martes, 15 de mayo de 2007

Capitulo 3: Táctica y Estrategia

“La Reina De Las Feas: Táctica y Estrategia” CAP. 3
Por: Lissette Lasanta (Soñadora)
Mayela Rodríguez

Canción Midi: "Kiss From A Rose" de Seal

“Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante…”
La mañana del viernes se vestía de nublado, mientras el sol se asomaba tenuemente a través de las espesas nubes grises. Armando aligeraba sus pasos a través de los amplios pasillos de la Universidad Javeriana de Bogota, donde había trazado su camino durante toda la semana visitando a su amigo Sergio en busca de asesoría financiera para la empresa…



Armando había tomado la ardua responsabilidad de las finanzas al igual que la presidencia, cosas que trataba de llevarlas a ambas juntas de la mano. No había podido contratar a nadie que se hiciera cargo hasta el momento, ya que las personas que Gutiérrez había entrevistado, no pasaban una evaluación satisfactoria ante los ojos de Armando. El, de manera inconsciente, comparaba la vasta experiencia de su amigo con los que allí se citaban interesados en el puesto financiero. Por eso difícilmente lo convencían o le inspiraban confianza…

La hora de la acostumbrada cita a la que Armando se presentaba era después del curso que Sergio Montilla ofrecía a sus estudiantes temprano, justamente la clase de comercio internacional a la que Betty asistía con mucho afán todos los días. Cada mañana que Armando llegaba a saludar a su amigo, no podía evitar encontrarse con ella… con esa mujer que desde el primer día lo había dejado consternado y a la que observaba sorprendido a través del vidrio de aquella puerta mientras esperaba la hora de su cita. La miraba pensativo e inquieto, recordando su pasada conversación con Mario, preguntándose una y mil veces cómo una mujer podría ser tan desagradable y fea como ella. Se preguntaba si realmente sería capaz de acercársele y tratarla como un hombre enamorado. La miraba intrigado, mientras daba inicio la clase y ella se sumergía en la plática de Sergio impartiendo sus enseñanzas como de costumbre…

Luego de terminada la clase esa mañana, Sergio invitó a Armando a pasar al salón para dar inicio a su asesoría diaria. La charla se hizo extensa y Armando daba muestras certeras de agotamiento…

S: Armando… te noto muy cansado, si quieres dejémoslo aquí por el día de hoy…

A: No Sergio… estoy bien, no se preocupe…
S: (colocando con ternura una mano sobre su hombro) Hijo, esta carga que has echado a tus espaldas es demasiado fuerte para llevarla tú solo… Deberías delegar en otras manos el manejo financiero de Ecomoda. Tarde o temprano descuidarás la presidencia y entonces a corto plazo te saldrán mal ambas cosas…

A: Pero Sergio, he aprendido muchísimo con usted sobre todo esto, algo en lo que realmente no tenía mucha experiencia, pero la cual he adquirido gracias a su ayuda tan sincera y desinteresada conmigo…

S: Sí, Armando… yo sé, pero ya es hora de que busques a alguien que te ayude, alguien que te de la mano en todo. Hijo, llevar las finanzas de una empresa como Ecomoda, tan renombrada y conocida no es nada fácil y mucho más ahora que estas planificando el primer lanzamiento como presidente…

A: (desalentado)Entiendo perfectamente su preocupación, pero es que no me queda otra alternativa. No he podido encontrar aún esa persona que necesito para que me ayude a la que yo pueda depositar esa confianza tan grande e importante para mí...

S: (mirándolo pensativo) Armando, ¿ha sido muy difícil para tí la muerte de tus padres, cierto? ¿Aún no lo has podido superar?

A: Creo que sí...no sé, siento un vacío tan grande acá (colocando su mano en el pecho)...Aveces, cuando estoy solo en mi apartamento, puedo sentir una presión muy grande sobre mí, como si el mundo se me cayera encima, ¿entiende? Es como caminar desorientado, triste, sin esperanza. No me había preparado para un golpe tan duro y repentino, Sergio...

S: Claro que te entiendo, hijo, y créeme que mi deseo es ayudarte por eso estoy aquí ofreciéndote mi mano, como si fuera otro padre para tí...

A: (triste) Gracias...muchas gracias...

S: Armando, estuve pensando durante todo este tiempo y quizás yo pueda ayudarte a encontrar la persona que necesitas para ese puesto de tanta confianza…

A: (asombrado) ¿De verdad? ¿Aceptará el cargo que le ofrecí entonces?

S: No, Armando… te dije que te iba a ayudar, pero a encontrar a esa persona que tanto necesitas…

A: ¿Cómo así?

S: Mira hijo… conozco a alguien que podría ayudarte. Es una persona muy confiable, discreta y sobretodo brillante. Pero ojo… debes ir tú mismo, presentarte, decirle que yo te envié y hacerle el ofrecimiento…

A: Seguro, Sergio, con todas esas descripciones debe ser alguien a quien conoce bien y le tiene gran estima. Si proviene de usted esa recomendación, creo que no debo temer. A ver, ¿y de quién se trata esa persona y dónde puedo conseguirla?
S: Enseguida. Te diré donde…

Muy pausadamente, Sergio le dio unas instrucciones a Armando del lugar donde podría ir a su encuentro para hacerle su ofrecimiento. Su amigo estaba totalmente seguro que si la persona recomendada aceptaba el nuevo cargo, no lo dejaría en vergüenza... Aún así, él sabía muy bien que Armando necesitaba él mismo buscar las cosas y comenzar a ganarse otras por su propio esfuerzo, aunque se le hiciera sumamente difícil…

S: Bueno Armando, te deseo mucha suerte… Lo que logres, me dejas saber…

A: Gracias, muchísimas gracias… No sabe el peso que me quitaré de encima…

S: Me imagino, pero compórtate sabiamente con la responsabilidad que ahora llevas en tus manos. No desparrames esa oportunidad como si todo fuera fácil de conseguir en la vida… Recuerda siempre que lo mejor es lo más difícil de hallar y una vez lo tengas no lo dejes ir, pues no volverá…no lo olvides…

A: Claro que no, Sergio. No sabe la alegría que me da haber podido contar con usted, muchas gracias una vez más…

S: Nos mantendremos en contacto entonces…

Y ambos amigos se fundieron en un abrazo fuerte, de apoyo, de respaldo y de ternura. De una ternura que lo remontaba al tiempo y lo hacía experimentar la presencia cálida y deseada de su padre ausente…
Armando siguió su rumbo hacia el lugar indicado por su amigo. Caminó por unos minutos en la misma área de la universidad hasta que llegó a un amplio edificio. Subió las escaleras y cuando entró pudo percatarse en dónde se hallaba. Continuó sus pasos, mientras no dejaba de mirar extasiado a cada rincón de aquel gran salón. Cientos de libros de todos los temas, se desplegaban a lo largo y a lo ancho de cada espacio ocupado. El silencio reinaba imperante, mientras la gente leía y se perdía en cada libro con mucha devoción, como si nada más existiera para ellos. Hacía mucho tiempo que Armando no visitaba una biblioteca, siendo la lectura su gran debilidad, y el poder llegar allí lo arropó de una sensación de seguridad y paz…

Se acercó sutilmente donde Sergio le había explicado y súbitamente, sus ojos se fijaron y su mirada quedó inmóvil. En la mesa y en el rincón indicado, Armado pudo ver allí a la persona recomendada. Movía su cabeza en señal de negación, incrédulo y molesto…A: No… pero, ¿esto qué es? ¿Qué clase de broma es ésta? No puedo creer que Sergio me estuviera hablando en serio… ¿Esta mujer de nuevo? ¿Este desastre? Por Dios, ya esto es demasiado… ¿Cómo se le ocurre a Sergio esta locura de yo contratar a esta mujer para que vaya a Ecomoda a trabajar? Será para que barran el piso con mi dignidad, ¡¡¡Qué cruz!!!

Era Betty… Sentada en aquel rincón de siempre, se preparaba nuevamente para leer sus libros. Armando estaba muy disgustado. Jamás pensó que el recurrir a su amigo y aceptar su recomendación, lo llenaría de tanta humillación. Presentarse ante aquella mujer, la cual no había podido quitarse de la mente recordándola como una pesadilla de historias de horror, y ahora tener que acercarse a ella para hacerle un ofrecimiento tan importante. No… eso sería demasiado degradante para su ego…

Armando dio la vuelta y caminó aligerando sus pasos hacia la salida. Su mente lo golpeaba sin saber por qué, lo amarraba sin entender cómo a no salir de aquel lugar… Y sus pasos se volvieron lentos, se detuvo y cerró sus ojos dejándose vencer…

A: Pero, ¿qué estoy haciendo? ¿Huyéndole a una mujer? Por Dios, que me pasa. He pensado en ella todo este tiempo, he hecho planes y ella ha sido la que ha ocupado mi mente y ahora que la tuve de frente, ¿voy a salir corriendo como un idiota? No… además tampoco puedo hacerle este desplante a mi amigo Sergio. El se ha comportado demasiado bien conmigo. Si me la recomendó, razón tuvo para hacerlo. Aunque pensándolo bien, tal vez no sea tan mala idea ofrecerle el trabajo. Quizás deba aprovechar esta oportunidad para acercarme a ella, para hablarle, para ir preparando el terreno en donde me lanzaré a ciegas… ¡Por Dios, qué estoy diciendo! (agarrando su cabeza)…ya me estoy volviendo loco con toda esta idea tan absurda…Pero debo controlarme, no debe ser tan horrible… (tratando de convencerse a sí mismo mientras la miraba de reojo)… Por un lado me alivio de esa carga financiera que me tiene loco y por otro lado podría inventarme una forma de que haga el trabajo sin tener que ir a Ecomoda… (se dijo a sí mismo abriendo sus ojos convencido)

Y maquinando en su mente ideas descabelladas, volvió decidido hacia aquel lugar donde estaba ella…

Se acercó a la mesa y mirando hacia todas partes, asegurándose de que nadie lo observara con ella, dejó escapar de manera atropellada sus palabras…

A: Buenos días. Usted debe ser… la señorita Pinzón, ¿cierto? (preguntó sin deseos, con absoluto gesto de desagrado en su cara)

Betty no se inmutó en levantar su mirada y permaneció en silencio. Ella se había percatado de su presencia durante todo ese tiempo y de su evidente malestar, pero decidió no contestarle...

A: (disgustado) Le hice una pregunta señorita y también le dije buenos días, ¿sería tan amable de contestarme? Gracias…

B: Sí… soy yo y buenos días…señor… (sin apartar la mirada de su libro)

Armando abrió su boca sorprendido...
No podía creer que aquella mujer además de fea, fuera tan insolente y altanera… No mirarlo y encima de todo, contestarle a duras penas su saludo era inadmisible para él, pues ninguna mujer le habría hecho semejante desplante. Y por un momento, se arrepintió de haber llegado hasta allí, pero trató de disimular su desagrado y continuó con lo que había previsto…

A: (sentándose, haciendo un esfuerzo para hablarle) Mi nombre es Armando Mendoza, amigo de Sergio Montilla, su profesor de comercio, a quien he visitado todos estos días a su salón, ¿me recuerda, cierto?

B: (con su mirada aún fija en el libro) Cómo olvidarlo, señor… Si la primera persona con la que me tropiezo parada frente al salón de clases es usted…

A: Ah… (rascándose la cabeza desconcertado) … bueno, le pregunto pues como siempre que la observo, la veo así, tan concentrada en sus libros que pensé que no se había dado cuenta de lo que pasa a su alrededor…

B: (mirándolo seriamente por encima de su libro) El hecho de que yo este leyendo tan concentrada como usted dice, no significa que mis cinco sentidos no permanezcan despiertos, señor…Mendoza… Además, yo no camino leyendo...

A: No pues, discúlpeme…(contestó irónicamente)

Y el silencio reinó entre ellos, aplacando los ánimos de ambos. Armando la miraba asombrado por aquella actitud de ella, la actitud indiferente de “una mujer ordinaria” hacia él, mientras ella continuaba con su lectura. Su delirio de grandeza le coqueteaba sus sentidos y de cierta manera reconocía que resultaba difícil llegar hasta ella. Pero eso era algo que como todo hombre experto en conquistas consideraba un reto… pero únicamente para alimentar su ego…

A: Señorita Pinzón… vine hasta acá pues su profesor Montilla me la recomendó a usted para un puesto muy importante que necesito ocupar en mi Empresa… Le estoy haciendo un ofrecimiento de trabajo… (le contestó seriamente)

B: ¿Trabajo? Gracias, señor Mendoza, pero trabajar no está en mis prioridades, ahorita… (con su semblante tenso, sin mirarlo)

A: (molesto) No es cualquier trabajo, no señor, usted se está equivocando. Es para ocupar el puesto de Director de Finanzas. Una plaza que cualquiera desearía poder obtener…B: Pues lamento no poder ayudarlo, señor. Le agradezco su gentileza…

A: (molesto)Oiga, dígame una cosa, ¿es usted siempre así, tan cortante con las personas cuando le hablan?

B: No...no con todo el mundo, señor. Solo con personas como usted...(continuaba dialogando sin mirarlo)

A: (sorprendido) ¿Personas como yo? ¿Y cómo soy yo, a ver, señorita... es que usted me conoce acaso?

B: No tengo que conocerlo para darme cuenta de su cara de desagrado al hablarme, de su tono de voz tan forzada como si hubiera venido obligado hasta acá...

A: Sus cinco sentidos muy despiertos, ¿cierto?

B: Sí, muy despiertos...

A: Sinceramente, no comprendo. Sergio me ha hablado maravillas de usted y yo que no veo por ningún lado tanto atributos...

B: ¿Sabe por qué? Porque el profesor Montilla es una persona muy amable y sobretodo, muy honesta. El me conoce tal como soy y los atributos que él ha visto en mí ha sido porque tal vez no se ha fijado en lo que se puede ver a simple vista y jamás ha demostrado desagrado ante mi presencia. ¿Alguna otra duda, señor Mendoza?

A: (irritado)Bien...discúlpeme entonces, pues. Creo que cometí un error al venir hasta acá a interrumpirla. (levantándose de la silla) Que pase buena tarde, “doctora”…

Armando se alejó del lugar disgustado, quemando del enojo, mientras Betty quedó allí, nuevamente sola…
Betty sentía que en cierta manera, había hecho mal comportándose como lo hizo con él, pero sabía muy bien por qué lo hacía. Había podido sentir cómo la presencia de aquel hombre había trastocado sus sentidos y aunque fue muy brusco con ella, percibía que detrás de aquella fiereza en sus palabras, habitaba un ser triste, sombrío y lleno de soledad. Tanto o más que ella...
Pero ella también conocía perfectamente la artimaña y la artillería que utilizaba un hombre como Armando para hacer de una mujer lo que él quisiera y a su antojo. No era del todo desconocido para ella esa pinta de galán, esa sonrisa encantadora, esas palabras dulces y fuertes a su vez, esa presencia intachable, ese aire de bohemio empedernido. No… no era desconocido para ella…y ella tenía sus razones, razones de mucho peso para comportarse como lo había hecho...

Era extraño, pero mientras lo veía de espaldas dirigirse a la salida, no comprendía por qué su corazón latía con tanta prisa, por qué su voz la había desarmado por momentos, por qué no podía resistir aquella mirada dura e irresistible a su vez, por qué su aroma la embriagaba como un vértigo. El haber tenido la oportunidad de verlo tanto tiempo, tropezar con él en las mañanas y sentir su mirada penetrante e insistente cada vez que ella estaba en el salón de clases, la aturdía...no lo podía descifrar. Era incomprensible para ella todo lo que estaba pasando, y más aún conociendo de antemano la clase de ejemplar que era un hombre como Armando Mendoza...Armando caminaba de prisa hasta que llegó a su carro. Manejó hasta alejarse enfurecido y de pronto se detuvo...

A: Qué estúpido soy… ¿qué hice? Perdí la oportunidad de llegar a algo con ella por ser tan idiota, por no saber manejarla. (golpeando el guía) ¡Pero es que me descontrolé, por Dios! Esa mujer estaba a la defensiva conmigo. Cada palabra que le decía me contestaba tan ásperamente. No pensaba que ella fuera así. (pensativo) Pero…Sergio me dijo que ella era de otra manera… Yo sé que me trató así porque soy un perfecto desconocido para ella y porque claro, se dio cuenta de mi evidente cara de disgusto. Debo tratarla con más delicadeza la próxima vez, porque habrá una próxima vez, de eso ella puede tenerlo por seguro. No me voy a rendir tan fácil, no señor. No permitiré las burlas de Calderón restregándome mi cobardía en la cara… ¡¡Qué cruz, Dios mío, qué cruz!! No debí haberle dicho nada a Mario de todo esto…

Y en medio de aquel diálogo consigo mismo, permaneció pensativo y quieto en el lugar donde estaba estacionado su auto por un largo tiempo…
Unas cuantas horas habían transcurrido desde aquel desencuentro. Betty se sentía aún mal por lo que había sucedido, pero tenia sus motivos al haberle rechazado con tanta firmeza. No había podido disolver de su recuerdo aquella presencia que aún la mantenía aturdida. Pero su razón inflexible y férrea le ganaba a su corazón noble y bondadoso que se escondía de todos los hombres que se le acercaban…

Daba vueltas por la biblioteca mirando sin cesar a través de aquella ventana.
El mal tiempo se avecinaba y debía ya partir hacia su casa antes de que la sorprendiera la lluvia en las calles… Pero en medio de aquella turbulencia que experimentaba su alma, en medio de las sombras de aquellos pensamientos y recuerdos que se agolpaban en su mente, unos ojos profundos y una mirada penetrante la observaba a lo lejos, oculto detrás de los pequeños espacios que dejaban los libros agrupados en los estantes y por donde a través de ellos la miraba… y la observaba… suspirando, lleno de ternura, de dulzura, pero de una pasión que lo arropaba…

Ella no se daba cuenta de que alguien la observaba con total interés. Solo seguía pensativa, recordando lo que hacía una horas había vivido ante aquel hombre que sin saber por qué, la había desarmando completamente…

B: Dios… ¿qué me pasa? ¿Por qué pienso tanto en ese hombre, por qué? ¿Por qué me siento tan mal de haberlo tratado así? ¿Por qué el recordar su aroma, el imaginar su presencia me hace estremecer? No…no puedo pensar más en esto. Debo creer que sólo fue un accidente del destino. Una persona más que se acercó a mí…como cualquiera…

Y mirando por última vez por la ventana, regresó a su rincón a pasos acelerados a recoger sus cosas para irse. Y esa noche, la pesadilla que la visitaba diariamente mientras dormía y que la hacía despertar agitada, fue opacada por primera vez por la imagen imponente que aunque por más que así lo deseara, no la podía evitar… Esa noche, Armando Mendoza se apoderó de sus sueños tierno y posesivo, robándole suspiros y acallando su desvelo con su inevitable presencia…
El fin de semana había transcurrido y el lunes se adornaba cálidamente color dorado. Betty se hallaba sumergida como de costumbre en sus libros de estudio, en su rincón preferido de la biblioteca de la Universidad. Buscó esa mañana su eterno refugio después de clases, en aquel extenso espacio de silencio…

Con sus ojos fijos y perdidos al goce de los tantos títulos interesantes que veía ante ella, caminaba entre las secciones de la biblioteca hasta llegar a la de poesías y grandes poetas...

Betty había convertido los lunes en su día sagrado para visitar a aquellos poetas en cada página, las cuales desplegaba sutil en sus manos innumerables poesías de amor, recitándolas para ella y copiándolas en su cuaderno de apuntes. Se acomodó a leer, profunda en sus emociones…

Luego de un rato, se levantó de su asiento a buscar algún refrigerio y estirar sus piernas encogidas de tantas horas sentada, dejando el libro que leía abierto y sus cuadernos de apuntes. Al regresar de su corto receso, pudo percatarse que encima de la mesa junto a sus cosas, reposaba una rosa roja, fresca, brillante y hermosa. Sorprendida, miró a todos lados incrédula de que aquel detalle fuera para ella, pero se hallaba sola, en su rincón de siempre, distante y aparte del resto de la gente que allí se encontraba…

B: (extrañada) ¿Y esto qué es? No entiendo… ¿y este detalle tan bello? (decía buscando con sus ojos a su alrededor, algo que le diera una respuesta, alguna explicación) ¿Será una broma? No puede ser…

Tomó en sus manos aquella flor y con sus ojos cerrados se embriagó de su aroma. Luego bajó la mirada y encontró sobre la página abierta de su libro una delicada nota… Se sentó aturdida y comenzó a leer su contenido…

CONTINUARA........
*Fragmentos del poema: “Aquí te amo…” de Pablo Neruda
*Poesía “Táctica y Estrategia” de Mario Benedetti*

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El dolor no tiene rostro...no discrimina. Cuesta tanto encontrar a alguien que te ame de verdad, más aún, cuando te buscan o te quieren para exhibirte ante todos como un trofeo. Cuesta mucho encontrar a alguien que te quiera por lo que eres y no por lo que representas o tienes. No creas que la belleza ayuda...muchas veces puede estorbar aún más que la fealdad..."