martes, 15 de mayo de 2007

Capitulo 5: Tu Impusiste las Reglas

Canción Midi-"Corazón Partío" de Alejandro Sanz

“La Reina De Las Feas: Tú impusiste las reglas…” Cap. 5
Por: Lissette Lasanta
Mayela Rodríguez

"A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces...

Entonces, ¿dónde estabas?
¿Entre qué gentes?
¿Diciendo qué palabras?
¿Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
Cuando me siento triste, y te siento tan lejana?"
“El frío reinaba sobre la niebla. En medio de un extenso bosque caminaba ella, perdida, asustada, con lágrimas en sus ojos. La luz penetraba tenuemente entre las ramas que se entrelazaban en el aire, cubriendo el cielo, sobre ella. Miraba a todas partes desesperada, en el intento de hallar algún ser que se apiadara de su soledad, de su desamparo y que la guiara hábilmente por aquel camino donde se había extraviado. Sus manos estaban juntas, con su puño cerrado, como quien oculta aferradamente algo de mucho valor. De repente, pudo percibir una presencia que la arropaba y a su misma vez, le causaba escalofríos. Caminó despacio hasta detenerse temblorosa y pudo percibir una mirada que devoraba su espalda y el temor la invadió súbitamente. Sentía que unos pasos se aligeraban hacia ella imponentes, cargados de fuerza y ardor de fuego. Posesionada por el miedo sacó el valor de dar la vuelta y dar frente a aquella figura que se dibujaba ante su mirada. Con sus ojos humedecidos abrió su puño y un anillo cayó sobre el suelo y rodó hasta llegar a los pies de aquel hombre que la miraba con dureza. El tomó el anillo en sus manos y la ira se apoderó de sus ojos. Ella corrió llena de pavor, tratando de escapar, mientras él la perseguía incansable a través de borroso pasaje. De pronto unos brazos se extendieron ante ella y la aprisionaron protectores, fuertes, mientras la figura que la perseguía se disolvió sorpresivamente con la fría y perturbante brisa…”



Aquel mal despertar era ya común en los amaneceres de Betty, quien era arrebatada de su tranquilidad como de costumbre por las pesadillas que la traían nuevamente a su realidad con rudeza. La misma rutina, el mismo desayuno, el mismo camino hacia la universidad… era todo lo que continuó rodeando su vida hasta los días siguientes…

Pero luego del trato que Armando y Betty hicieron, desde el atardecer naranja en la biblioteca, ambos comenzaron a experimentar cambios drásticos y definitivos en sus vidas desde aquella tarde cómplice…

Betty había platicado con Don Hermes Y Doña Julia con respecto al ofrecimiento de trabajo y todas las condiciones establecidas por Armando, que aunque les extrañó sobremanera la actitud complaciente e insistente de él, terminaron por acceder frente a aquella oportunidad que le daba nuevamente la vida a su hija...
Lo más que ellos deseaban era poder volver a ver a su niña sonreír, ilusionada con un futuro prometedor y exitoso ante ella. En cierta manera, sus padres se sentían felices, pues después de tanto tiempo veían ese brillo especial en los ojos de Betty, ese deseo de superación y lucha, luego del desastre que un tiempo antes había vivido y el cual no había podido superar aún. Parecía como si la aparición de aquel hombre en la vida de ella le abriera nuevas puertas en el aspecto profesional e intelectual… La puerta de la habitación se abrió lentamente. No había pasado mucho tiempo después del cierre de aquel trato, cuando Armando y Betty entraron a revisar ese cuarto dentro de la casa de ella, el cual consideraron convertirlo en la oficina de dirección de finanzas de Ecomoda. Una habitación en la planta baja un poco retirada, que según los planes que había tenido Don Hermes, era tratar de conservarla en perfectas condiciones para que Betty permaneciera allí cuando se casara. Pero poco a poco, el destino se había encargado de opacar en ellos esa esperanza para su hija…

A Armando le agradó aquel espacio y esa fue la habitación escogida para hacerle las remodelaciones pertinentes y transformarla en un despacho acogedor…

Mientras recorrían con la mirada aquellos viejos muebles empolvados y las cortinas sencillas de rayas monocromáticas que caían desgatadas sobre unas pequeñas ventanas, se acercaban a cada detalle estructurando ideas para el nuevo proyecto. Armando se movía con aparente tranquilidad, mientras Betty le sonreía un poco aturdida al escucharle hablar...

A: Bueno, Beatriz, aquí podemos poner el mueble de su computador… (señalando el espacio) Abriremos una amplia ventana justo al lado para que entre luz y pueda tener vista hacia afuera desde su escritorio... (caminando un poco más hacia los muebles de la librería) Yo preferiría darle unos libros nuevos si los necesita, pues me imagino que éstos deben llevar muchísimo tiempo aquí… (sacudiendo sus manos del polvo)

B: No tiene idea, doctor… Los libros y todas estas cosas han permanecido intactos desde hace mucho tiempo. Han pasado años desde que acomodamos y guardamos todo esto acá. Estos muebles fueron muy bien usados alguna vez, pero al colocarlos aquí, algunos han sido cubiertos por sábanas para evitar que el polvo los desgaste. El tiempo siempre maltrata todo lo que encuentra a su paso...

A: (curioso) ¿Y por qué han dejado esta habitación así, sin ocuparla por tanto tiempo?

Betty camino un poco distante y triste, de espaldas a él, remontándose en su recuerdo…

B: Hace unos años atrás, mis papás y yo tuvimos que mudarnos a otra ciudad por unos inconvenientes que tuvimos. La casa permaneció cerrada por largo tiempo y poco a poco la hemos ido arreglando nuevamente desde que regresamos. Todo este inmobiliario lo traemos de donde vivíamos, es como parte de un pasado y así ha quedado encerrado aquí, echado al olvido…

A: Ah…veo…Bueno pues, no se diga más. La directora de finanzas de Ecomoda no puede tener estos muebles. De la oficina le traeré todo, ¿me escuchó? Usted no tiene nada por qué preocuparse. Allá tengo su computador, el cual están terminando de ultimarle algunos detalles, los archivos de la empresa, los movimientos bancarios, en fin todo. Los muebles se los enviaré… tranquila. Allá realmente me sobran y no sé que más hacer con ellos....

B: Pero doctor, todo esto es mucho. En realidad yo no le pido más de lo que ha hecho y planea hacer. Yo también puedo conseguir los muebles, además, tengo ya un computador el cual se puede usar para ese propósito...

A: ¿Cómo así, Beatriz? El computador que usted utilizará está casi listo y es mucho más avanzado, no se preocupe. Tendrá acceso directo a la empresa a través de la red por unos códigos que le proporcionaré y los cuales debe conservar como a su vida, ¿me entiende? Nadie debe saber de esto y mucho menos, tener el acceso que usted tendrá…

B: Doctor, no tiene por qué recordármelo, sé muy bien lo que debo hacer… Pero de verdad, yo no necesito tantas cosas. Con este espacio un poco más arreglado yo trabajo perfectamente…

A: Usted debe trabajar en un espacio de acuerdo a su cargo y su importancia, no me pida menos, Beatriz… (contestó serio)

B: Pero es que…

A: (interrumpiéndola) Señorita Pinzón, no me diga que haremos una discusión por esto también. Le doy los muebles, decoramos este lugar y todo lo que haga falta se lo haré traer, no se hable más del tema…

B: (molesta) Como prefiera, doctor, pero recuerde que mi opinión cuenta también, no lo olvide…

A: Lo sé, Beatriz, lo sé y discúlpeme si le parezco un poco imponente, pero es que deseo lo mejor para usted y eso es precisamente lo que deseo proporcionarle…

B: Esta bien, Don Armando…muchas gracias…

Aquella habitación con la rapidez de un abrir y cerrar de ojos, comenzó a tomar forma. Las paredes fueron pintadas con tonalidades verde laurel y color marfil, decoradas con hermosos cuadros de moda y un majestuoso espejo que se podía divisar al fondo de frente a la entrada. Se abrió en la pared una inmensa ventana que daba hacia la calle, para contrarrestar la oscuridad que dominaba aquel lugar. Los muebles, como el escritorio y varias sillas acojinadas, fueron mudados también y donados por Armando. El ingeniero de sistemas trabajaba arduamente con el computador sistematizado a la empresa, el cual montaría y Betty utilizaría en aquella oficina. Poseería en ella los movimientos bancarios, el estado de la empresa en todos sus aspectos, los teléfonos contacto a cada banco, los libros de contabilidad del pasado año y presente año actualizado...
Ya el mes de diciembre había llegado y Betty continuaba por su parte estudiando arduamente. La oficina en su casa ya estaba lista y por otro lado, los detalles y los poemas permanecían arribando a sus manos, causándole la misma emoción y curiosidad a su vez. Aún no había podido descubrir al autor de todo aquello, que de cierta manera había alegrado sus días, adornándolos de delicadeza. Ingenuamente, pensaba por momentos que Armando podría estar detrás de todo eso, pero se negaba a esa posibilidad… Su jefe no podría haberle enviado detalles tan específicos, mostrándole unos sentimientos que se reflejaban en cada palabra escrita, pero que no los podía percibir en el comportamiento de él… Aunque era una realidad que Armando la había tratado de una manera demasiado especial, aún ante la frialdad que ella le mostraba en todo momento…

Una tarde en la biblioteca mientras estudiaba, Betty se acercó nuevamente al empleado que la había ayudado a buscar unos libros que necesitaba con premura en varias ocasiones. Se acercó a Esteban Villanueva. Desde aquella primera vez que hablaron, fue creciendo entre ellos una fuerte amistad. Betty al principio fue un poco reacia ante él, pero no sostuvo esa postura por mucho tiempo ya que ella sabía que él era un hombre sumamente distinto a los demás. Había caído irremediablemente ante el encanto de un hombre respetable, lleno de nobleza, luchador, perseverante y con una inteligencia y brillantez admirable. A pesar de sus enormes gafas, su cabello largo lacio hasta sus hombros que se escurría libremente y su vestimenta rebelde, descubrió en él un ser lleno de virtudes, muy lejano a lo que todo el mundo pensaba debido a su evidente fealdad. Esteban era dulce, dispuesto, amable y muy caballeroso. El rechazo de la gente hacia él y las constantes burlas, a veces lo entristecían y en cierta manera, Betty aspiró a ser ese alguien en quien él también pudiera buscar apoyo, comprensión y cariño. Desde que Nicolás se había ido lejos, Betty no había tenido un acercamiento tan especial a otro hombre como lo hizo con Esteban…no de esa manera…

Betty se colocó sutilmente justo detrás de él, quien se hallaba de espaldas, en el área de literatura y poesía…

B: ¿Don Esteban? (preguntó tímidamente)

Esteban se viró sorprendido y nervioso a su vez. Escuchar la voz de Betty era como una alarma que le despertaba todos los sentidos y lo ponía alerta. Al mirarla a los ojos, cerró los suyos por un instante estremecido con su presencia, lo cual trato de disimular para que no fuera evidente. Con una sonrisa temblorosa y juguetona, susurró con dulzura…

E: Creo haber escuchado mi nombre, pero no estoy seguro de que haya sido para mí ese llamado…

B: (sonriendo) ¿Y por qué lo dice?

E: Porque mi nombre es sólo Esteban, sin ningún tipo de añadidura ni formalismos como ese que acaba de mencionar… “Don Esteban”… (repetía imitándola dulcemente)

B: Es que aún no me acostumbro a llamarlo sólo por su nombre…

E: (bromeando) Bueno, pongámoslo de esta manera. Cada vez que me llame Don Esteban, simplemente seguiré de largo mi camino como si no fuera conmigo. Eso la obligará a recurrir a otra persona para que la ayude y le aseguro que no tendrá el mismo conocimiento, rapidez y dominio de las exigencias de la dama en cuanto a los libros de comercio y mercado internacional que necesita siempre…

B: (con una sonrisa) Esta bien, no hay problema, me convenció con sus argumentos Esteban… lo llamaré así entonces…

E: Qué bueno que pude obtener ese logro… (sonriendo) Le aseguro que así se oye mucho mejor… como la melodía de un instrumento musical en sus labios…

B: (nerviosa) Usted siempre tan gentil con sus palabras, Esteban...

E: Está demás recordarle que siempre se las digo de corazón… Pero a ver, ¿para qué misión necesita mi servicio nuevamente? ¿Algún otro libro de comercio para sus investigaciones?

B: No, Esteban. Necesito que me ayude a buscar unos textos de finanzas. Es que me urge actualizar y repasar unos conocimientos para un nuevo trabajo que conseguí…

E: Caray, Betty, me alegra muchísimo que haya conseguido trabajo…

B: Sí, para mí es muy importante. Creo que es la diligencia más importante que haré en mi vida…

E: Pues espero que todo le salga muy bien… usted se lo merece. Tanto esfuerzo y tanta dedicación deben ser recompensadas con grandes satisfacciones…

B: Gracias…

E: Me imagino que le ofrecieron trabajo en una empresa muy prestigiosa, como usted se merece…

B: Sí…digamos que sí…

E: (curioso) ¿Y para quién trabajará?

Betty lo miró confundida, sin saber qué contestarle. Aquella pregunta era muy comprometedora para ella, ya que al decirle, le revelaría un gran secreto que llevaba en sus adentros…

E: (apenado) Ay, Betty…discúlpeme si la incomodé preguntándole detalles personales, cosas que realmente no debería cuestionarle… qué pena con usted, lo siento…

B: (dulcemente) No… no, Esteban, no se sienta así. Tal vez, algún día pueda decirle muchas cosas…

E: Betty… yo quiero agradecerle cómo me ha tratado durante todo este tiempo. Realmente me ha hecho sentir que alguien me valora y me escucha sin juzgarme. Yo sé que para usted también ha sido muy difícil llegar a considerarme su amigo, pues por todas las cosas que tal vez usted ha sufrido o vivido, pero yo le prometo que no fallaré a esa confianza que poco a poco ha depositado en mí…

B: Gracias, Esteban. Gracias por comprenderme y brindarme también su amistad aún sin conocer mis razones, ni mi vida…

E: Betty…

B: ¿Sí?

E: Sólo quería hacerle una pregunta que hace mucho he deseado poder cuestionarle…digo, si no le molesta… Pero fresca, no tiene que contestarme si no lo desea…

B: (intrigada) A ver, ¿Y cuál es esa pregunta?

E: Hace un tiempo atrás, vino un señor a hablar con usted acá en la biblioteca. Recuerdo que estuvieron mucho tiempo dialogando, pero lo más que me llamó la atención fue cómo ese hombre la trató, de lo que comenzó como una plática se tornó en gritos donde todo el mundo quedó perplejo ante aquella escena. Perdóneme que le haya traído esto, pero es que no lo he podido olvidar y mucho menos la actitud que mostró él hacia usted…

B: (apenada) ¿Usted estaba aquí en aquel momento?

E: Sí, Betty… lo vi todo, no lo pude evitar. Yo estaba acomodando unos libros cuando todo sucedió…

B: (bajando su cabeza) Dios… que pena con usted, Esteban. Eso fue algo realmente desagradable...

E: Puedo imaginar cómo pudo sentirse y créame, que fue muy triste para mí que la trataran de esa manera… Pero no se apene, Betty… no quise indisponerla recordando algún mal momento…

B: (mirando a las personas que se hallaban a su alrededor y que los observaban con burla) Venga Esteban, sigamos dialogando en otro lugar, ¿sí?

E: (percatándose de la gente) Seguro Betty… sentémonos donde no seamos el blanco curioso de las miradas…

Betty y Esteban caminaron al rincón recóndito donde ella se escondía lejos de los demás que pasaban por la biblioteca y que se quedaban asombrados al verla vestida tan llamativamente con esos trajes anticuados, lentes gruesos, capul y brackets. Aunque la intención de ella no era llamar la atención, parecía inevitable. Las personas que los veían juntos quedaban estupefactas riéndose de Esteban y Betty... Sus ropas, sus lentes, la semblanza física…todo eso los hacia tal para cual, hasta aún en la transparencia de sus nobles sentimientos…

Siguieron su camino sin importarles las burlas y las risas. Eso no era algo que les mortificaba cuando al fin y al cabo aceptaban su realidad.
Cuando llegaron, Betty se sentó en su silla y amablemente le indicó a Esteban que se sentara también…

B: Siéntese Esteban, aquí…

Esteban tímidamente asentó la cabeza y se sentó frente a frente con ella. Disimuladamente sus ojos terminaban encontrándose en una profunda e intensa mirada…

Al otro lado de la biblioteca, Armando se encontraba buscando desesperadamente a Sergio, quien se había convertido en su guía luego de la horrible muerte de sus padres que le habían dejado aquel vacío impenetrable, sin poder lograr poner fin a su inmadurez…

Sergio se encontraba también allí, buscando con premura a Esteban, a quien conocía muy bien y apreciaba grandemente. Armando al verlo lo llamó. Sergio se volteó y se fundieron en un cálido abrazo. Al coincidir en su encuentro, Armando lo acompañó en su recorrido y caminaron hacia el rincón de Betty mientras hablaban…

S: Pero bueno, Armando hijo, ¿como te va con Betty? ¿Te ha servido mi recomendación?

A: (sonriendo) Estupendamente. La oficina será manejada desde su casa, la cual está lista y ya pronto comenzará a trabajar de lleno con las finanzas de Ecomoda…

S: ¿La oficina será desde la casa de Betty? ¿Pero cómo así, Armando? ¿Por qué no trabajará allá en Ecomoda?

A: Bueno, Sergio… (contestó con ironía) … la verdad es que Betty me ha salido un poco fiera, indomable y casi difícil de controlar. Le cuento que en muchas ocasiones, tenemos nuestros “lindos altercados”. Ella misma impuso esa exigencia, el no tener que trabajar en Ecomoda y como no quise perder la oportunidad que me brindaba el tener una persona confiable a mi lado, no le pude decir que no…

S: (frunciendo el ceño extrañado) No comprendo, Armando… algo le habrás hecho para que se comporte como me la describes, cuando conozco perfectamente que ella no es así en realidad. Quizás ha visto algo de tu personalidad que le molestó o tal vez has sido demasiado altanero y ella tan solo usa eso como mecanismo de defensa ante ti…

A: (sorprendido) No sé lo que pueda ser, pero hay cosas en ella que me desconciertan grandemente…

S: ¿Qué cosas, hijo?

A: Ella es una mujer tan misteriosa, tan callada, como si llevara grandes secretos ocultos bajo esa mirada que apenas puede sostener ante mí. ¿Ha sabido porque ella prefiere seguir estudiando antes de conseguir un buen trabajo, con tanta preparación y tantos títulos, inteligencia y postgrados?

S: Ese tema, Armando, es muy delicado. Betty nunca habla de ello pues siempre ha sido muy reservada y sus razones tendrá. Por mi parte, soy feliz de enseñarle a una persona tan interesada en sus estudios y tan centrada como ella. Pero lo que no entiendo es tu interés tan fervoroso en conocer tanto sobre ella...

A: (titubeando) Vea…Sergio...yo....

Súbitamente, Armando contuvo sus palabras al volver a verla. Betty se hallaba allí, sentada en aquel rincón donde se había reunido con ella en las pasadas ocasiones…

Su mesa seguía como siempre, cubierta de libros que se esparcían sobre ésta. Pero algo en sí había cambiado… esta vez la soledad no la acompañaba como otras veces. Una persona casi parecida a ella, era quien ocupaba un lugar a su lado…

A: “Debe ser su hermano…” - pensó Armando sorprendido, mientras esa imagen de manera inexplicable, le quemaba por dentro sus piernas de hierro…

A: “Ella jamás me ha hablado de un hermano…Pero entonces, ¿quién será esa persona que la acompaña? Parecen tener una conversación muy amena y tranquila…” -continuó Armando sumergido en su pensamiento…

Una sonrisa brotó de los labios de Betty mientras charlaba con Esteban, dejando ver su sonrisa blindada, pero con una apariencia irresistiblemente angelical…

Sergio se alejó por un momento de Armando para acercarse a la mesa donde se hallaba Betty, mientras Armando miraba la escena desde lejos escondido tras un librero sin lograr comprender por qué le molestaba que Betty fuera tan cortés y cálida con aquella persona y de repente tan fría y distante con él...

Por un instante los miró asombrado. Pudo darse cuenta que ambos eran tal para cual…la misma pinta, el mismo gusto para vestirse, los lentes gruesos… era como verlos reflejados en un espejo. Armando se incomodó mucho sin entender por qué. Los gestos de su cara se tornaron un tanto graves al observar aquella escena, pensando que tal vez no había tenido un buen día y eso provocaba su estado de ánimo... Trató de restarle importancia y siguió mirando a Betty y Esteban desde lejos… Pero la intensidad que brotaba de aquellos ojos expresivos y profundos mientras la observaba con Esteban, no era la misma que veía cuando Betty estaba junto a él. Estos denotaban una alegría y una felicidad muy lejana al ardor que se incendiaba en su mirada cada vez que ambos discutían…

Tomó su cabeza aturdido entre sus manos y trató de concentrarse nuevamente, mientras Sergio se dirigió a ellos con una amplia sonrisa que lo caracterizaba…

S: Disculpen la interrupción…

B: Don Sergio, no se preocupe, ¿en qué puedo ayudarle?

S: Bueno, Betty… realmente andaba buscando a este joven (mirando dulcemente a Esteban), pues no sabía que estaba aquí con usted…

E: (sobresaltado) Ay, Prof. Montilla, qué pena con usted, yo aquí charlando en horas de trabajo y usted necesitándome, le juro que no volverá a pasar…

B: Don Sergio, discúlpelo, fue culpa mía… Es que necesitaba una segunda opinión en un proyecto que estoy haciendo y el tiempo se nos fue hablando de muchas otras cosas. Mil perdones…

S: (sonriendo) Por Dios, no se preocupen. Yo no iré corriendo a delatar a Esteban, ni más faltaba…Lo que sucede es que lo he estado buscando por toda la biblioteca pues me urge hallar un texto que necesito para unos trabajos que haré en mi casa en estos días y usted es el único que sabe donde podría encontrarlo…

E: Cómo no, profesor Montilla, ahorita mismo le busco lo que necesite… (dijo levantándose un poco temeroso de haber sido encontrado desprevenido y hablando en horas de trabajo)

Armando abrió sus ojos de par en par tratando de asimilar lo que sus oídos escuchaban. El oír a Betty por primera vez hablando de manera tranquila y dulce tal y como se la había descrito Sergio, lo llenaba de incertidumbre y desconcierto. Aquella actitud tan defensiva, pero a la vez tan sutil, lo arropaba de confusión al no haber podido tener en algún momento, esos instantes dulces y cálidos que realmente ella poseía frente a otros, pero no ante él...

A: “Esta debe ser su faceta dulce...” (pensaba) “Pero si yo soy mas apuesto… (en tono de burla) ¿por qué lo trata mejor a él? No pretenderá ella que me vista igual que ese cretino para ganarme su atención. Agradezca, señorita que he puesto los ojos en usted…” (recriminaba Armando en su pensamiento egocentrista)…

S: Bueno Betty, ya me retiro. Siendo éste el último día que nos veremos hasta el próximo curso, me gustaría desearle una feliz navidad y un prospero año nuevo...

Betty sonrió a su profesor y se levantó de la silla, dejándose estrechar entre aquellos brazos tiernos…

B: Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo también para usted, profesor Montilla… Hasta el próximo curso…

Y el abrazo lentamente se desprendió con una sonrisa. Sergio depositó un cálido beso en su mano y se alejó lentamente. Betty miró a Esteban y se acercó nuevamente a él hasta contener el abrazo...

B: Bueno Esteban, yo también debo irme ya. Le deseo igualmente una Feliz Navidad...

E: Lo mismo para usted, Betty… lo mismo para usted…

Armando los miró con una desesperación incomprensible…
Betty era una mujer totalmente desconocida para él. Era como si sus ojos contemplaran una obra de teatro, donde Betty encarnaba un personaje lleno de misterio, un enigma… una actuación impecable en la que estaba dispuesto a correr el riego de participar y descubrir… como desenmascarar la verdadera mujer que se escondía tras aquellas ropas, tras aquellas palabras de dureza, ante aquella fiera que se negaba a que él lograra acercarse a su territorio… estaba dispuesto a sumergirse en ella, a dejarse llevar por sus corrientes aunque se estrellara en sus arrecifes… estaba dispuesto a adentrarse en ella sin saber cuan cara serían para él las consecuencias…

Con la misma técnica de estar sumergido en los libros, Armando vió a Esteban pasar junto a él. Lo miró de reojo para calar su imagen en su memoria. Cuando finalmente éste se había alejado, Armando trató de dirigirse a donde Betty, pero dudó en su intento y terminó retirándose a la entrada de la biblioteca a pensar por un rato…Sabía que ya no le quedaban argumentos para expresarle ni mucho menos interrogarla. Pero fue aquella dulzura que vio la que se quedó en su corazón…

Betty tomó sus libros y caminó hasta la salida. Sorprendida reconoció la presencia de Armando en la puerta de la biblioteca. Lentamente se acercó a él y le tocó su hombro con sutileza…

B: Don Armando, ¿qué hace usted aquí?

A: (titubeando confundido) Bueno…yo...Hola Beatriz… (contestó nervioso)

B: ¿Cómo le va?

A: Pues, bien…aquí esperándola…como sé que se queda hasta la seis…

B: ¿Y para qué me esperaba, doctor?

A: ¿Va para alguna parte?

B: Sí… (con tono gracioso) “Navidad, blanca Navidad, ¿le recuerda algo, doctor?... Voy a hacer mis compras navideñas. Es que tengo un amigo que la plata le sobra, así que tengo que ir a buscarle algo distinto, un juguete…

A: (extrañado) ¿Un qué…juguete? ¿Pero cuantos años tiene su amigo acaso, Beatriz?

B: Los suficientes, pero sigue teniendo un alma de niño que usted ni se imagina. Las personas cuando tienen plata hay que regalarles algo del corazón, algo que realmente necesiten...

A: (con tono de burla) Ay no pues, la amiga del año se lo ganó usted...

B: Pero bueno, ¿me va a hacer un problema por esto, doctor? Quizás no se preocupe con los tantos amigos que tiene, que deben ser muchísimos. Pero yo si me preocupo por los míos…

A: Ay como cree que le haré problema de eso...Si quiere, la acompaño en resarcimiento de mis estupideces…

B: (sonriendo) Usted es realmente impredecible, doctor…

A: Tal vez tenga razón. Ahora si me lo permite, primero las damas. Déjeme ayudarle con esos libros...

Armando tomó los libros de los brazos de Betty mientras caminaban hacia el carro. Al llegar, abrió la puerta caballerosamente hasta que Betty se subió. Luego se dirigieron hasta el centro comercial donde Betty realizaría sus compras.

Estando allá, Betty miraba los organizadores portátiles a los cuales ella le llamaba “juguete” y otros equipos electrónicos para regalarle a su amigo. Aún no sabia decidirse, mientras Armando trataba de disimular su evidente enojo. Parecía un niño pequeño que acompañaba a su mamá a comprar los regalos forzados de tanta gente y esperar cual de ellos era el suyo. Tenia la certeza que Betty entre los tantos regalos que llevaba, el que divisaba en esos momentos seria para él, dejándose llevar por aquellas características que había mencionado de su amigo.

A: “A ese tal amigo la plata le sobra, así que necesita un juguete...” -recordó Armando las palabras de Betty mientras su ego se agrandaba, creyendo que tal vez, que aquel regalo podía ser para él...
Unos días después de aquella aventura en las tiendas, Armando comenzó a pasar sus tardes luego del trabajo en Ecomoda a laborar mano a mano junto a Betty referente al aspecto financiero de la empresa. Pasaba más tiempo en la casa de ella que en la suya propia y muy raramente visitaba a Marcela a su apartamento, algo que comenzó a disgustarle a ella en gran manera. Sus reclamos se hacían constantes, sospechando como de costumbre en qué nueva amante o relación clandestina Armando podría estar sosteniendo. Pero él ya le restaba importancia a lo más mínimo de ella…ya no le importaba lo que pensara o dijera en cada discusión sostenida...

La casa de Betty se había convertido con el transcurso del tiempo, en prácticamente su hogar. Algo para él más allá de la costumbre que siempre sintió al lado de Marcela. Pero Betty aún permanecía en cierta manera fría y distante con él, algo que lo desconcertaba, pero que a la misma vez lo ataba a seguir intentando un acercamiento más íntimo con ella, lograr el objetivo que desde un principio lo hizo tomar las riendas de un temible plan. Un reto que en su mente tenía programado cumplir…

Su recuerdo de detuvo mientras miraba sentado el paisaje a través de la ventana de su oficina, la cual se asemejaba a ese día donde se hallaba en la casa de Betty discutiendo con ella por los muebles. Una sonrisa pícara brotó de sus labios. Jamás había visto una mujer tan decidida y férrea a defender su posición de no aceptarle ayuda...

A: “Vaya que eres difícil, ¿ah, Beatriz? Pero no durará mucho hasta que caigas estremecida a mis encantos…” -hablaba Armando a sí mismo en voz baja.

M: (entrando por la puerta de manera burlesca) ¿Planeando estrategias de conquista sólo, Armando? Pero cuénteme, ¿qué ha pasado? ¿Cómo va la conquista del Everest, mi querido Armando Bonaparte? ¿Ya tenemos a “Beatrice”? Mire que ella es un país muy independiente y con gran armamento militar para prohibirle la entrada, pero se puede…

A: Deje la bobada Calderón... Betty es difícil pero no imposible… Ya verá. Le dije una vez que le iba a demostrar que no soy un cobarde como piensa y de lo que soy capaz. Ahora dejemos la plática para otro momento. Debo ir a sistemas para ver cómo esta quedando la computadora que le prometí llevar a la señorita a su casa...

M: Seguro, mi capitán y lueguito de paso me saluda a los suegros que no saben que próximamente lo tendrán de yerno… Hombre, dígame, ¿son igualitos a ella, la misma pintura? ¿Están felices de tenerlo como futuro yerno? ¿Su novia ya sabe que es su novia? Me imagino que debe tenerla en el punto penalti…

Armando lo mira fulminante… Mientras se dirigían hacia sistemas, Mario continuó con su insistente y mortificante sermón…

M: Hermano, ¿pero porque no escoge a otra mujer, porque Betty...la fea? No, no… mejor dicho, la reina de las feas…

A: Mario, cierre la boca, ¿sí? Vea, ya le he dicho hasta el cansancio que Beatriz es mi escogida. Yo la escogí, yo asumo todo. Además, ella a pesar de mostrarse distante, fuerte y fría como un témpano de hielo, también puede ser dulce y cálida...y eso es lo que lograré obtener… Derretiré el iceberg aunque choque con ella, pero no me hundiré como el Titánic...

M: Ay Armando, es despreciable lo que quiere hacer con la fea. Hombre, ya basta, que ambos sabemos que no le cumplirá como esposo si decide seguir con la absurda idea de casarse con ella, sin dejar de pensar que llevará a la pobre al borde la locura…

A: Maldición, Calderón, basta ya de tanta palabrería que no estoy ahorita para sus golpes de pecho, no lo quiero escuchar más. Le dije que Betty será mi esposa, ¿entendió? En las buenas y en las malas la conseguiré. Ese es un reto de verdad. Además, no dejo de pensar en las cosas buenas que he escuchado y he visto de ella, aunque no sea conmigo. Pero le aseguro que cuando logre ganármela, las cosas no serán tan malas para los dos cuando el momento llegue…

M: Por favor, hermano, Armando, recapacite. (con voz de tragedia) Perderá la honra, perderá las hermosas delicias femeninas que lo esperan allá afuera sedientas de atenciones como sólo usted les sabe impartir…

A: (irritado) Pues esas delicias tendrán que esperar un poco, Calderón. Además, ¿quién le dijo a usted que el estar con Beatriz será un impedimento para mí de seguir siendo el mismo hombre de siempre?

M: (con burla) Pues no sé, puede ser que esa experiencia le cause un severo trauma en su sentido del gusto, hermano…

A: No sea ridículo Calderón, usted no madura…

M: Pues si comparamos entre su madurez y la mía, creo que en eso le llevo ventaja…

A: Mire Calderón, no me dejaré manipular por usted como le dé gusto y gana. Haré lo que tengo ya planificado y nadie sobre este planeta me hará desistir. No ha nacido mujer aún capaz de rechazarme y mucho menos una mujer tan simple como ella. Beatriz no se dará el lujo de menospreciarme, no señor…

M: Usted lo que esta es desquiciado. No cometa más locuras. Busque su esposa en otro lado. Esta jugando con fuego y se va a quemar. El hecho de que ella le hable altaneramente no quiere decir que por eso y por muchas cosas la convertirá en víctima. Víctimas pueden ser muchas, pero ella tiene razones para rechazarlo, pues no quiere ser precisamente eso…su víctima…

A: ¿Pero no fue usted el que dijo que las feas serían dóciles y cariñosas, que cuando vieran un hombre como yo se entregarían a sus brazos y harían cualquier cosa por agradarle a él?

M: Sí Armando, así es la teoría, pero esta mujer se sale completamente del mapa. Según todo lo que me ha contado, he llegado a la conclusión de que ella es diferente a todas las demás mujeres…

Armando miró a Mario confundido y asentó con la cabeza. El sabía que Betty era muy diferente a todas las mujeres que había conocido, muy lejos de la mujer tradicional. Ella era sencilla, dulce, tierna, angelical y misteriosa, pero fuerte y rabiosa, brava y difícil a su vez, por lo menos con él. Era como si pudiera percibir en Armando sus intenciones más ocultas para con ella…

Al llegar al Departamento de Sistemas, Armando se acercó al ingeniero dejando a Mario esperando afuera del área de ingeniería. Con ayuda de aquel hombre, salieron a llevar la computadora al carro de Armando...

En medios de los pasillos se encontraba Marcela Valencia, quien no dejaba de perseguir cada paso de Armando y le siguió hasta el parqueadero con su insistente hostigamiento de costumbre...

Marc: Armando, ¿para dónde vas con esa computadora?

A: Iré a casa de un amigo, Marcela. El necesita una computadora y como ya sabes, acá sobran…

Marc: (incrédula) Ah…¿y quién es ese amigo, se puede saber?
A: Qué cansancio contigo, Marcela. Estoy cansado de tanta preguntadera, por Dios, que jartera…

M: (molesta) Te hice sólo una simple pregunta, Armando, no es para que reacciones así…

A: Sí, claro, una simple pregunta. Y todavía esperas que te crea. ¿Pero qué es lo que esperas que te conteste, ah? ¿Qué se la llevo a mi amante? ¿Es eso lo que esperas que te conteste, acaso?

Marc: Tan ridículo, Armando Mendoza…

A: Sí… tan ridículo. Hora te pido un permiso, tengo muchas cosas que hacer…

Marcela quedó consternada, observando con infinita cólera a Armando alejarse en su carro. Ella conocía perfectamente aquella mirada. Sabía que le mentía tan fácilmente como un niño, pero difícilmente ella lograría creer la más mínima palabra que saliera de sus labios… Una semana había transcurrido. La navidad comenzaba a asomarse y Armando vivía en medio de un tumulto de emociones que mantenía su alma sin descanso. Aún permanecía fresco el dolor de haber perdido a sus padres en aquel accidente, mientras el deseo de obtener aquella herencia para huir de un matrimonio con Marcela, lo llenaban de pavor.

Se sentía sólo. El miedo lo amenazaba inclemente, resurgiendo en él aquel niño vulnerable y desamparado que una vez fue. Lágrimas se escurrían por su rostro afligido a la par que sus pensamientos lo atormentaban, estrujando la pelota anti-estrés para poder disipar aquella sensación mortificante, mientras se paraba con su mirada perdida a través de la ventana de su oficina...

Tranquilizó sus ánimos contemplando el cielo bogotano, cubierto de copos de nubes acumulándose grisáceos. La lluvia anunciaba su venida, lo que de una manera u otra, se identificaba con su dolor. Al volver a sentarse en su silla, tomó en sus manos el periódico del día, el cual aún no había tocado. Leyó entre líneas las situaciones económicas de su país para luego seguir con los situaciones sociales, sus amistades y gente de la farándula…

Periódico: “Luego de un mes de espera, el concierto de Cristian Castro se efectuará en el Coliseo el Campín en Bogotá este fin de semana. Debido a problemas de salud del cantante, el concierto había sido cancelado la vez pasada. El cantante en esta visita a nuestro país, nos brindara un repertorio completo de sus canciones acompañados de sus bailarines, coristas y sus 10 músicos. Este es un espectáculo digno de no perderse. Hasta el sábado…”

Armando sonrió y pensó en Betty. Extrañamente desde los días que pasaba allá en su casa trabajando junto a ella, su alma reposaba en una fugaz calma. Los papás de Betty se habían convertido en su familia, mas allá que la costumbre que él siempre sintió al lado de Marcela… Aunque Betty continuaba con su actitud distante, en ocasiones, pudo experimentar un poco de su dulzura, que a pesar de que era muy poca, la anhelaba en lo profundo de su alma sin darse cuenta y eso era algo que lo mantenía atado y dispuesto a seguir con su juego…

Desde ese momento no dejó de pensar en el tiempo que le tomaría volver a esa casa, a su mar en calma lejos de la tempestad y los acechos de Marcela. Mario entró sigilosamente, observando a Armando sumergido en los pensamientos que azotaban su conciencia… Armando se percató de su presencia y sumamente molesto por la interrupción desagradable, abrió su boca enojado, sin permitirle a Mario decir palabras…

A: ¡No estoy para nadie en este momento, Calderón y antes de que abra su bocota para preguntar idioteces, ya lo estoy mandando a callar! Usted es insoportable…
Gritaba Armando enfurecido, mientras le arrojaba la pelotita anti estrés que estrujaba hasta mas no poder...

Se levantó de la silla. Mario asombrado por la actitud de su amigo, no dijo una sola palabra. Lo miró sin perderle rastro hasta que Armando salió de aquel encierro que lo enloquecía, tirando la puerta en un golpe desmedido, el cual se escuchó como un eco por toda la planta… La lluvia caía fuerte como torrentes del cielo. Armando se hallaba inmóvil bajo aquel manto frío que empapaba hasta su alma, mientras sus pies permanecían quietos en aquel lugar donde sus palabras solitarias rompían como truenos en medio de aquel diluvio que lo castigaba. Hablaba con un llanto quebrantado, lleno de dolor, el cual consumía cada sollozo que salía de su boca. Las tumbas donde yacían sus padres parecían escucharlo, mucho más ahora en muerte que cuando los tenía en vida. Reclamaba sus consejos, el calor de un abrazo imposible y la voz que aún en sueños oía…

Tirado frente a la tumba de sus padres, sus lágrimas se confundían con aquella lluvia cruel que mojaba su rostro. Se negaba a alejarse de aquel acercamiento que tenia con sus padres. Lloraba como un chiquillo, pero sin alguien que lo consolara. Su corazón palpitaba fuerte. Recordó aquel testamento que lo sentenció a vivir otra vida; una vida tal y como sus padres habían planificado para él. Sus pensamientos lo atormentaron cuando vino el recuerdo de ella a su memoria…de Betty… Con profundo dolor, mezclado con rabia, finalmente se levantó del suelo y miró con sus ojos hinchados la blancura opaca de aquellas lápidas..

A: Lo siento mamá… lo siento papá… pero lo tengo que hacer. Fuiste tú quien impuso las reglas...

Y aquellas palabras sellaron finalmente aquel monólogo solitario. Volviendo nuevamente en sí, completamente seguro de lo que haría a partir de ese momento y sin pensar en nada más, sus emociones se apoderaron de su mente en aquel instante de locura. Sus pasos se aligeraron y sin más vacilaciones, se dirigió cubierto en llanto hacia la casa de Betty…

CONTINUARA……………………….
*Fragmentos del Poema "HeMoS PeRDiDo AúN ESTe CRePúSCuLo" de Pablo Neruda*

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El dolor no tiene rostro...no discrimina. Cuesta tanto encontrar a alguien que te ame de verdad, más aún, cuando te buscan o te quieren para exhibirte ante todos como un trofeo. Cuesta mucho encontrar a alguien que te quiera por lo que eres y no por lo que representas o tienes. No creas que la belleza ayuda...muchas veces puede estorbar aún más que la fealdad..."