue algo espontáneo…
B: No se preocupe, señor Mendoza…
A: (sonriendo) Dígame Armando, es más corto y menos complicado…
B: (sorprendida) Lo llamaré Don Armando, creo que es lo más correcto…
A: Bueno, llámeme como se sienta más cómoda, no hay problema…
Betty sonreía incrédula ante todo lo que estaba pasando en esos instantes frente a aquel hombre que aún con apariencia de hierro, fuerte e imponente, le robaba su voluntad. Había aceptado aquel trato con él al igual que todas las condiciones impuestas, pues de igual manera ella no estaba interesada en que fuera conocida por nadie, y mucho menos, por gente de su medio y de una empresa tan prestigiosa como Ecomoda. Ese era el trato y ella había aceptado sin problemas cada una de sus exigencias, sin conocer genuinamente lo que Armando planificaba en silencio para ella…
Ella no podía entender lo que Armando estaba ocasionando en sus emociones. Era difícil para ella comprender que poco a poco, aún con su poco tacto y sus arranques atropellados en cada palabra, sus sentimientos se iban enlazando a su presencia. No podía creer que la imagen que ella se había formado de él había sido tan errónea y tan equivocada desde un principio. Y la hizo dudar de su aparente experiencia del comportamiento de los hombres hacia ella. De esa pinta de galán que ella conocía, de palabras vacías, con sentimientos de piedra. Y no sólo Armando definitivamente la había hecho dudar de sus conclusiones… sino también lo había logrado aquel hombre que aunque no era un galán, poseía lo que ni un millón de ellos juntos ostentaría… una dulce sonrisa, unos cabellos como ríos, una mirada apasionada, un sentimiento en silencio que ardía como una hoguera. Lo había logrado también en ella ese hombre secreto… Esteban Villanueva…
Continuará…………
*Fragmento del poema “Cuántas Veces, Amor, Te amé Sin Verte…” de Pablo Neruda
*Poema “Corazón Coraza” de Mario Benedetti
*Fotos arregladas y originales de la novela
*Foto del "Camila"-Actriz Marcela Gallego de "Baby Sister"
0 opiniones del jurado:
Publicar un comentario