Capitulo 6: El Misterio de Tu Vida
"La Reina de las Feas: El Misterio De Tu Vida…" Cap 6
Por: Lissette Lasanta (Soñadora)
Mayela Rodríguez
CANCION MIDI: "OTRA MUJER" EROS RAMAZZOTTI
"Amor mío,
Nos hemos encontrado
Sedientos y nos hemos
Bebido toda el agua y la sangre,
Nos encontramos
Con hambre
Y nos mordimos
Como el fuego muerde,
Dejándonos heridas.
Pero espérame,
Guárdame tu dulzura.
Yo te daré también
Una rosa."
El cielo copado de nubes grisáceas heló a Bogotá esa noche, mientras una ráfaga de frío se desprendió de aquella lluvia que castigaba la piel de Armando sin piedad, quien comenzó a temblar del frío, justo frente a la entrada de la casa de Betty. Sus dedos tocaban el timbre y a su vez el acrílico de la puerta desesperadamente...
Don Hermes enfurecido, se acercó a la puerta abriéndola lentamente. No se detuvo por un instante a fijarse de quien se trataba, cuando levantó su voz en reclamo...
DH: Caray, somos familia respetable… ¿no tiene vergüenza acaso? No tumbe mi puerta…
En medio de la oscuridad que reinaba afuera, Don Hermes reconoció a Armando bajo aquella mirada atormentada, desencajada, llorosa… lejos de su firme fachada que sostenía en cada momento, la cual era imposible de disimular con el tumulto de emociones que lo azotaron bajo la furia de aquella lluvia dejándolo vulnerable…
DH: ¡Doctor Mendoza! – exclamó con total asombro
Armando se sentía avergonzado de aquellos impulsos que lo trajeron a ella, dejándose guiar por una profunda tristeza que lo llevaría a su destino. Las gotas seguían cayendo, confundiéndose con las lágrimas que rodaban finamente sobre el rostro afligido de él...
Otro trueno desató la gran furia de aquel diluvio que parecía interminable desde que comenzó a tempranas horas de la tarde, dejando el paisaje casi perfecto en un claroscuro lleno de sombras y tristezas...
DH: (sobresaltado por el estruendo) Pero Doctor, pase adelante por favor que se podría resfriar más. Cálmese y nos dice qué le pasa…
Armando sonrió tímidamente ante aquella voz paternal, que a pesar de no caerle del todo bien, Don Hermes lo trataba con estima como si fuera alguien más de la familia… Entró a la casa, mientras Doña Julia salía del comedor extrañada por su presencia, cuando miró su rostro e inmediatamente le removió el saco mojado...
DJ: Le traeremos ropa seca, doctor... Betty no demora en bajar para la cena…
DH: Sí doctor, no se preocupe, le prestaremos algo para que se cubra. Estando con ropa mojada se puede resfriar. Dígame doctor, ¿que le pasó? ¿Se le averió su carro, acaso? Porque me da la impresión de que lleva varias horas bajo la lluvia, ¿no es cierto? No es nada saludable para nadie. Su familia debe estar preocupada por usted…
A: (cabizbajo) No, Don Hermes. Yo no tengo más familia. Sólo una hermana que vive muy lejos. Mis papás murieron en septiembre… sólo venía de visitarlos... (rompiendo en llanto)
Armando cubría su rostro con sus manos tratando de encerrar su dolor entre ellas, mientras Don Hermes conmovido se acercó a él envolviéndolo en un cálido abrazo...
Betty se hallaba en su habitación. Con su pijama de pantalón y camisa, se secaba su cabello mojado luego de un baño tibio. Cobijada con una sábana tras aquella ventana, miraba el paisaje triste que se dibujaba en el cielo azabache... Con la intensidad de aquella tormenta afuera, se asemejaba a un quejido en el viento que le susurraba, alertando todos sus sentidos... Doña Julia entró sutilmente, mientras Betty se perdía en el silencio de sus recuerdos…
DJ: Betty, mamita...el doctor Mendoza esta abajo con su papá. Tiene muy mal semblante...
B: (abriendo sus ojos) ¿¿Don Armando está aquí, mamá?? ¿A estas horas y bajo este mal tiempo?
DJ: Sí, mija, y no sabe la cara que trae. Parece que tiene muchos problemas…
B: (incrédula) Mamá, por Dios, ¿qué problemas puede tener un hombre como él? Usted sabe muy bien cómo son, todos iguales, manipulando las emociones de nosotras las mujeres…
DJ: Quizá tenga razón, mamita, pero no sé, ésta vez pude percibir en él realmente algo muy grande que lo está atormentando… Baje allá, Betica, tal vez con usted pueda sincerarse…
B: (suspirando) Ay mamá, cada vez que tiro mis armas me vuelvo débil una vez más…
DJ: ¿Y por qué dice eso, mija? ¿A qué se refiere con una vez más?
B: (nerviosa) A nada mamá, no me haga caso…
DJ: No me diga que hay algo en su corazón referente al doctor, ¿no mamita?
B: (sobresaltada) ¡No, mamá…cómo se le ocurre!
DJ: Se me ocurre porque la conozco, Betty. Porque hace mucho tiempo no veía en sus ojos ese brillo cuando me habla de ese señor…
B: (suspirando) Pues sí…mamá… no sé que me pasa cada vez que estoy a su lado. Vuelvo a sentir esa extraña sensación que una vez sentí por… por aquella persona que he olvidado…
DJ: Quizás sea el amor que está tocando a su puerta una vez más mamita…
B: No lo sé, pero no puedo permitir que otro hombre igual que aquel entre una vez más a mi vida…
DJ: Betty… no juzgue tan duramente al doctor Mendoza. El hecho de que sea una persona importante o con plata, de buena pinta y atractivo no quiere decir que sea igual al de su pasado…
B: No lo sé… estoy muy confundida, mamá. Bajaré a ver qué le sucede…
Betty volteó a ver el rostro de su madre asombrada, acudiendo sin pensarlo a ponerse una bata de algodón encima de su pijama, bajando apresurada las escaleras que la guiarían a su encuentro con él…
Al llegar a la sala, su corazón palpitó con fuerza al hallarlo allí llorando como un niño pequeño con las manos cubriendo su rostro abatido. Don Hermes con voz dulce trataba de calmarlo inútilmente, mientras Doña Julia se acercaba a él nuevamente con la ropa seca...
Betty no podía creer aquella escena tan conmovedora que se desplegaba ante sus ojos. Jamás se lo hubiera podido imaginar así, y mucho menos, que llegara a pensar tan siquiera en tomar su hogar como refugio de su dolor y su desgarradora soledad sin sus padres en aquella época del año tan importante que era la navidad…El profundo pesar que cargaba él en su vida, dejó a Betty perpleja ante ese Armando desconocido, que sollozaba dejando verter sus sentimientos encontrados ante lo que ella no imaginaba ser para él… la creadora de sus días turbios…
Betty se acercó lentamente posando sus manos temblorosas sobre el hombro de Armando, que pese a las recomendaciones de Don Hermes, se negaba rotundamente a cambiarse de ropa… Abrió estremecido sus ojos inmovilizando su mirada sobre los ojos de ella, a quien observó apagado y entristecido, perdiéndose en un mar profundo de confusión, difícil de sobrevivir en él…
Don Hermes y Doña Julia se miraban uno al otro viendo la escena, ya que no sabían que más hacer por él…
Betty entrelazó sus manos con las de Armando, mientras éste no dejaba de mirarla a ella sin sus lentes gruesos, dejándose atrapar por las pasiones oscuras y misteriosas de aquellos ojos negros que se posaban con amor, aún con aquel capul que siempre enmarcaba su rostro inolvidable… Dulcemente lo ayudó a levantarse y lo llevó tomado de la mano hacia el baño. Sus papás tan sólo miraban asombrados la voluntad que Betty tenía sobre él... Así como podían pelear como perro y gato, él era masilla entre sus manos o barro al que ella podía dar la forma que quisiera…
Ambos entraron al espacioso baño, sentándolo en una silla. Afuera se escuchaba la voz preocupada de Don Hermes que estaba parado en la puerta con Doña Julia…
DJ: Betty, ¿está todo bien, mija…necesita algo?
B: Todo está bien papá... no se preocupe, pero sería bueno que le diéramos a Don Armando la ropa seca…si no le dará pulmonía y será peor…
DJ: Esta bien mamita yo voy por ellas... Las dejé en la sala. Su papá esta aquí si llega a necesitar algo mas...
B: OK, mamá...
Betty volteo a donde Armando que aun seguía sollozando, mientras se arrodillaba ante el con una toalla pasándola por su rostro atormentado por su ineludible tragedia y dolor que lo arrastró ante ella…
B: Doctor ¿que le sucede?...Jamás lo había visto así...
Armando fijó sus ojos en aquella mirada que le cuestionaba preocupada. Ella estaba irresistiblemente tierna y angelical, como la había visto antes con Esteban y Sergio…
Una furia se desencadenó en él al verla tan amable, tan dulce ante sus ojos como jamás había pensado verla ante él. Aquella Betty ingenua, débil y mansa que regalaba su sutileza a otros y a él le entregaba su distante comportamiento, lo hizo transformarse en una fiera inexplicable, invadido por un sentimiento que era totalmente desconocido para él. La tomó con sus manos abiertas sobre su espalda, empujándola hacia él y sorpresivamente se adueñó de sus labios a ojos cerrados totalmente desesperado, dejándola inmóvil por unos minutos…
Betty tembló ante aquel arrebato de él. Su cuerpo parecía una hoja al viento que se dejaba arrastrar. Sentía una corriente en sus venas que la mantenía atada, como una descarga. Armando la besaba con fuerza, dejando besos que se repetían cada vez con más intensidad. Su cabeza se movía aprisionando los labios de ella a los suyos. Recorrió sus mejillas como un sendero que lo llamaba, marcándolas con sus labios tibios y con lágrimas que no dejaban de escaparse de sus ojos dormidos. No comprendió cómo aquella sensación le provocaba una sed incontenible y unas ansias de saciar esa necesidad que no comprendía y que lo arropaba y lo empujaba cada vez más a ella. Y peleando ambos en sus adentros, se dejaron vencer por aquella locura un largo rato…
Inesperadamente, Betty reaccionó, logrando desprenderse de aquel hechizo con un movimiento rápido, plantándole sin pensar una sonora cachetada que lo dejó marcado en su cara. Aceleró sus pasos hacia la puerta, donde ya estaba su mamá esperándola con la ropa limpia para Armando. Doña Julia sin lograr entender el rostro desencajado de ella, le entregó la ropa seca...
DJ: Mamita ¿le pasa algo…por qué esa cara?
B: Nada mamá, no pasa nada… (nerviosa)
DJ: Mire aquí esta la ropita limpia. Su papá insiste en que el doctor se quede ya que no parece que dejará de llover y ya es muy tarde. Sería una canallada mandarlo en ese estado para su casa. Dígale al doctor que le haremos lugar en el estudio...
Betty bajó su cabeza ante ella en un suspiro mientras asentaba afirmativamente con su cabeza. Su corazón aún palpitaba tan fuerte que no hallaba cabida en su pecho...
B: Está bien mamá. Yo le digo... -contestó nerviosa, volviendo a la puerta del baño.
Lentamente regresó a él entregándole sin mirarlo las prendas de dormir a Armando, poniéndola sobre el lavado. No hubo momento de reflexión entre ellos sobre lo que había ocurrido. No hubo reproches, no hubo palabras. Aquel beso de furia y a su vez de desesperación, era una nueva página que se había marcado en sus vidas. Se abría un libro nuevo ante ellos, con una historia que los golpearía, los atropellaría, los uniría y los arrastraría a un frenesí de pasión, odio y amor. Sus corazones palpitaban aceleradamente, mientras sus ojos se encontraban y se miraban ésta vez de una manera que jamás volvería a ser la misma de antes…
B: Aquí tiene…doctor. Póngase esta pijama. Todavía llueve mucho y el tiempo no es el mejor. Sería terrible enfermarse y no pienso cargar con la culpa por haberlo mandado así en este estado. (silencio entre ellos por unos instantes mientras se miraban profundamente) Estaré en el estudio, creo que hay cosas que debemos hablar...
Armando asentó con su cabeza mirando a aquellos ojos expresivos y profundos que sobresalían del rostro poco agraciado que lo hicieron perderse por unos instantes en un mar de confusiones, en el cual había logrado también hundir en éste a ella también...
Betty salió recostándose sobre la puerta del baño, y sin que él ya pudiera observarla, se tocó la huella húmeda de aquellos besos sobre sus labios temblorosos y que llevaba ahora en su piel marcados como fuego...
Ya sentada en el escritorio del estudio, Betty continuaba aturdida y trastocada por lo que había sucedido. Sentía un cosquilleo en su pecho que la recorría hasta su vientre. Jugueteaba entre sus dedos con una pluma muy nerviosa sobre el escritorio, esperando que Armando entrara allí...
En unos momentos, apareció él, vestido con una pijama azul oscuro, con el rostro avergonzado e imposible de mirarla a los ojos. Ella lo miraba de reojo, sin decir palabra, mientras le indicó con el dedo que se sentara frente a ella…
B: (suspirando nerviosa, armándose de valor) Doctor… no sé a dónde ha querido llegar con lo que acaba de suceder, pero estoy muy confundida y siento la necesidad de que usted pueda aclarármelo...
A: (avergonzado) Betty… lo siento mucho, de verdad, lamento haberme comportado tan brusco con usted allá en el baño, pero es que… es que…
B: (seria) ¿Es que qué, doctor?
A: Es que sentí hacer lo que hice…
B: ¿Qué sintió hacerlo me dice? (contrariada) No comprendo… no comprendo…y tampoco creo en sus palabras…
A: (haciendo un esfuerzo por explicarle) Vea, no sé por qué, y tampoco podría explicarle bien, pero de mí brotó tan intensamente lo que hice, como si algo en mis adentros me lo pidiera a gritos...quizás usted deba entender qué pudo haber pasado conmigo…
B: (molesta) Si lo entendiera no estaría preguntando, doctor y no creo que tenga la habilidad de adivinar ni mucho menos… Usted me besó, me abrazó y eso es algo que debe tener una explicación y creo que estoy en todo mi derecho de saber, de preguntarle, de entender por qué lo hizo. Uno no hace las cosas por que sí… uno las hace movido por algo, y eso es lo que deseo poder comprender. Claro…si tiene la bondad de explicarme, doctor Mendoza…
A: (mirándola fijamente) Pero es que usted también correspondió a ese beso, a esas caricias, a ese mismo deseo. Yo también tendría el derecho de una explicación o simplemente conocer qué la movió a hacerlo a usted también, Beatriz…
Betty quedó perpleja ante sus palabras. No podía dar crédito a aquel cuestionamiento suyo, cuando había sido él mismo el que había provocado aquella situación. Aunque ella conocía perfectamente la razón qué la había movido a corresponderle, no se daría el lujo de desperdiciar sus palabras en saciar la curiosidad arrogante de él…
B: (esforzando su ironía) ¿Sabe qué, doctor Mendoza? Ante una situación tan difícil y comprometedora como la que se presentó en ese momento ante mí, no tuve otra alternativa que contestarle de la misma manera con la que usted me estaba acechando. Es cierto, usted hizo algo movido por un no se qué, que ni usted mismo puede explicarse, y de la misma usted me movió a hacer lo mismo… Soy humana, mi carne es débil y siente pasiones igual que usted, ¿o creía que yo era un ser de otro mundo, doctor? Soy mujer, por si no se había dado cuenta y sentí tal vez la misma urgencia de un beso al igual que la pudo sentir cualquiera. ¿Satisfecho?
A: (mirándola con una sonrisa incrédula) Pero es que usted no es cualquiera, Beatriz, y no creo que si tal vez otro hombre lo hubiera hecho, usted lo hubiera besado como lo hizo hace unos instantes conmigo…
B: (molesta) ¿No deja nunca de ser tan altanero usted, cierto?
A: Ni usted igual de fiera, de muñeca brava…
B: Tratándose de usted, nunca dejaré de serlo, doctor Mendoza…
A: ¿Y por qué tratándose de mí? Porque por lo que veo usted no es así con los demás… por ejemplo con el “guapísimo” pelilargo rebelde amigo suyo…
B: ¿Con Esteban Villanueva?
A: Con Esteban ChuChú como se llame…
B: Yo me comporto con las personas como se merecen, doctor y Esteban indudablemente se ha ganado toda mi confianza. Así que no le permito que hable mal de él…
A: ¿Ah no me lo va a permitir? Veo que ese joven es muy importante para usted, ¿cierto?
B: Sí, muy importante… Diría que es el hombre más importante en mi vida en estos momentos, doctor…
A: (furioso) ¡Qué bien, Beatriz! Pues dígale a él que la contrate como asistente suyo entonces…
B: (levantándose de su silla molesta) ¿Sabe qué doctor Mendoza? Renuncio…
Armando quedó instantáneamente petrificado en su silla. Sabía que había vuelto a cometer el terrible error de tratar a Betty como no debía y el horror de perderla y dañar sus planes con ella se apoderó nuevamente de su conciencia. Se preguntó en un sólo instante una y mil veces qué le estaba ocurriendo, el por qué de su reclamo tan férreo hacia ella. Sintió que su sangre se había acumulado en su cabeza y su vista se había nublado completamente. El recuerdo de aquel hombre de cabellos largos que la llenaba de halagos y había logrado adueñarse de la confianza de ella que sólo a él debía pertenecerle, lo había herido en su pensamiento con unos celos incomprensibles y su orgullo como una cuchilla punzante...
Betty se apresuró hacia la puerta para retirarse muy molesta a su habitación, cuando una mano fuerte y desesperada la agarró firme y la empujó nuevamente hacia él...
A: (respirando acelerado) La amo, Beatriz... y no sabia cómo decírselo... (moviéndo su cabeza confundido y contrariado) La amo a usted con ese genio, con esa fiereza, indomable, salvaje y la vez, tan dulce… La amo con esa pasión que brota de su piel, de esos labios que pude besar finalmente esta noche…
Armando se acercaba cada vez más a ella, encontrándose sin darse cuenta abrazado a su figura tibia, cubierto ambos por aquellas pijamas que contenían en sus adentros el calor inquietante de sus cuerpos. Se acercó tanto a ella, que no se había percatado que la tenía fuertemente aprisionada entre sus brazos…
A: No se cómo competir con usted...Usted es superior a mis fuerzas...
Completamente aturdida y sin palabras, Betty abrió sus ojos de par en par, mientras Armando seguía brotando sus sentimientos encontrados entre sus brazos intensos, mientras sus ojos se encontraban en una mirada que debilitaba hasta sus huesos…
A: Hasta adoro cuando tiene la razón... Usted se ha convertido en mi cable a tierra...
Betty dejó desprender de sus ojos unas tímidas lágrimas que rodaron frías por su rostro, sin evitar sonrojarse con aquellas palabras… Volvió con mucha dificultad a incorporarse y a recuperar las fuerzas perdidas…
B: (soltándose de su abrazo) No comprendo algo, doctor. En algún momento de ésta conversación creo haberme perdido. Vayamos por parte, porque creo que definitivamente a esta telenovela le falta un capítulo que no logro entender... Su tristeza… esa tristeza que lo trajo hasta aquí, ¿a qué se debía, doctor?
Armando sonrió tímido mientras tomaba fuerzas para contestarle…
A: (confundido) Mi tristeza…sí, eso. Estaba triste porque… porque no sabía qué hacer, Beatriz…
B: ¿No sabía qué hacer? ¿A qué se refiere con eso?
A: Betty…yo...yo...te amaba desde hace tiempo...y no sabia cómo enfrentarlo... y ésta noche, tuve una relevación impresionante, pero no de tí....sino de mí...de mis sentimientos. Estaba en la tumba de mis padres…
B: ¿Pero y qué hacía usted allí a esta horas y con este mal tiempo, doctor?
A: (triste) Estaba contándoles cosas de la empresa, que te había conocido, que te habías convertido en una persona tan necesaria para mí y ahí fue que supe que te amaba… Lloraba porque no estaría con ellos para que te conocieran y disfrutáramos de la cena navideña que siempre hemos hecho en familia. Pero ahora yo soy mi única familia, mi hermana esta muy lejos con su esposo y ahora me he quedado solo...
Betty no pudo resistir aquella tristeza que brotaba de sus ojos sombríos y lo abrazó fuertemente, fundiéndose a él, reconfortándose con el calor de sus cuerpos mientras ella proporcionaba la paz que ambas almas necesitaban...
B: Shhh no siga...cálmese doctor... En todo caso, usted sabe lo que ha significado para mi familia conocerlo. Mis papás lo quieren como a un hijo. No se olvide de eso...
Armando tomó el rostro de Betty entre sus manos mientras Betty le esquivaba nerviosa...
A: ¿Y para usted? ¿Qué ha significado para usted conocerme, Betty?
Betty temblaba estremecida con tan sólo pensar en la verdadera contestación a aquella pregunta…
B: (temblorosa) Para mí… para mí ha significado mucho, Don Armando…
A: ¿Mucho?
B: Sí…
A: ¿Cuánto es mucho para usted, Betty?
B: (nerviosa) Doctor, no siga preguntándome, no me perturbe con esas preguntas a estas horas, por favor…
Armando la acercaba nuevamente a su cuerpo sutilmente, despacio, sin prisa, como si su piel tuviera un imán que lo obligara a no soltarla, a no dejar un espacio entre ellos… Comenzó a acercar su rostro delicadamente al oído de ella, mientras ella no podía evitar cerrar sus ojos al sentir su aliento atarse como una cinta a su cuello… Armando la debilitaba a tal punto, que experimentaba un letargo que la embriagaba y la convertía en un cordero manso entre sus manos…
A: (susurrante) ¿Cuánto es mucho para usted, Betty…mi reina?
B: (estremecida) Lo suficiente…
A: (confundido) ¿Lo suficiente como para qué?
B: (temblorosa) Lo suficiente como para renunciar a él…
Y diciendo esto, se soltó de aquellos brazos que la sujetaban febriles y salió corriendo de aquella habitación. Armando quedó con su boca abierta, sorprendido por aquella contestación que lo dejó con una terrible sensación de locura y confusión a su vez…
Los minutos pasaron y las horas se hicieron eternas con el rugido interminable de aquel diluvio furioso que golpeaba el vidrio de las ventanas de aquella habitación y por el destellar de los rayos que la iluminaban. Otro diluvio se desataba adentro, pero era una tormenta de emociones que no dejaban conciliar el sueño de Armando y más aún, sabiendo que él estaba allí en esa casa, durmiendo tan cerca de ella. Acomodado en un amplio sofá, Armando se movía inquieto, atormentado por las últimas palabras que habían salido de la boca de ella…
A: (pensando disgustado, preguntándose en sus adentros) “¿Lo suficiente como para renunciar a él? ¿Pero qué me habrá querido decir Betty con eso? ¿Quién es “él”? Dios mío, ¿qué me pasa?
Mientras Armando navegaba en sus interrogantes allá abajo en el despacho, Betty observaba perdida el horizonte desde su cama, con el caer de las espesas gotas de lluvia que golpeaban insistentes en su ventana. Pensaba en la contestación que había brotado de su alma para él esa noche y nunca supo cómo tuvo el valor de hacerlo. Esa noche jamás había estado tan fría como ninguna otra a medida que le turbaba los sentidos por la inquietud y la incertidumbre de un posible mañana tras aquella tormenta, tras la confesión de unos sentimientos que no podía creer, seguido por aquel fallido intento de acercamiento de él hacia ella...
Una vez mas, Betty se hallaba para Amando más lejana de lo que realmente estaba, mientras seguía inevitablemente contrariado...
Aquella reacción de Betty y sus palabras, lo habían dejado confundido, lleno de temor al creer poder perderla y alejarla de los planes que ya tenía trazados con ella. Las horas de la madrugada pasaban oscuras y aún tormentosas, despertando más esa sensación de inquietud en Armando. Ya había logrado haber dado aquellas dosis de palabras dulces y aquel aparente impulso forzado llevándolo a besar sus labios angelicales, que sin poder hallar una razón a su cambio de comportamiento tan repentinamente, se entremezclaron en ese instante con su ira y dolor…
Perdido en sus recuerdos, vino a su mente las locuras de su niñez y la insaciable curiosidad que siempre sentía hacia las cosas incomprensibles para él, lo que lo hizo desarrollar ese don para armar un rompecabezas de respuestas a medias. Armando comenzó a sentir esa misma fuerte curiosidad por armar ese rompecabezas que era para él la vida de Betty, lo que lo arrastraba a un abismo cada vez más sin darse cuenta. Esa curiosidad al final lo terminó venciendo como solía pasar siendo un niño y se levantó lentamente del sofá, caminando hacia la puerta en puntillas hasta abrirla lentamente sin tratar de hacer el más mínimo ruido… Miró para todos lados asegurándose que no hubiese nadie alrededor, para así comenzar a encontrar aquellas respuestas que tanto le inquietaban sobre ella...
Armando sabía perfectamente, en su corto tiempo de haberla conocido de manera accidental, lo recelosa que era ella con aquel pasado que la atormentaba convirtiéndola en una persona cerrada socialmente. Para Betty, él no era un desconocido, pero Armando sabiendo que al Betty no ser ell tipo de persona socialmente abierta, debía encontrar sus respuestas en juntar todas aquellas partes de un rompecabezas que saldría en su búsqueda, esa misma noche, tal vez aventurándose entre sus cosas, entre sus pertenencias, justo en la planta baja de la casa de ella, donde había entrado una vez cuando buscaban una habitación en la casa para habilitar un despacho...
Las oscuras escaleras que conducían hacia la planta baja se podían divisar desde una puerta que se encontraba en la cocina, justo al lado del refrigerador, por la cual Armando cruzó con una pequeña linterna llevándolo hacia el sótano. Allí se albergaba muebles sin usar, con los cuales Armando torpemente se tropezó antes de encontrar el interruptor de la luz. El cuarto a media luz, alumbrado solo con un foco tenue, daba a ver un espacio grande donde habían cajas guardadas y artículos que se mantenían con olor a añejo y polvo… Con cara de desagrado, Armando se acercó impulsivamente a éstas revisándolas cada una por sus nombres hasta encontrar lo que realmente necesitaba localizar; una caja que tuviera algo referente a la vida de esa mujer que tanto lo intrigaba, la que llegó a ver con unas inscripción a mano que decía: “ Recamara de Betty”. Haciéndose espacio entre las demás cosas que interferían en su camino, comenzó desesperadamente a abrir la caja con el nombre de ella…
Su contenido consistía en un puñado de muñecas preciosas de porcelana, una almohadilla de hilo tejida a mano con una pequeña inscripción: “Te amo”, mientras lo más extraño y perturbante que pudo encontrar fue la cantidad de fotos picadas a la mitad, las tablaturas de música escritas a mano de piano, con unas borrosas siglas difíciles de poder descifrar en la poca luz… Por más que indagara, ante sus ojos Betty era un rompecabezas confuso y a su vez, impresionante...
A: (molesto) Por Dios… qué jartera de mujer que es la novia de la enigma…o la esposa del misterio... No pues, no dice nada, no proporciona nada… me quiere volver loco. Pero no me quedaré picado y con la duda, no señor..
Armando continuaba buscando, sumergido en aquel paraje oscuro de la incertidumbre, mientras se acrecentaba cada vez más su curiosidad por llegar al fondo de aquella interrogante que lo atormentaba y le hacía experimentar el sabor amargo de la duda. Mientras seguía su búsqueda mas se interesaba en saber de ella, y más su corazón palpitaba sin entender por qué. Ya en el fondo de la caja, algo relativamente pequeño, redondo y palpable en sus manos, llamó su atención poderosamente. Al sacarlo, sus ojos engrandecidos vieron el objeto cerca de la luz, mientras aquello tan pequeño brillaba a su vez como con luz propia de los brillantes incrustados dentro de los 3 corazones bañado en oro blanco…
Sin lugar a dudas, aquello era un anillo de compromiso. Una sortija tan valiosa que triplicaba el salario que Betty recibía de Ecomoda. Armando abría sus ojos y los cerraba impresionado al contacto con aquel anillo que sembraba aún más las millones de preguntas que navegaban en su cabeza… Confundido y mortificado, movía el anillo en sus dedos hasta encontrar en éste lo que mas temía… la inscripción de palabras sencillas que se clavaban en su corazón atravesándolo como un puñal: “Para la mujer que amo”…
A: ¿¿Para…Betty?? – se preguntaba inquieto, mientras una ráfaga de furia nubló por un instante su mirada…
Su corazón, frágil en aquellos momentos, lo obligó traicioneramente a derramar una lágrima que ni él mismo se dio cuenta. Recordó aquellas últimas palabras que ella dijo antes de salir corriendo esa noche de sus brazos y bajó su cabeza totalmente vulnerable, débil y con el más devorante sentimiento de culpabilidad que jamás había sentido en su vida…
En medio de aquel silencio, Armando no sabia qué realmente había hecho con ella. También el pensar si había alguien más importante a quien ella debió amar o aún amaba con locura, se sumaba a la montaña de emociones dolorosas que estaba experimentando en esos momentos. Su reto de “enamorar a la fea” lo dejó totalmente desarmado y lo hizo pensar en la poca dignidad que tuvo al haber accedido a una idea tan absurda y cruel por obtener el beneficio de una herencia que sabía le traería más dolor que satisfacción para su vida...
Sin pensarlo dos veces, tomó el anillo en sus manos encerrándolos en su puño, mientras veía algo mas que le llamó la atención de igual importancia. Trazos de una carta que parecía de amor se esparcían en aquella caja, la cual se dio a la tarea de unir todos sus pedazos y logró leer:
“Te siento tan distante, tan fría y tan distinta a la mujer que al principio conocí. No puedo entender la sequedad de tus besos, la insensibilidad de tus palabras que se oyen huecas y vacías al hablarme, como si ya no contuvieran el gran amor que solías decirme que sentías. Necesito tenerte y no me dejas, necesito amarte y me huyes como una fugitiva. Necesito entender tus razones, saber de tus labios qué es lo que pasa en tu interior. ¿Has olvidado todos los momentos que hemos pasado juntos? ¿Ya no te importa el recuerdo que nos unirá por siempre? Necesito volver a tener tu sonrisa, a volcar mi pasión sobre tu pecho tembloroso. No me dejes abandonado en esta locura. Háblame, dime que aún me sigues amando…
Te necesito…”
Armando no daba a crédito a lo que leía y veía ante sus ojos. La mujer que siempre creyó no seria amada por nadie lo había sido por alguien. Completamente asombrado, sin palabras, pálido, temblando por un fuego que lo consumía, trató de recoger todo nuevamente poniéndolo en su lugar. Sintió una urgente necesidad de salir corriendo, de escapar de aquel lugar que lo había aprisionado y dejado sin respiración. Selló la caja y dejó todo intacto como estaba...
Pero el anillo permaneció en sus manos, encerrándolo cada vez más fuerte entre su puño y regresó al despacho casi sin darse cuenta por la impresión tan grande que se había llevado. Aquel anillo permaneció en su mano hasta quedar rendido ante el sueño y la desesperación de que llegara la mañana… probablemente con la valentía de cuestionarle aquel pasado descubierto ante sus ojos y que lo llenó de locura toda la noche o tal vez… con la idea de haber decidido cambiar los planes que tenía para ella…
CONTINUARA……..
**Poema "Ausencia" de Pablo Neruda
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